En busca de criminales; Por Everardo González*
18.03.08 @ 06:24:34. Archivado en Crónica regional
"Conforme me fui adentrando en este mundo de la ciudad, encontré una nota del periódico La Prensa, escrita por David García Salinas, fechada en 1972, en la que se hacía referencia al robo a la casa de Luis Echeverría Álvarez, el entonces Presidente de la República, el atraco era atribuido a un ladrón conocido como El Carrizos":escribe Everardo González.
"En el 2003, cuando finalmente terminé (después de cuatro años) el documental La canción del pulque, comencé un proyecto muy modesto que se llamó LIPU en el que recorrí los principales sitios de culto religioso en el Barrio de la Merced, y justo en su corazón, se encuentra el Cuadrante de la Soledad, ahí conocí una vecindad a la que llamaban La Casa de los Espantos.
Este lugar había sido durante muchas décadas una de las escuelas de ladrones más importantes en la ciudad de México. Me impactaron las historias que los párrocos de la iglesia contigua (El templo de la Virgen de la Soledad) me relataron, y tuve la oportunidad de visitarla en compañía del Padre Héctor Tello, que había sido párroco del templo durante casi una década. Él me platicó grandes historias que sucedieron en la vecindad y en la iglesia, que en muchas ocasiones había sido refugio de prostitutas, lenones y ladrones durante las razias que hacía la policía.
Mucho tiempo antes de visitar La Casa de los Espantos había leído Nuestra Señora de París, de Víctor Hugo, y me quedó muy grabada la descripción que desarrolló de las Cortes de los Milagros parisinas. Comencé a leer y a investigar más acerca de estas escuelas del crimen en la ciudad de México y descubrí los artegios, que era una clasificación que hacía el Servicio Secreto mexicano basada en los distintos modus operandi de los ladrones, es decir, los distintos estilos de robo en las décadas previas a la década de los 80.
Conforme me fui adentrando en este mundo de la ciudad, encontré una nota del periódico La Prensa, escrita por David García Salinas, fechada en 1972, en la que se hacía referencia al robo a la casa de Luis Echeverría Álvarez, el entonces Presidente de la República, el atraco era atribuido a un ladrón conocido como El Carrizos.
Ahí comenzó el documental. Yo me di a la tarea de encontrarlo, primero en los barrios en los que había liderado, finalmente yo no conocía más que su apodo y algunas de las zonas en las que vivió, entré al barrio de Atrampa, cerca de las vías de Pantaco, en la calle del Nopal, La canción del pulque me había permitido conocer a carteristas y agentes de la Policía Judicial, que me dieron algunos datos de cómo acercarme a él.
Finalmente se publicó en el periódico Reforma y en el Metro un reportaje acerca de la película que se titulaba Se buscan ladrones viejos y en él se hacía un listado de los apodos de los ladrones a los que yo estaba buscando, incluido El Carrizos, por supuesto. Una tarde entró una llamada a mi teléfono celular y una persona me preguntó “¿usted está buscando al Carrizos?”, esa nota había funcionado muy bien: un compañero de celda del Carrizos leyó la nota y le dijo que yo lo buscaba, él fue quien me encontró a mi. Y ahí comenzó mi relación con él.
Lo que más me sorprendió fue descubrir un mundo en el que los códigos de honor, las figuras de respeto, el manejo de la ética y la visión de lo moral, no tenían nada que ver con lo que yo suponía que existía en esas mentes criminales, por eso la búsqueda y selección de ladrones se basó en estos atributos, además sólo de esa manera yo podía contar una visión romántica del crimen.
Por otro lado me impactó el hecho de descubrir en el crimen un oficio heredado o transmitido de maestros a aprendices, de padres a hijos, de hermanos a hermanos. Pensándolo bien, cada etapa del documental tenía cosas que me sorprendían, por ejemplo: en la película se hace referencia a El Cuatrovientos, finísimo carterista que había llegado a robarle la cartera al Presidente López Mateos, yo busqué su imagen durante casi tres años en archivos policiacos, fuentes hemerográficas, en el Archivo General de la Nación, en el de la Penitenciaría de Santa Martha Acatitla y no lo podía encontrar, una mañana fui a pasear a La Lagunilla y encontré tirado en uno de los puestos de revistas viejas un número de la década de los 70 de la revista Alerta (no Alarma), me puse a hojearla y encontré una fotografía que en el pie de foto decía: El Cuatrovientos, otro carterista de dedos de seda, que no es como todos los vulgares asaltantes...” en general esta película estuvo llena de momentos afortunados como éste.
Curiosamente no fueron los ladrones quienes más me atemorizaban, eran la búsqueda y las primeras entrevistas con los agentes del Servicio Secreto, hacer las citas, llegar a lospuntos de encuentro, sentarme a tomar el primer café y plantearles el proyecto, siempre me traía una especie de hormigueo en el estómago. Yo fumaba mucho en las conversaciones y alguno de ellos me llegó a decir: “¿Sabes por qué fumas? Porque estás sentado enfrente de mí, tienes miedo, tú sabes con qué cabrón estás hablando” –y tenía razón–. Finalmente pude generar un vínculo de confianza con otros dos agentes, que se han convertido en buenos amigos y que dieron su testimonio en la película. A veces los documentales arrancan llenos de prejuicios y lo maravilloso está en el hecho de poder romperlos.
Definitivamente yo creo que el testimonio y la historia que me regaló El Carrizos fueron muy generosos, además de que la relación que sostuve con él, antes de meter cualquier cámara, duró cerca de seis meses, en los que platicábamos de muchas cosas. Además de su oficio, es un ser humano muy complejo, yo siempre he tenido que buscar las palabras correctas para dirigirme hacia él, finalmente se estaba convirtiendo en un personaje por el que yo sentía mucho respeto y su cinismo me provocaba también admiración.
Es un hombre que calcula todos sus movimientos, había leído mucho sobre él y tenerlo en frente me imponía muchos sentimientos encontrados, que iban desde la admiración hasta al miedo.
Él me dijo el día en el que accedió a brindar su testimonio: “Te voy a regalar oro molido” y creo que tuvo razón. Finalmente, creo que lo que tuve que hacer fue darle a la historia de su vida un sentimiento dramático, pero su historia siempre existió, él ya era toda una leyenda dentro del mundo criminal y policiaco; cuando caminábamos en el patio del Reclusorio Preventivo Sur, todos los demás internos le guardaban mucho respeto, se referían a él como maestro Carrizos, desde muchos años antes de caer preso se le conocía como El último maestro ladrón o como El Rey de los Zorreros, y aunque sus estados de ánimo pasan de la amenaza a la generosidad, yo creo que le sigo teniendo mucho aprecio. En mi caso, creo que hubiera sido imposible hacer la película sin sentir este aprecio por los personajes que la cuentan.
Sus preocupaciones en la vida son las mismas que las de cualquier otro ser humano, pero la historia de vida que se forjaron eran extraordinarias. Creo que valió mucho la pena haberlos conocido."
*Director del documental Los ladrones viejos, que este fin de semana llega a la pantalla. Artículo publicado el lunes 17 de marzo del 2008, en el periódico Excélsior de marzo del 2008 http://www.exonline.com.mx/XStatic/excelsior/template/notatexto.aspx?id=131999&height=550&width=850
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