Hermosillo

El héroe de Nacozari, Jesús García Corona

08.11.07 | 02:46. Archivado en Crónicas citadinas
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Máquina quinientos uno, la que corrió por Sonora, por eso los garroteros el que no suspira, llora. Corrido popular mexicano

En la ciudad de Hermosillo, Sonora, nació, el 13 de noviembre de 1881, Jesús García Corona, a quien la historia conoce como El Héroe de Nacozari; murió el 7 de noviembre de 1907.

Recién cumplidos sus 17 años, Jesús solicitó empleo directamente en la oficina del ferrocarril de la Compañía Minera, el encargado, debido a su corta edad, le brindó trabajo como aguador pero adquirió rápidas promociones y ascendió en poco tiempo al sector de mantenimiento de vías. A la edad de 20 años llegó a ser ingeniero de máquinas.

El 7 de noviembre de 1907 era otra más de las jornadas de trabajo en la mina. Estando en el café que atendía su madre, decidió aceptarle a ésta el desayuno. Doña Rosa, de sesenta años de edad era una mujer supersticiosa. Llegó en pocos minutos a El Seis (a seis millas de Pilares), donde había almacenes y casas de trabajadores que mantenían las vías.

Cronología de la explosión. Tiempo: 1:00 PM. Después de una primera vuelta a la mina, la locomotora alcanzó de nuevo El Seis. Con suerte, Jesús debía completar dos corridas más. Un mensajero lo aborda para darle una noticia inesperada: Necesitan suplementos en la mina.

Jesús dejó 50 de sus góndolas en El Seis y descendió a la mina. Como le explicaría el Sr. Elizondo, cuatro toneladas de dinamita, de la más poderosa, serían llevadas al almacén de explosivos para colocarse en dos furgones.

Mientras cargaban el tren fue a su casa, Jesús encontró a su madre más alterada que antes: - He pensado que ya no volveré a verte jamás, dijo doña Rosa a Jesús. Ahorita los gallos están cantando y es mediodía.

Tiempo: 2:00 PM. En el nivel más bajo de la mina, el cargamento había sido completado. En espera de su locomotora, Jesús estaba apaciblemente molesto en descubrir que los trabajadores habían dejado disminuir el fuego, lo cual había ocasionado una perdida de presión del vapor. Ello provocó la distracción de los ingenieros en otro error aún más serio: los trabajadores colocaron la dinamita en los dos primeros carros, enseguida del motor de combustión.

Luego, tan lento como fue posible, Jesús dio reversa al vehículo y lo colocó fuera de la mina; el viento del norte empezaba a jugar con los remolinos del humo y del vapor. Librada del freno, la locomotora trabajaba en contra del viento; las chispas vivas, emanadas del contenedor, volaron sobre el motor y la cabina, llegando incluso hasta los dos primeros furgones, cargados con cajas de dinamita.

Fue un obrero anónimo, quien fuertemente le gritara a Jesús: Oye, mira ahí, humo en el polvo. Francisco Rendón, frenero encargado de dirigir los rieles a Pilares, le gritaba desesperado que tratara de extinguir el fuego. Frena el tren le gritaba Francisco con la idea de apagar el fuego, pero a esa altura del trayecto no había agua. Incrementado por el viento que el movimiento del tren producía, el fuego se expandió.

No lejos de ahí, la prometida de Jesús tejía los cojines que llevaría en su boda religiosa; cuando la esperanza se desvaneció por la intensidad del fuego, Jesús le pidió a la cuadrilla que lo acompañaba que se arrojaran del tren e imprimió toda la fuerza a la locomotora. Fue recordado diciendo:

- ¡Váyanse!, déjenme solo. y estoy corriendo mi suerte. Dijo también, ¡pídanle al Padre una misa por mí! Me voy a mi muerte. José, el frenero, le decía déjame el tren Jesús, tú tienes familia, yo no tengo nada. Pero Jesús insistió: No. Yo soy el ingeniero, sálvate tú.

Obedeciendo las órdenes de Jesús, José Romero saltó del tren y rodó hacia la maleza. Milagrosamente había alrededor una loma en donde se refugió. Cien metros más adelante el tren divisaba El Seis en un área despejada. John Chilshom de 15 años de edad, estaba parado a los lados de los rieles junto con otros cuatro trabajadores, esperando ir a Pilares.

Jesús y su locomotora subieron a través del escarpado. Necesitaban avanzar otros cincuenta metros para llegara un terreno plano en donde Jesús pudiera así luchar por su vida. Opuesto a este terreno plano, justo a veinte metros, se observaban ocho casas improvisadas de trabajadores manuales a los que Jesús gritaba palabras que no podían entender por el sonido del vapor y del silbato del tren.

Tiempo: 2:20 PM. Tan enorme fue la explosión que la locomotora desapareció completamente. Jesús murió al instante, lanzado por el frente de su cabina. Gran parte del motor fue también lanzado y el cuerpo de Jesús fue alcanzado por las ruedas traseras.

Un estruendo como temblor sacudió Nacozari y con la onda de expansión, oída a diez millas del pueblo, fue posible observar a lo lejos, la nube de humo y los destellos metálicos que producían los materiales y las rocas en el aire, mismos que caerían sobre los techos de Nacozari.

Sobre una de las montañas ubicada a dos y media millas al este de El Seis, fueron encontrados restos de uno de los furgones. El pánico azotó a los pobladores del pueblo, quienes creyeron que había explotado el tanque de gas de la Compañía o del almacén, pero pronto observaron que el humo provenía de El Seis.

El rescate derivó en desorden. Tiempo después, recuperándose de la impresión, una cuadrilla de hombres siguió a caballo la vía rumbo a la explosión. En el camino encontraron a Hipólito Soto, visiblemente dañado:

- La dinamita, la dinamita, ha explotado. Todo se ha ido.

Tan mal estaba que se vieron obligados a enviarlo de inmediato al hospital. Le falta un Real para ser peso, decían sus amigos a las enfermeras, al ver el estado de inconciencia en que se encontraba. Sobre la colina, más adelante, encontraron a José Romero en la misma situación, sin pausa alguna repetía lo que Jesús le había dicho.

La carnicería en el kilómetro seis era impresionante. Los cuatro obreros fueron muertos y el muchacho de 15 años fue atravesado por un metal lanzado desde cien metros en donde ocurrió la explosión. Del almacén no quedó nada, 18 de los residentes y demás trabajadores fueron heridos y trasladados en vagones al hospital en Nacozari. En silencio, los sobrevivientes removían los escombros del tren: carros despedazados y cabinas destruidas.

El motor estaba encajado en un cráter, lejos de las vías. Jesús fue identificado por sus botas, lo cual fue trabajo de sus hermanos, quienes recogieron los restos y lo llevaron a casa.

Por la tarde, el cielo oscuro y las pesadas nubes limpiaron las llamas de lo que fue el catastrófico accidente y lavaron de esa forma el pueblo que fuera salvado por Jesús García. En el hospital, los doctores trabajaron toda la noche con los heridos; José Romero, por la intensidad del sonido fue afectado mentalmente, oyendo la tempestad y los relámpagos repetía: - En esta noche hasta el cielo llora.

La vida de “El Héroe de Nacozari” fue muy corta; en su honor se levantó un monumento y la población se llama ahora Nacozari de García; fue declarado Héroe de la Humanidad por la American Royal Cross of Honor de Washington, una calle de la ciudad de México lleva su nombre al igual que en gran cantidad de ciudades del país.

Con información y texto del grupo 6.a de la escuela primaria “Francisco Zarco y Lealtad”; Profesor responsable del aula de medios: Jesús José Medina Aguirre
Profesor responsable del grupo: José Lorenzo Orduño Escalante. http://redescolar.ilce.edu.mx/redescolar
/publicaciones/publi_quepaso/jesus-garcia-corona.htm

Escuche aquí el corrido Maquina 501
con Francisco El Charro Avitia

http://www.youtube.com/watch?v=nTgNlNI87lk&feature=results_video&playnext=1&list=PL0E01E9F8B1A93EF4


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