Borges y la biblioteca infinita
24.08.10 @ 22:04:49. Archivado en Literatura, Biografías
En este día, en su aniversario número 111, recordaremos a uno de los más grandes escritores del siglo veinte y de la literatura en cualquier idioma, a pesar de algunos ya muy escasos detractores que, en la política, buscaron las fórmulas para señalar sus falencias humanas.
Borges amaba la mística, la filosofía, los esplendores y los arquetipos. Su estilo era conciso, sin arabescos ni movimientos superfluos. Imagino el proceso intelectual, arduo, preciso, lógico, pero a la vez, lleno de fantasía y licencias al conocimiento.
No pudo conocer la existencia de la Internet por cuestiones cronológicas, pero prefiguró su aplicación, intuyó su aparición y su concepto. De alguna manera la idea apareció en su mente, antes de la realización del portento.
Borges, con genial intuición, profetizó en su cuento La Biblioteca de Babel, un orbe infinito donde todos los textos, papiros, códices y libros podrían alinearse, alternarse, codificarse y sobre todo, leerse.
Esta comparación entre lo virtual y la Biblioteca permite imaginar un punto base, un núcleo fundamental donde todo el conocimiento pudiera registrarse. Borges se acercó al ingenio con mucha antelación y hasta es posible que en sus notas sueltas delineara esa imagen, como una constante del futuro no tan distante.
Sin embargo, tan gigantesca proeza amenazaba con la liberación del desorden, el caos y la anarquía; de allí que la identificación de sus signos (www.,@ y otros) sirvan de nomenclatura a un proceso de crecimiento exponencia.
Borges había imaginado un universo con forma de biblioteca, allí estarían todas las cosas que un hombre como él necesitaría, pero se sumergió en las tinieblas de la ceguera; entonces ha de haber visto el esplendor de los infinitos tomos que hoy encontramos en la red.
Dentro de un recinto de salas hexagonales, figuras geométricas proyectadas hacia lo inextinguible de la etenidad, Borges intuyó la aparición del Internet. No pudimos conocer su opinión sobre este ingenio tecnológico, pero tal vez hubiese pensado detenidamente, antes de emitir un juicio, a favor o en contra, a pesar de que sus propias reflexiones lo comenzaban a conformar.
En esta biblioteca interminable, Borges imagina el momento en que el idioma original de la humanidad es fragmentado, convertido en fonemas disímiles, en conjugaciones improcedentes, quedando solo ruinas después del arrebato de la divinidad.
La grandiosa torre surgía desde lo más pronfundo del barro. Cada día ascendía hacia las nubes, donde el grandioso monarca imprecaría al endriago terrible que tanto le atormentaba. El enorme zigurat desde donde Nimrod lanzaba sus venablos contra la mansión celeste de la divinidad, fue finalmente sucumbió como frágil estructura de arena.
La Biblioteca de Babel adquiere renovada vigencia al desarrollarse la tecnología virtual donde pueden ser acogidas N cantidad de textos e imágenes. A pesar del destello intuitivo, que servía de guía a un maravilloso portento,(irónica imagen), Borges no ingresó en la mansión de los innumerables pabellones, sino que sustentó su arquitectura literaria sobre el rigor de las matemáticas.
Borges, en su soledad sombría, deambulaba entre los anaqueles de la biblioteca material, donde alguna vez fundó su imperio. Derrocado por la noche, animó en secreto la construcción de un más portentoso laberinto de poesías y cuentos, de pensamientos e intuiciones.
Una de sus manos sostenía el bastón, la otra rozaba con delicada fruición la rectangular distribución de las palabras, la disposición del verbo original, transmutado en infinidad de lenguas para que el ser humano, sobre cada bloque intentara ascender al empíreo o precipitarse a la borrascosa profanidad del pecado.
Paradójicamente, Borges publicó La Biblioteca de Babel trece años antes de perder la vista. Las galerías hexagonales que para el autor conforman el universo deben obedecer a un orden preestablecido, una idea pesa sobre ellos y le otorga formas afines a la eternidad.
Este es el anuncio de la rigidez de una ciencia que al parecer no está emparentada con la literatura, ni la poesía, ni con las magnificencias del verbo, desolado por las impertinencias humanas, acribillado por la irresponsabilidad y relegado a formato para la expresión de necesidades y penas.
Pero Borges descifra los misterios y nos los devuelve aún más enigmáticos, nos insinúa que existe un código donde se encuentra oculto el catálogo de los catálogos, la nomenclatura que identifica la idea original de la divinidad para explicar los arcanos del universo. Está allí en ese claustro, pero no nos dice nada más.
Escondido entre hileras de volúmenes, cubiertos por el polvo de los siglos, este índice primigenio está vedado a los profanos, a los ignominiosos favorecedores de la impiedad y el hastío. El libro se pierde entre los viejos cronicones, los códices amarillentos y los papiros cuarteados acomodados en las viejas tablillas.
Borges continuó dando a los textos ese sentido de eternidad cuando publicó en 1975, El Libro de Arena. Allí, el escritor argentino vuelve a trabajar con elementos de la geometría como son los puntos, el plano y las líneas.
Reconoce el autor no ser la mejor forma de comenzar su relato; sin embargo, enfatiza su veracidad, a pesar de que adelanta lo fantástico de su esencia. Una vez más, en este y en la Biblioteca, podemos percibir al Borges solitario, al hombre al margen del tiempo y de las vicisitudes de la vida cotidiana.
Imaginémonos dados a la tarea de contar todos los libros, sus páginas, sus párrafos, frases y palabras para distraer la eterna soledad en que hayamos ingresado por esa suerte de tenaz deseo que es la voluntad.
Si esta biblioteca es eterna, no puede ser obra de otra criatura que no sea una divinidad, un dios o el Dios. Pero allí está y en ella, recorriendo sus pasillos, solazándose en la lectura de todos los libros del pasado, del presente y del futuro, Borges se convierte en un arquetipo del escritor y de su necesidad de estar cerca del Creador que hizo el mundo con palabras.
Saludos Maestro, en este su aniversario número 111.
Siempre imaginé que el Paraíso sería algún tipo de biblioteca... JORGE LUIS BORGES.
Comentarios:
Antonio Gala.
Hay seres, que ni la profundidad ni la magnificencia de su prosa, lo alejan de la maldad, de la ambición y de los intereses creados,vicios o taras que se desarrollan solamente en el espíritu de los que nunca han tenido nada y ven en la loca ingenuidad una mujer, la oportunidad de aprovecharse de ella.
Borges, ¡Jamás! hubiera abusado de una mujer; era todo un caballero y un romántico auténtico, que cuando decía "Te quiero", solamente lo decía a su verdadero amor y no a cualquiera.
Chaly.
Saludos
Tabucchi
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Roderick Guzmán Meza


