Edgar Allan Poe. Dos siglos y un año después.
19.01.10 @ 17:56:36. Archivado en Cultura, Literatura
Nacido en Boston el 19 de enero de 1809, Edgar Allan Poe ha quedado para siempre en la historia de la literatura, como el creador del género policial y uno de los más relevantes autores estadounidenses de la historia.
Era un frío invierno y el viento azotaba las ventanas de la reducida habitación, donde Elizabeht Arnold se debatía en el trabajo de parto. Trabajada por la enfermedad, apenas disponía de fuerzas para alumbrar a su primogénito.
Un retrato de sus padres colgado en la pared era pintarrajeado con luces y sombras por los destellos de los relámpagos que se adelantaban a una estremecedora tormenta.
La madre solo estuvo dos años con él. Todavía no la había podido conocer como una entidad más allá de su propio cuerpo, aún no la concebía como una criatura diferente, cuando Elizabeth ya devastada por la tisis fallecía sumergida entre sábanas sucias y malolientes.
El padre había desaparecido algún tiempo antes. Se había marchado en busca de un supuesto mejor destino, pero el signo de la tuberculosis y del alcoholismo los llevaba consigo, al punto de sucumbir poco tiempo después en las calles de Nueva York o tal vez de Baltimore.
Eran ambos dos actores itinerantes, cuyas savia genealógica parecía proceder de Escocia, según algunos biógrafos. Legaron al pequeño Edgar una sensibilidad exacerbada por el frenesí dipsómano de ambos y condicionaron su relación accidentada con los demás seres humanos, para él nada más que fantasmas o simples siluetas traslúcidas, recortadas sobre un escenario de fuego y hielo.
Tal vez el nebuloso recuerdo del rostro de la madre asomada a sus ojos infantiles perduró para siempre en la mente de Poe, como el origen de toda su historia. Pero también esa insana inclinación necrófila que marcaría toda su existencia como una flor negra.
Poe siempre se consideró más poeta que narrador. No hay duda que su obra lírica merece un sitio especial en el parnaso de las letras universales, sobre todo El Cuervo. Sin embargo, es su prosa, la fina capacidad de presentir los movimientos del territorio de las sombras, lo que le señala un lugar muy elevado como escritor.
Enfrentó carencias de todo tipo, a pesar de haber sido adoptado por un rico comerciante de Richmond, Virginia, cuya esposa no había podido tener hijos propios.
El germen de la autodestrucción se había desarrollado en su interior desde las épocas más pretéritas de su vida. La desaparición de la imagen de la madre de su vida, un complejo edípico sin resolver, pronto fueron el caldo de cultivo para ese deseo de abrazar a la muerte y de convertirse en uno de sus sacerdotes más ínclitos.
Se enfrentó a las exigencias del padre putativo, descreyó de sus opiniones y amenazas. Poe rompía cadenas y se lanzaba a la búsqueda de su amada madre cobijada en los amplios y eternos salones del reino de la muerte.
Su poema El Cuervo es pieza fundamental en las clases de oratoria de algunas universidades. La reiteración de su lacónico y obsesivo “Never More”, resuena en los amplios salones académicos, donde su grave voz de histrión debió haber reverberado.
La siniestra imagen del locuaz espantajo de oscuro plumaje posado sobre el busto de Palas que con sus ojos vacíos contempla la eternidad, la dimensión infinita a la que se accede a través del umbral de la muerte.
Sus cuentos son casi todos de antología. El pavoroso Entierro Prematura, la metáfora cosmogónica de El Hundimiento de la Casa Usher, El Misterio del Asesinato de Marie Roget, El Pozo y el Péndulo, El Corazón Delator y otros muchos presagian noches de sobresalto para sus lectores.
Poe definió el género de terror, pero también se anticipó a los trabajos sobre literatura policial que después nutrirían Arthur Conan Doyle y Agatha Christie con sus célebres personajes Sherlock Holmes y Hércules Poirot, delineados a partir del caballero Auguste C. Dupin imaginado por el autor estadounidense.
Para bien del arte en general y de la literatura en particular, Poe fue un neurótico, un alucinado aferrado a la idea de la muerte. Inadaptado y atormentado por los delirios, provocados por el alcohol y el opio, Edgar Allan Poe se sumergió en profanidades negadas a la mayoría de los mortales y allí encontró en todo su tétrico esplendor el rostro del ángel de la extinción.
Tal vez era una manera de reproducir el rostro de la madre, cuyas pupilas grabaron con un estilete de fuego para cimentar su eternidad. Este iluminado de las tinieblas falleció un 7 de octubre de 1849, cuando apenas había cumplido 40 años, suplicando a un Dios distante por la salvación de su alma.
Destruido por los vapores etílicos, por los espumosos caudales que fluían por sus venas terminó tirado en una zanja hedionda en las afueras de una taberna, donde unos activistas políticos le arrastraron para hacerlo votar una y otra vez.
Otros han intentado emular su obra y su estilo, tal vez con relativo éxito, aunque no con la misma calidad. Pero no habrá nadie que haya desarrollado una obra como él, consecuencia de sus propios miedos y por la persecución del demonio de la adversidad, que a todas partes parecía seguirle.
Comentarios:
Esto es literatura pura que sobrepasa la calidad de los blogs y seria ideal para un prologo en edicion de lujo de las obras de este autor.
Saludos
Tabucchi
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Roderick Guzmán Meza


