Reflexiones sobre una fotografía (Terremoto en Haití)
13.01.10 @ 20:13:13. Archivado en Relatos, Noticias
Una mujer haitiana, cuya vida transcurría con normalidad, dedicada a las faenas cotidianas, entretenida quizás en alguna conversación doméstica insustancial o en tareas propias de su condición, yace atrapada bajo de toneladas de escombros de lo que hasta ayer era un edificio de tres pisos.
Tan solo podemos ver la parte superior de su cuerpo, los brazos alzados, como si pretendiera alcanzar las nubes o en un acto de estupefacción o defensa. Está boca abajo, el cabello sucio y revuelto le deforma la cabeza. Parece una negra mancha sobre una planicie de cenizas. Por sus manos se desliza el leve hilo de luz de una tarde que se desvanece.
La parte inferior, la de las piernas, la de las partes púdicas, ha sido aplastada por la enorme masa de concreto, la pared donde hacía poco se recostaba para tomar un descanso y mirar de soslayo a un hombre. No podemos ver el estado en que se encuentran, pero imaginamos los miembros inferiores convertidos en hilachas, triturados y sangrantes.
Su foto recorre el mundo, portentos de la tecnología, de la televisión y del Internet nos hacen conocer con inmediatez la desgracia. La instantaneidad nos acerca, no solo de manera temporal sino también espacial. El tiempo se ha detenido y el sitio nos es próximo. No teníamos idea de su existencia, hasta hoy, cuando vemos expuesto su cuerpo sin vida como una sacerdotisa en el altar del sacrificio.
Algo de extraordinario nos embarga, como si este cuerpo exánime cuya alma no es más que un suspiro, hubiese realizado una monumental hazaña, un hecho portentoso. Le contemplamos con respeto y hasta con un temor mal disimulado.
Pasamos por la vida como personajes ignotos de un complejo drama imposible. Somos apenas una pieza del engranaje cósmico en el que nada importamos, fácilmente reemplazables ante la mínima imperfección, ante el más insignificante fallo. En el tiempo y en el espacio, solo unos pocos sabrán que hemos estado alguna vez aquí.
La mujer antes descrita se ha marchado en medio del ruido espantoso de un terremoto, del alarido de las ciclópeas piedras que se derrumban y todo lo aplastan, de la vocinglería del terror, de la locura del miedo y la muerte.
Pudo llamarse Jean, Anne o Marguerite, no importa. Lo realmente trascendente es que su extinción reafirma la fragilidad de esta ficción humana, de esta idea de supremacía que hemos querido ejercer sobre el planeta, agotado ya de tanto sacrificio.
A su alrededor se pueden observar los cascotes de cemento desperdigados, alguna pared en pie es deformada por el humo y el polvo, el chorro de agua de una tubería rota, las llamas que consumen un distante caserón, la grieta que sobre la calle sigue una ruta sinuosa hacia un horizonte manchado de ámbar y púrpura.
Comentarios:
Aún no hay Comentarios para este post...
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
Los comentarios para este post están cerrados.
Roderick Guzmán Meza


