El Nobel depreciado
10.12.09 @ 17:04:53. Archivado en Cultura, Política
En una parte de su discurso de aceptación del Premio Nobel de la Paz, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, justificó el papel de su país en Afganistán y en Iraq.
Desde el soberbio escenario, ante un estirado público en frac y vestidos de gala, con rostros afectados por el reverberar del intelecto, Obama dijo sin empacho que a veces la guerra es necesaria, pasándole por encima a la intención del diálogo o de la discusión.
A muchos les ha parecido una demostración de descaro y de soberbia que mencionara la palabra humildad al aceptar el galardón, cuando tan solo pretende continuar una línea trazada hace casi doscientos años por el poder industrial-militar-financiero que gobierna Estados Unidos.
Se ha dado a la tarea de justificar su actitud guerrera al declarar que los movimientos pacifistas de Gandhi y Luther King no siempre son efectivos ni dan los resultados esperados. Es entonces cuando afirma que se impone el uso de la fuerza de las armas.
También señaló que una guerra justa podría conducir a una paz justa, en una frase que podría resumir toda la ácida intención de Obama de obedecer los dictámenes del verdadero poder oculto en las sombras del aparato estatal y en los laberínticos pasillos de Wall Street.
"La meta no es ganar un concurso de popularidad o recibir un premio, incluso uno tan prestigioso como el Nobel. La meta es avanzar en los intereses de Estados Unidos", señaló el presidente Obama.
Nada de reflexión sesuda exigen estas frases. Muy clara la intención, se yergue como humareda que anuncia el fuego, como racimo tormentoso que se aproxima desde un horizonte luminoso.
La muerte de decenas de miles de civiles inocentes en Iraq y Afganistán no tiene justificación, ni siquiera por la caída de las torres ni el supuesto atentado contra el Pentágono, pero Obama promueve el envío de 30 mil soldados más al país centroasiático.
Obama recibe el Nobel y su discurso es una pieza maestra de procacidad, ya que acepta el reconocimiento luego de haber decidido el envío de treinta mil soldados más para conducir la guerra hacia un punto insospechable.
La Academia no oculta su lambisconería cuando de la manera más abyecta reconoce al mandatario estadounidense como un hombre de paz. Tal vez en la intimidad de su residencia o ante los periodistas en la Cas Blanca
Este es un premio para piratas y generalotes que pueden estar en la misma línea y tomarse de las manos para saltar sobre las cabezas de los atosigados afganos.
Esta ha sido una decisión chocante. Conceder este reconocimiento a un hombre tan solo por el esfuerzo de cambiar las relaciones diplomáticas, es una verdadera muestra de ingenuidad o de infame adulación.
Los logros de Obama han de ser considerados con el tiempo. Nada de lo que ha hecho hasta ahora ha sido motivo para reconocerle el Nobel, porque las buenas intenciones no bastan.
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Roderick Guzmán Meza


