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Recorrido por la comarca indígena

Permalink 09.12.09 @ 21:07:47. Archivado en Cultura, Personal

La semana pasada realizamos una gira de trabajo por las regiones comarcales de la provincia de Chiriquí. Debíamos recorrer el emplazamiento donde han sido establecidos los caseríos de los indígenas de la etnia conocida como Ngöbe Buglé.

Antes les conocíamos como guaymíes y bokotas, por mucho tiempo fue así, hasta que reclamaron la preservación de sus tradiciones, la relevancia de su cultura, el orgullo de su identidad.

Recorrimos un tortuoso camino de tierra, con insinuaciones de enclenques pavimentos(baches de cemento se desmenuzaban bajo las pisadas de los caballos y los neumáticos de los vehículos).

Por este accidentado camino ascendimos resbalando sobre los peñascos sueltos, chapoteando en los manchones de agua que se empozaban en oquedades donde antes había rocas.

Al llegar a la cima del cerro, unos trescientos metros arriba, bajo un sol canicular que incineraba a los pájaros que caían hecho cenizas, vimos un vasto horizonte de montículos manchados por hierbas que comenzaban a palidecer y a tornarse en quebradizas odaliscas mecidas por un viento de azufre.

A lo lejos, en dirección perpendicular, el serpenteo de plata de un cauce que se desvanecía mientras más se acercaba a una garganta oscura donde se adivinaba una dimensión alterna sin tiempo, en absoluto silencio.

Bajamos por esta pendiente apoyados en nudosos cayados. Advertimos un movimiento rápido entre las hierbas y adivinamos el color de la culebra, vimos su traslúcida piel a la entrada de un agujero abierto en una pared de tierra de arcilla.

A cierta distancia, mientras bajábamos, unos ñeques mordisqueaban raíces y hojas. Corrieron al percibir el olor de nuestro sudor, tan solo alcanzamos ver sus anaranjados flancos traseros mientras algo saltaba sobre las raíces salientes de un árbol de guayacán tan grande como un edificio de diez pisos.

Pensamos en el sublime momento que vivíamos, la existencia en su dimensión más natural, en su expresión más abierta, la insondable selva sin reglas escritas, sin ficciones humanas, el mundo prístino antes de las estructuras artificiales y de la destrucción.

Alguien resbaló y rodó unos metros sin hacerse daño, pero al levantarse puso una de sus manos sobre un hormiguero. No se hizo daño pero, de su mochila, extrajo un frasco cuya sustancia interior frotó sobre el dorso, al parecer un tanto irritado.

Al llegar a la base del altozano, uno de los guías dijo haber visto las huellas de un jaguar. Estaban perfectamente delineadas. Redondas y los dedos a una distancia equidistante. Unos treinta centímetros separaban cada paso. Por fortuna eran improntas hace rato marcadas.

Abajo nos esperaba la primera aldea del recorrido. Los aborígenes vestían a la usanza occidental, aunque algunas de las mujeres, en silencio, tímidas y recogidas, mostraban algunos ornamentos coloridos, en particular en el tejido de sus blusas. Los niños, como siempre, jugaban y mostraban su curiosidad.

Al principio nos fisgoneaban con cierta insistencia, a pesar de estar acostumbrados a ver a los llamados “latinos” por estos territorios. Después ya estrechaban las manos y recibían palmadas en los hombros.

Fueron muy amables y considerados. Nos obsequiaron naranjas muy jugosas que proporcionaron al grupo los líquidos y la glucosa natural necesarios para la rehidratación.

Su cosmogonía es una suerte de mezcla de la sutileza de lo natural con lo terrible de lo desconocido. Un poder inconmensurable como el de la tormenta puede provocar terrores inconfesables, así como el alarido de un pájaro sobre la rama pareciera invocar a los espíritus.

Cada mañana contemplan las nubes, observan la ubicación de las sombras sobre la tierra, escuchan el silencio donde hablan las serpientes y carcajean los pericos.

Después, al regreso, cuando ya nos acercábamos al vehículo que adormecido bajo largas lianas, salpicado de barro, parecía un animal prehistórico, nos dimos cuenta que los ngöbe utilizaban una curiosa palabra que no recordamos para referirse a nosotros. Después me enteré que el vocablo significa cucaracha.


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