Basilio: el Cisne Negro
16.10.09 @ 21:57:52. Archivado en Cultura, Panamá
Ha muerto Basilio. Le escuchamos cantar durante más de treinta años. Su voz alcanzaba unos registros de falsete impresionantes. Desde la década del setenta recorrió los escenarios de Iberoamérica, proyectando una emoción sutil, una exquisita demostración de interpretación vocal que semejaba el cristal, el bronce o las cuerdas de un arpa.
Su incursión en la actividad artística fue casual. Había viajado a Francia para estudiar medicina, carrera que posteriormente siguió en España. Allí conoció en una verbena universitaria al compositor Pablo Armenteros quien, en sus palabras, le realizó la primera prueba de canto.
Basilio era un hombre de trato afable, su carisma era innegable, en una época donde todo el mundo vive de prisa y se convierte en una entidad casi invisible, este hombre nacido en Colón, Panamá, era capaz de ofrecer en su silencio un arpegio y en su voz una rapsodia.
En el año 1972 concursó en el Festival de la Canción OTI en representación de Panamá. La votación le iba otorgando el primer lugar hasta que alguien de la organización recordó que el país triunfador asumía la responsabilidad de realizar la siguiente competición musical.
Por esos tiempos, Panamá no era un mercado apetecible. No tenía mucha población, la capacidad de escenificar un espectáculo televisivo de una magnitud extra continental era considerada deficiente en el mejor de los casos.
Así que los organizadores del OTI 72 comenzaron a torcer los votos a favor de la representación brasileña de quien estaba detrás una población de más de 70 millones de personas. Basilio observó el freno de su carrera hacia la cima casi sin sorpresa ni malicia, contento estaba de haber representado a su país de una manera digna con un segundo lugar.
Después se enteraría de la estratagema y para resarcirle le piden que retenga la divulgación masiva de su tema más emblemático Cisne Cuello Negro para volver al OTI. Esta vez le tocó a Basilio el pesado fardo de verse impedido de volver al escenario de la televisión iberoamericana por sus propios compatriotas.
El año pasado, en mayo para ser precisos, al viajar a Cali, Colombia para participar en un evento junto a otros artistas, Basilio Fergus Alexander sufre un accidente cerebro vascular y regresa a su casa en Miami.
Se reponía el Cisne junto a su familia. Se desplazaba con el apoyo de un bastón y mejoraba. Su voz comenzaba a volver desde el fondo de su diafragma y su mirada, antes vitrificada, adquirió vida y brillo.
El pasado once de octubre, dos días antes de cumplir 62 años, Basilio despertó a las cuatro de la mañana. Su esposa, solícita, le preguntó cómo se sentía y el artista dijo tener hambre. En su aparato respiratorio se había instalado un virulento microorganismo que corroía sus pulmones.
Esa madrugada la ponzoñosa criatura dispersó por el torrente sanguíneo del cantante toda su savia tóxica y lo mató finalmente hacia las siete de la mañana.
El hombre de Colón que viajó a Europa para estudiar medicina y que terminó como cantante de renombre internacional, no estará más entre nosotros, su voz seguirá para siempre.
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Roderick Guzmán Meza


