En la ruta del Nobel: Philip Roth
28.09.09 @ 21:46:07. Archivado en Cultura, Literatura
Han de haberse percatado ya quienes me hagan el honor de leer estos párrafos, que hemos vuelto a presentar nuestra visión de la obra de algunos de los autores mencionados con posibilidades para alcanzar el Nóbel de Literatura de este año.
El turno corresponde Philip Roth, escritor estadounidense nacido en Newark, Nueva Jersey en 1933. Representante de la escuela judía, se ha convertido en uno de los autores más leídos por su manera de enfrentar tanto lo personal, desde el satélite de lo autobiográfico e íntimo, hasta la ficción más lúcida.
No obstante, presentar este texto no está exento de osadía, después de las declaraciones del académico, Horace Engdahl, quien dijo de la literatura estadounidense del siglo veinte: … “hay una literatura poderosa en todas las grandes culturas, pero no se puede soslayar el hecho de que Europa es el centro del mundo literario… no los Estados Unidos”.
De todas formas, continuamos con este texto sobre Roth. Trabajos como Adiós Colón, Huída, Cuando ella era buena, El Lamento de Portnoy, La Gran Novela Americana, El Escritor Fantasma, Pastoral Americana, Operación Shylock, La Mancha Humana, Zuckerman Encadenado, Me casé con una comunista, entre otros, le han granjeado la merecida reputación de ser uno de los mejores escritores vivos en idioma inglés.
Desánimo y quimera alientan una obra en la que los judíos estadounidenses se convierten en una medida, si se quiere cínica, en un modelo de la clase media, con sus angustias, estremecimientos, regocijos y silencios.
Roth se ha acercado a los movimientos históricos de su país, a personajes próximos a la anormalidad funcional, provenientes de un ámbito cultural donde parece imperar la libertad y, en esa simbiosis, ha delineado el perfil de la fascinante irrealidad que le envuelve, de ese sentido de desproporción que palpita en toda materialidad.
Aproxima lo íntimo a lo evidente y público, abre un camino hacia esa coincidencia estableciendo paralelismos en lo que aparenta ser un abismo de insondables de diferencias.
Logra visualizar la realidad con líneas en innumerables direcciones como una malla y en ella se configuran las múltiples posibilidades ofrecidas por el universo para interpretar situaciones y épocas con sus cimas y precipicios.
El escritor nos ha otorgado varias piezas de fina construcción, hechas con exquisita imaginación, cercana casi a la alucinación, al espejismo, a lo fantasmagórico.
Tras esa densidad física, Roth fragmenta el cosmos y nos presenta aquello de “…y si hubiera sido de otra forma”, extrayendo personajes y lugares reales para trastocar sus historias, para empujarlos hacia un sendero retorcido.
Es ocurre en La Conjura contra América, cuando se interroga sobre lo que hubiera podido ocurrir si Estados Unidos no entrara en la Segunda Guerra Mundial y si Charles Lindbergh, reconocido como antisemita, accediera a la presidencia de Estados Unidos.
Roth eligió a Lindbergh porque el aviador era un ser aislado, buscaba nombradía en esa marginación. El héroe por excelencia también se movía en los fangales, en el fondo de una cisterna oscura con prejuicios y rezumaba ese odio visceral contra los judíos.
¿Habría mejor escenario para decir estas cosas, mejor época para instalarlas? Para el autor, los discursos y correspondencia del adalid permitían acercarse a su posición sobre la supremacía blanca anglosajona como podría ser su caso.
A este hombre que le hubiese gustado ser sacerdote para deslizarse por los amplios pabellones de un santuario y escuchar confesiones, al que no le arrebata el ascetismo ni el celibato, aunque sí llega a ser austero y hasta neutro cuando trabaja, no le quedaba otra salida que denunciar ese fantasma que intuía en las tinieblas del pasado.
En la vertiente contraria, de menos vuelos imaginativos pero de estremecedora realidad psicológica, El Lamento de Portnoy se convierte en una apología del sexo.
Con esos visos de anarquía contrarios a la guerra, a la discriminación racial y genérica, esta obra rompe con el último eslabón de los jóvenes cordiales y simpáticos de cabello engominado y muchachas de pelo natural y suelto. Es el mundo de la guerra fría, de amenaza nuclear y de los enfrentamientos ideológicos en su más hirviente caldo.
Las obras de Roth desnudan con rigor y no pocas veces con humor la historia de lo que ha sido la inocencia de un país sometido por el sistema capitalista, inconmovible y despiadado. Devela la desilusión, las experiencias colectivas de una masa saturada hasta el vértigo con las estridencias del espectáculo.
Seguro está Roth de que el pasado no pertenece solo a los recuerdos, sino también a la imaginación como aparato de interpretación.
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Roderick Guzmán Meza


