El concierto de Juanes
24.09.09 @ 21:06:24. Archivado en Cultura, Política, Música
No nos parece que el concierte de Juanes Por la Paz, llevado a cabo el pasado domingo en La Habana, haya sido una forma utilizada por el régimen castrista, para promover las bondades de su sistema.
A estas alturas, es poco lo que pueda hacer por renovarse, transformarse o rejuvenecer sus propuestas, desgastado como está, lleno de cicatrices, casi vencido por el tiempo y por la historia.
El hálito de energía se le comienza a desvanecer. Las confrontaciones con el mundo capitalista casi se reducen a balbuceos temporales que sirven para mantener en forma la capacidad de la dialéctica.
Los viejos cuadros se han vuelto figuras venerables, depósitos de sabiduría y leyendas; algunos han muerto otros, enfermos, desvalidos y frágiles, intentan mantenerse vigentes a través de formas diversas.
La llegada de Juanes y de varios artistas para la celebración de este encuentro musical, no significa un espaldarazo a las autoridades. Me parece una forma para, desde adentro, hilvanar un rosario de situaciones y circunstancias que permitan, con el mínimo de enfrentamientos, preparar la transición cuando el sistema colapse.
Será una especie de implosión imperceptible, un hilo de luz que se comienza a apagar. Los históricos y los relevos generacionales, no necesariamente estarán vibrando en la misma onda y la fractura que separará ambos grupos, por evolución, por supervivencia, se ha de hacer visible tan solo cuando el cambio ya esté hecho.
Si Fidel Castro dejara de existir, el cambio será paulatino, los espacios deberán ser ocupados por un nuevo modelo, pero sujeto a un movimiento más pausado que el esperado por los cubanos en el exilio, que tal vez aspiran a algo portentos y traumático.
Raúl Castro podrá ostentar el poder, cuando desaparezca su hermano mayor, pero se sabe viejo, se debe reconocer sin tanta energía para sostener todo el aparato ideológico de una revolución que ha creado una cúpula que en el poder lleva ya cincuenta años.
Así es que Juanes viaja a Cuba y canta, hace vibrar a un público que rebasó las expectativas y los cálculos, pero no fue más que eso, un concierto de cinco horas, con canciones dulzonas unas y estremecedoras otras, coloridas unas y un tanto grises, otras.
Hasta Miami reconoció la concurrencia de más de un millón de personas, pero la comunidad cubana en el exilio reaccionó como chiquillos en plena rabieta, rompiendo discos compactos, denigrando al artista sudamericano y proclamándole de non grata presencia.
Después del megaconcierto, ¿qué ha quedado? ¿Ha cambiado algo en Cuba? ¿Se ha aturdido la reflexión del isleño o se ha estimulado otra visión de la vida, de la sociedad? Los cubanos continúan con su vida, inmersos en sus problemas, más allá de la presencia de un grupo de artistas, la rueda del mundo sigue girando y todo sigue igual. Ni el régimen está más firme de lo que puede estar, ni los pobladores de la isla se han vuelto más revolucionarios de lo que ya son.
No creemos que deplorar a Juanes sea un acto de coherencia histórica con la situación política de Cuba y con su intención de presentar su trabajo musical ante el pueblo. Estuvieron los artistas y ya. Nada más que hacer ni que decir.
Es posible que la jornada de Juanes sea reconocida de otra forma. No nos extrañe que uno de estos días, más temprano que tarde, reciba una nominación al Premio Nobel de la Paz.
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Roderick Guzmán Meza


