Ronaldinho o la caída de la nova
18.09.09 @ 22:31:22. Archivado en Cultura, Deportes
El fútbol es un deporte que enciende las pasiones. Es una especie de sustancia inflamable capaz de incinerar un estadio, un territorio, un país y hasta el mundo entero.
Esta disciplina ha tenido figuras que rozan la inmortalidad y la leyenda. Estrellas centelleantes capaces de opacar a los artistas, los políticos y todo tipo de figuras públicas que asomen sus rostros en los medios.
Cada generación se ha enorgullecido de sus ídolos. Desde Di Stefano, pasando por Pelé, Maradona, Cruyff y otros tantos, los héroes del balón y la cancha han sido casi unos dioses.
Uno de ellos asombró al planeta, deslumbró a todos con sus armoniosos y elegantes movimientos, con la fuerza de su embestida y la resistencia de su organismo ante el intenso ajetreo de noventa minutos de disputa.
Nos referimos a Ronaldinho. Deslumbró en el Barcelona, donde fue líder, genio, mago, héroe y figura casi totémica. Barrió las canchas de España y Europa, encandiló a sus oponentes con el brillo de sus hazañas y además de todo esto, era sencillo, humilde y modesto.
Se mantuvo en el cenit del estrellato deportivo. Era un astro rutilante, una mega nova incrustada en el infinito. Fue campeón de todo, de ligas locales, continentales y también se ciñó el anillo de pentacampeón con la franela verde y amarilla de Brasil.
Pero ahora ha comenzado a desdibujarse. Tras una temporada de promesa, el futbolista brasileño se nota desconcentrado, en estado de decaimiento. Su buen juego se resquebraja como una estructura arcaica.
Antes de comenzar la actual campaña de la liga italiana, el ex barcelonista hizo ilusionar a su entrenador y a los hinchas del Milán. Parecía que electrizaría a las masas con su insuperable manera de jugar, pero se ha cansado, su concentración es oscilante, sin constancia.
Se habla de que el Dinho decepciona a todos, desde el público hasta el dueño del equipo, el primer ministro Silvio Berlusconi, quien le defendió porque creyó en su magia, en su ilusión cinética.
Los resultados de la participación del otrora brillante jugador no superan la mediocridad y algunos opinan que viene de regreso desde la constelación estelar donde los dioses se instalan o se desmoronan.
Ha sido cuestión de semanas, según los diarios italianos. Ronaldinho está siendo vencido por el hartazgo, por lo insípido de la rutina de un estrellato en extinción. Ya ha logrado todo, ya se ha vestido con la indumentaria de los elegidos y no le queda más nada que demostrarse a si mismo ni a nadie.
Ojalá sea tan solo un asunto de reajustar un poco el ciclo de revoluciones de su organismo y de equilibrar su percepción del entorno y las prioridades que deben imperar en su vida profesional y personal.
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Roderick Guzmán Meza


