Ídolos caídos o los malditos del fútbol
08.09.09 @ 21:59:57. Archivado en Biografías, Deportes
Muchos han sido los futbolistas que se han destruido a si mismos, en medio de las campanadas de la fama, las pantagruélicas comilonas y borracheras y el desenfreno sexual.
Alguna vez fueron considerados genios del movimiento y control del balón. La fuerza, la velocidad y la habilidad les acompañaban en los estadios, eran seres fuera de este mundo, astros descendidos del empíreo para iluminar la rutinaria vida de los aficionados.
En la cancha hicieron delirar a sus seguidores, marcaron hitos con sus personalidades resplandecientes de estrellas del espectáculo. Para nada estaban preparados contra el monstruo de la fama, hambriento y malvado.
Citaremos tan solo algunos de ellos. Paul Gascoigne controlaba el medio campo de los ingleses en la década del noventa. Tenía genialidad y temperamento. Su presencia hacía delirar las gradas y le enredaba la vida a los adversarios. Arremetía con una fuerza furibunda y cuando veía en algún ángulo del rectángulo de juego, le ponía la pelota en los pies a Gary Lineker. Con ellos dos al mando, Inglaterra llegó a las semifinales del Mundial de Italia.
Pero Paul padecía ciertos trastornos que para esa época eran conocidos como maníaco-depresivos, catalogados hoy como desórdenes bipolares. La noche lo vencía y el alcohol lo consumía. Al final, lo derrotaron, lo convirtieron en sombra. Hoy, su hijo ha manifestado que su padre estaría mejor muerto.
Harol Schuamcher, aquel ninja de los cuatro palos del marco alemán. En una de sus jornadas de descontrol, casi mata al francés Battiston. Le dio al galo una patada infernal que casi lo borró del libro de la vida en aquel Mundial de España 82. Era violento, acumulaba ira en su alma, se encendía como pólvora y reaccionaba a la mínima provocación como un furibundo tifón. Llegó a confesar que consumía efedrina de manera incontenible y que era adicto al sexo masivo.
No importaron sus hazañas, las paradas impresionantes, los cierres de ángulo visual, su fortaleza porque ahora se encuentra olvidado y su vida, se así puede llamarse se desenvuelve entre las sombras de sus recuerdos.
Recordemos a Omar Orestes Corbatta. Era llamado “el loco”, era para muchos el Garrincha Gaucho, aquel que se apoderaba de la raya. Era un ídolo que con sus genialidades hizo caer en delirio a los fanáticos del Racing de Avellaneda y el Boca Juniors, allá en los ya lejanos años 60.
Corbatta vivió alcoholizado, abandonado y olvidado en un camerino del estadio de Racing. Allí sobre una banqueta dormía o si no a la sombra de un vestidor. Sus últimos días fueron una tortura atroz. Padeció cáncer en la garganta y su voz, de un rugido ronco y metálico, se convirtió tan sol en un susurro. Después, apenas podía percibirse el sonido del aire al salir por su boca. Murió en medio de la suciedad del camerino una tarde cuando el sol declinaba en los altos enrejados.
Otro súbdito de la corona británica que sucumbió a los esplendores de la fama y las noches de rosa y de vinos fue George Best. En su momento fue conocido como el “quinto Beattle”. Tuvo fama de playboy y su estilo de vida se parecía mucho al de las estrellas del rock actual.
Su genialidad no se veía disminuida por sus arranques a altas horas de la noche, en escapadas que iban de antro en antro. Prefería la champaña y gasta en ella y en mujeres. Dicen que sostuvo relaciones sexuales con siete mujeres diferentes en una sola noche. Después murió víctima de la cirrosis.
El último de la lista, pero no de las crónicas de decadencia de los jugadores de fútbol será por hoy Garrincha, Mané. Era una figura mítica de Brasil. Sus piernas torcidas era un elemento clave en su desenvolvimiento en la cancha. Escondía el balón entre sus dos pies y a los defensas les costaba mucho controlar su “dribling” y sus movimientos en el área chica.
Era un futbolista genial, autodestructivo, cansado de ser estrella o ser humano, se entrego a la juerga y el licor. Las mujeres hermosas lo volvían loco, lo desarmaban y le quitaban de todo. Quedó en la miseria. Vivía como un vagabundo sumergido en las inmundicias de un sótano, en pleno delirio etílico de su interminable borrachera.
Comentarios:
Un ejemplo negativo para la juventud y al que todavía aplauden muchos.
El fútbol es lindo pero el ambiente en el que se desarrolla y del que proceden muchos jugadores, no es tán lindo.
Sí es verdad que el fútbol da a muchos jóvenes la oportunidad de apartarse de las esquinas de los barrios.
¡Viva el fútbol!
los invito a visitar www.laalegriadelfutbol.com o
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saludos desde el CHORRILLO, EN PANAMA
¡ que lindo es el futbol !
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Roderick Guzmán Meza


