Camino al Nobel: Amos Oz
07.09.09 @ 21:56:08. Archivado en Cultura, Literatura, Personal
Iniciamos esta semana la cuenta regresiva hacia el día jueves 8 de octubre, en que la Academia Sueca deberá, como por tradición lo hace, anunciar al nuevo Premio Nobel de Literatura 2009.
La literatura deberá conocer su nueva estrella. En concordancia con ello y de acuerdo a un criterio muy personal, presentaremos aquellos autores que nos parecen tener posibilidad de acceder al galardón este año.
Mencionaremos para iniciar esta recorrido a Amos Oz. Nació en Jerusalén el 4 de mayo de 1939, recién ha cumplido los setenta años, buena edad para lograr el reconocimiento.
Su país estaba todavía bajo el control británico, aún bajo la mirada atenta de los gendarmes occidentales, en medio de un territorio inestable, a once años de su independencia.
Oz escribe la mayor parte de su obra en hebreo, una lengua para nosotros desconocida. Nos han llegado traducciones de varias de sus obras, como por ejemplo Tocar el Agua, Tocar el Viento, Donde aúllan los chacales y otros cuentos, Una paz perfecta, Las mujeres de Yoel, La caja negra, Una pantera en el sótano y recientemente, Una historia de amor y oscuridad.
Disecciona con meticulosidad la cultura de su país y su relación histórica. Incursiona en los ámbitos familiares, se asienta ante la infinitud del desierto para definir su realidad social y política, en su nación acosada por estremecimientos bélicos, por una historia que ha influido en el mundo entero a través de las voces de sus profetas, sus guerreros, sus jueces y sus santos.
Historia varias veces milenaria la Israel y Oz la sintetiza en lo que es hoy, en lo que presentan sus habitantes, sus ideas, su cultura, su política. Un país con una historia de orgullo, de persecuciones, de guerras, de dolor, de integridad, pero también de fuerza, de traiciones y de oscuridad.
Oz ha encontrado bastiones inconmovibles dentro de su alma, donde se han acorazado sus sentimientos fraternales, donde ha levantado su tienda para desde allí ser juez y crítico de una sociedad a medio camino entre el cosmpolitismo occidental y el legado de los pueblos orientales.
Dentro de aproximadamente un mes, según la tradición octubrina de la Academia Sueca, antes de ser conocido el escritor galardonado con el Nobel de Literatura, tal vez volvamos a escuchar esa exigua palabra que es su identidad, que es su apellido, ese Oz que suena también a mago y a fantasía, pero que en la expresión de su pensamiento, de sus reflexiones, nos acerca a una realidad densa, porosa, por donde se trasluce el fulgor de la razón y la nebulosidad de las emociones más intensas.
Amos Oz no es un escritor de masas, ya traducirlo ha de resultar una proeza. Sus obras llegan a manos conocedoras de su trayectoria, sus páginas son vislumbradas como desde un tabernáculo erigido en una pelada cima tormentosa. Sus descripciones y sus argumentos son acuciantes, su prosa es hermosa y poética, pero también densa y dura, aunque menos terrible que los versos de un Pentateuco cincelado con los chispazos del eterno fuego de Dios.
Para el escritor israelí, no todo es tema, argumento, ni todo es forma. Su imaginación logra establecer equidistancia entre la razón y la sensibilidad, manifestada con el sabio dominio y manejo de las herramientas lingüísticas para describir un mundo que fue creado por la palabra, por el verbo. Es eco de esas resonancias, de esos estertores que arrasan las estrellas y delinea los abismos siderales y las rústicas planicies, entre las nervaduras de los azahares y la canícula desértica.
Su compromiso es con la cultura de su país, con su historia, con su memoria ancestral, pero sobre todo vierte sobre sus páginas, lo que es Israel después de los éxodos, de las guerras, de los exilios, de los acosos de los enemigos.
Crear igualdad entre israelíes y judíos es quizás su más perseguido norte. Unos seculares tal vez, identidad nacional de por medio y los otros dogmáticos y cercanos al mensaje eterno, ambos grupos son ceñidos por el cordón de lino de la tradición tantas veces milenaria.
Su trabajo literario nos presenta esas improntas de las personas que le acompañan durante todo el lapso de la vida, esos manchones de luces y sombras que son las ilusiones, el amor y los sentimientos, incluidos en paréntesis de barahúndas y silencios, de sangre y lágrimas, de dolor y de sosiego.
Se ha adentrado en la exploración de los aprietos y las ansiedades de la sociedad israelí contemporánea, sobre todo las ocasionadas por las ideologías, las delimitaciones del territorio y el pasado histórico, brutal y sangriento.
Alos quince años se mudó a un kibbutz, esas aldeas granjas que conforman una unidad social y económica en que las decisiones son tomadas por la asamblea general de sus miembros; allí la propiedad y los medios de producción pertenecen a todos, en una especie de paraíso comunista adaptado a la visión de un país en una de las encrucijadas más tenebrosas y de más lúcidas honduras.
Considera la lengua hebrea una manifestación de los desconocidos acentos de Dios, una expresión de su fuerza y su lirismo, llena de la armonía del pentagrama eterno; pero también posee una energía subterránea que reverbera en antiguos ecos. No obstante, existen en su léxico giros inesperados y hasta confusos provenientes del juego eterno de la mezcla con otros pueblos.
Nacido como Amos Klausner, un 4 de mayo de 1939, ha sido también periodista y es considerado uno de los más importantes escritores contemporáneos en su lengua natal y en el mundo. Ha obtenido numerosos reconocimientos, entre ellos, el Premio Israel de Literatura, el Goethe y ha enriquecido durante varios años la lista de candidatos al Nobel de Literatura.
Ha sido además, fundador del movimiento pacifista conocido como Shalom Aishav y es profesor de Literatura en la Universidad Ben Gurión de Be´er Sheva en el Néguev.
En su opinión, Israel es en los medios de comunicación una mezcla dispar de un 80 por ciento de soldados y colonos, un 19 por ciento de judíos de la ultra ortodoxia y de un punto porcentual de maravillosos intelectuales que critican al país.
Amos Oz está considerado desde hace algunos años como un firme candidato al Premio de la Academia Sueca. No sé si lo ganará un día, lo cierto es que obra merece todos los premios y no necesita ninguno para engrandecerla.
Comentarios:
Aún no hay Comentarios para este post...
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
Los comentarios para este post están cerrados.
Roderick Guzmán Meza


