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La lista de Winton

Permalink 01.09.09 @ 15:12:15. Archivado en Historia, Guerras, Invasiones, Biografías

El cine se ha encargado de darles preponderancia a ciertos personajes que durante su vida realizaron alguna proeza o actividad más allá de lo que la mayoría de sus coetáneos se hubiera atrevido.

Sin embargo, es el interés del director, del productor o del estudio, con todos sus recursos económicos, el que decide a que figura se rescatará del anonimato, del olvido.

Uno de los últimos ejemplos ha sido el de Oscar Schindler y su famosa lista. La tarea del alemán, sin duda, loable, no es la única e injusto sería dejar en el territorio de las sombras el esfuerzo de otro protagonista de este tipo de historias.

Corría el año de 1939 y el inglés Nicholas Winton debía disfrutar de sus vacaciones anuales. Con anterioridad había planeado una visita a los Alpes suizos o tal vez le hubiera venido bien un recorrido por Venecia.
Pero no lo hizo. Mantenía una agenda secreta, desconocida hasta para sus más íntimos y se fue a lo que en aquel tiempo era Checoslovaquia.

Realizó algunos contactos en Praga, habló con ciertos individuos relacionados con los grupos judíos y preparó todo lo necesario para que salieran de la capital checa, nueve trenes con destino a Londres.

No sabemos cuántas veces hicieron los trenes este inusual recorrido, pero lo cierto es que los hijos de miles de refugiados iban en sus oscuros vagones.

El nazismo se había instalado en Alemania y se expandía por Europa. Aquellos pueblos marcados con una línea negra por los personeros del movimiento eran destinados a sitios de aislamiento. Después se conocerían como campos de concentración.

Estos niños fueron salvados de las garras del feroz nacional socialismo instaurado por Hitler y sus cómplices. Ellos viajaban apretujados en los trenes, pero setenta años después, los sobrevivientes, dijeron no haber sentido el más mínimo temor.

“No tenía miedo, al contrario, lo consideré un acto de misericordia, de compasión. Es estupendo que setenta años después tenga la salud necesaria para repetir el viaje”, ha dicho uno de los supervivientes.

Ocho trenes habían partido con el rumbo mencionado. Más de seiscientos niños lograron llegar a la capital inglesa y mantenerse a salvo de la barbarie de la guerra. Ellos perdieron a sus padres en los campos de exterminio.

El héroe de esta historia, Nicholas Winton, vive todavía, mantuvo su gesta en secreto hasta que su mujer la descubrió pasadas más de cinco décadas. Con una sonrisa de plata deslumbrando en su rostro, ella se limitó a afirmar “él solo hizo lo que debía”.

Nicholas Winton trabajaba por aquella época como empleado de la bolsa de valores, en Maidenhead, Berkshire. Pocos días antes de la Navidad, terminaba de afinar su viaje de vacaciones. Ganaba buen dinero y podía darse ciertos lujos, como lo hace cualquier joven de cualquier época.

En realidad, ese era su propósito. Nada de heroísmo, nada de aventuras ni osadías. Pensaba en verdad, disfrutar de sus vacaciones. Pero una llamada alteró el curso de los acontecimientos y de su vida para siempre.

El amigo de Winton, Martin Blake, quien trabajaba para un grupo de apoyo a los refugiados adultos en la República Checa, a la sazón invadida por los ejércitos del Tercer Reich, solicitaba ayuda a todos sus contactos, entre ellos su muy allegado Nicholas.

Winton cambió de planes y se fue a Praga. Se hospedó en un hotel conocido como Sroubek, en la conocida Wenceslao Square. Después de algunos días de reuniones con su amigo Martin, se dio por enterado de los planes que existían para salvar a cientos de niños y niñas.

El siguiente paso fue establecer contacto con el Movimiento de Niños Refugiados de Londres. Esta organización incorporaba a judíos, cuáqueros, diversos grupos cristianos, gitanos y otras etnias minoritarias.

El 21 de noviembre de 1938, poco después de La Noche de los Cristales Rotos, había sido aprobada, por el gobierno de Londres, una medida para recibir refugiados menores de 17 años que tuvieran un sitio para alojarse, previo depósito de 50 libras esterlinas (unos mil 500 dólares de hoy) como garantía de que el refugiado pudiera regresar a su país.

Una tarea incesante y frenética se dio entonces. Winton sabía que el tiempo apremiaba. Las fuerzas germanas habían ocupado cierta porción de territorio checo, desde hace mucho reclamado por Alemania.

Winton le había comunicado a sus amigos que presentía que los nazis no se conformarían con la franja fronteriza y que sería cuestión de tiempo que se lanzaran a ocupar todo el territorio checo; y así fue.

Comenzaron a llegar menores de todas partes. Sus padres los traían apenas con una mochila como equipaje. Buscaban denodadamente incluirlos en “la lista de Winton”. Cada grupo exigía porque se consideraba el que debía salir de manera más urgente. Winton resentía la presión, pero no cejaba en su empeño.

Fueron nueve meses de intenso trabajo. Winton y el grupo de apoyo lograron sacar de Praga a 669 niños y niñas en 8 trenes. Llegaron a Londres a salvo personajes que hoy día son figuras importantes en muy diversos ámbitos, entre ellos se puede contar a Karen Reisz, director de la afamada película La Amante del Teniente Francés.

En la actualidad se cree que existen más de 5 mil descendientes de los “niños Winton” que fueron salvados por Nicholas en aquella temporada de “vacaciones”.

Debe destacarse que estos 669 niños lograron salvarse porque Inglaterra no había declarado aún la guerra a Alemania. El último tren, el noveno, no pudo salir después de que Londres hiciera su proclama en contra de Berlín.

Ese tren no pudo salir de Praga con los 250 pequeños a bordo. Era el 3 de septiembre de 1939. No abandonó la estación y los niños nunca más fueron vistos.

En resumen esta es la historia de una proeza humanitaria. Un hombre sacrificó mucho de si, para salvar a seres humanos de la maldad de la guerra.

Nicholas Winton tiene 95 años y nunca reveló a nadie lo que había hecho. Fue su esposa la que descubrió un maletín con la lista de los niños salvados y cartas de sus padres. La corona británica, seis décadas después, ha reconocido la acción de este hombre, concediéndole el título de Caballero de la Corona.


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