Editado por

Roderick Guzmán MezaRoderick Guzmán Meza

Buscar
Temas
Archivos
Hemeroteca
Febrero 2012
LMXJVSD
<<  <   >  >>
  12345
6789101112
13141516171819
20212223242526
272829    
Sindicación
PARTICIPACIÓN
SERVICIOS




Jack el destripador en Nicaragua

Permalink 05.08.09 @ 21:41:04. Archivado en Ficción, Relatos

El celebérrimo asesino Jack el Destripador no se limitó a desarrollar su macabra labor en las oscuras y neblinosas callejuelas londinenses del siglo diecinueve. Gargantas fueron cercenadas, vientres despanzurrados en otros ámbitos, en otros países. La sangre derramada por su terrible energía oscureció avenidas muy distantes de su tradicional White Chapel.

Es el mes de noviembre de 1889. Nos encontramos en Managua, Nicaragua. Poco tiempo ha transcurrido desde que cinco mujeres (seis según algunos) fueron muertas en aquel barrio de los arrabales de Londres. El escándalo de su presencia, su sombra pavorosa todavía deambulaba en aquellos callejones adoquinados, cuando ya su mano se aferraba a la garganta de otras víctimas a miles de kilómetros de allí.

En uno de los puertos de este país centroamericano, atracó un barco, el Slip, carguero de 600 toneladas que provenía de Londres, a través de Barbados. En esa isla, algunos cadáveres aparecieron en el lapso de cuatro meses. Prostitutas todas las víctimas, terminaron sus días con el florecimiento de sus vísceras y la ebullición de sangre de su garganta.

La carga descendió, los marinos se diseminaron en todas direcciones. Las aceras atiborradas de cantinas y casas de tolerancia, acogieron a los visitantes con mucho ruido y mucho jolgorio.

Uno de los navegantes descendió por la rampa en silencio. Llevaba un maletín de color oscuro. Había llovido esa tarde y al ascender la noche, se sentía todavía su atosigante calor. Poco después de las ocho comenzaba el movimiento, el ir y venir de marineros, delincuentes, meretrices y de toda la fauna que habitualmente allí pasaba la noche.

Se hospedó en una pensión decrépita y tambaleante de dos altos. Era una estructura erigida en madera y mampostería ya desconchada por el salitre. Paredes sucias, frases soeces escritas con faltas de ortografía, rostros, incongruencias autóctonas. La escalera crujía cuando alguien subía o bajaba. Afuera, a un lado del umbral de la entrada, un cartel anunciaba una marca de cigarrillos.

Era una calle corta e irregular que terminaba de manera abrupta ante un caserío. Una estirpe de pescadores, artesanos y comerciantes de poca monta habitaba ese villorrio y que se hacían a la mar de madrugada. En una casucha destartalada construida con tablas y láminas de techumbre oxidada, vivía Flor

Acababa de cumplir veintiséis años. Tenía tres hijos. Los padres eran tres hombres diferentes. Vivía sola con sus vástagos y su madre, una pobre mujer atormentada por la artritis y la ciática, que cuidaba a los pequeños.

Esa noche de noviembre se dirigió al puerto porque le habían informado que un barco inglés había arribado. Se instaló lo mejor de sus galas, un vestido rosado con encajes de uso habitual y una cinta ceñida en su cabeza.

Antes de las nueve se encontraba en la cantina La Esmeralda, una especie de hueco abierto en la pared herrumbrosa de un viejo caserón donde antes despachaba un corregidor los asuntos legales del lugar. Deficientes faroles oscilaban amenazantes sobre la cabeza de los parroquianos.

Había mucho ruido. Una deplorable melodía era interpretada con terrible deficiencia por unos nautas borrachos. Sonaba también un acordeón en medio del jolgorio de voces roncas y callosas. Flor bebía chicha de maíz fermentado con deleite, mientras desde uno de los rincones más alejados del local, un hombre la miraba con detenimiento.

Flor salió con un sujeto aceitunado, tal vez malayo o indonesio, delgado y de baja estatura, las ropas hediondas a salitre y marisco. Uno al lado del otro, parecían un hongo y una flor. caminaron hacia la alcoba, detrás de la barra, en una pieza deformada por fardos y cajas, donde les aguardaba un catre y, a guisa de sábanas, una lona gruesa de color marrón.

No pasaron quince minutos cuando Flor estaba de vuelta. El malayo o indonesio la seguía. En su rostro se prendía una descomunal sonrisa. El gesto le extraviaba los ojos. Hablaba su idioma natal con alguien que le recibió festivo con palmadas en la espalda.

La joven mujer recién manoseada por el hervor y la lujuria del marino entregó algo al cantinero. Al regresar al centro del salón un negro africano le abordó. La juerga continuó, ahora con la indiferencia de los clientes...CONTINUARÁ...


Bookmark and Share

Comentarios:

Aún no hay Comentarios para este post...

Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.

Los comentarios para este post están cerrados.

Blogs
Las crónicas de Juan Fernandez Krohn

Las crónicas de Juan Fernandez Krohn

Mi vocación intelectual, y mi acreditación periodística

Juan Fernandez Krohn

El Blog de Otramotro

El Blog de Otramotro

Sin hacer pellas o fuina

Ángel Sáez García

Ángel Moreno, de Buenafuente del Sistal

Ángel Moreno, de Buenafuente del Sistal

VII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO, “B”, Súplica del perdón

Angel Moreno

Protestantes

Protestantes

Latinoamérica prepara su gran Congreso de Evangelización

Pedro Tarquis

cl@sicodigit@l

cl@sicodigit@l

Paulino Toribio

El BLOG de Juan Antonio ESPINOSA

El BLOG de Juan Antonio ESPINOSA

Hombres sin tierra: presentación-contenido

Juan Antonio Espinosa

Opinión

Opinión

Charo Zarzalejos - Rubalcaba busca el sitio del PSOE.

Humanismo sin credos

Humanismo sin credos

¿Importa conocer de dónde procede lo que se cree?

Asoc. Humanismo sin Credos

El alma del haiku

El alma del haiku

Nadie

Vicente Haya

A contracorriente, el blog de Enrique Arias Vega

A contracorriente, el blog de Enrique Arias Vega

Sudáfrica en la encrucijada

Enrique Arias Vega

Religión Digital

Religión Digital

Cinco caminos para la nueva evangelización del I.D.R.

Religión Digital

Federación de Comunidades Judías de España

Federación de Comunidades Judías de España

Madrid - Acto en la Facultad de Filología de la Complutense

FCJE

Arte

Arte

Las diez recomendaciones semanales de la Guía Cultural

Periodista Digital

Secularizados, mística y obispos

Secularizados, mística y obispos

Entrar en la órbita del poder

Josemari Lorenzo Amelibia

Un país a la deriva

Un país a la deriva

Hasta los webs de los nacionalistas

Vicente A. C. M.

Diario nihilista de un antropólogo

Diario nihilista de un antropólogo

El mapa y el fútbol

Manuel Mandianes

Bokabulario de Fernández Barbadillo

Bokabulario de Fernández Barbadillo

Y por fin Garzón interrogó a Henry Kissinger

Pedro Fernández Barbadillo

Teología sin censura

Teología sin censura

La bondad desconcertante y escandalosa

José Mª Castillo

Gastronomía Navarra

Gastronomía Navarra

Musalinas de salmón - Receta del libro escuela de cocina navarra "El Bosquecillo"

Mª Rosario Aldaz Donamaría

El Blog de Francisco Margallo

El Blog de Francisco Margallo

Carta 24 a un político

Francisco Margallo

Haz de PD tu página de inicio | Cartas al Director | Publicidad | Buzón de sugerencias | Publicidad
Periodista Digital, SL CIF B82785809
Avenida de Asturias, 49, bajo - 28029 Madrid (España)
Tlf. (+34) 91 732 19 05
Aviso Legal | Cláusula exención responsabilidad

redaccion@periodistadigital.com Copyleft 2000

b2evolution Creative Commons License
This work is licensed under a Creative Commons License.
Noticias Periodista Digital | Periodista Latino | Reportero Digital | Ciudadano Digital | Chistes, Videos y Poesias