Denuncia de un ciudadano hondureño
15.07.09 @ 22:03:23. Archivado en Política
Nuestro amigo, Candelario Reyes García,nos ha enviado este mensaje sobre la situación por la que atraviesa su país en general y él, como ciudadano hondureño en particular. Acusamos recibo de esta su denuncia y la hacemos del conocimiento de todos.
Como ciudadano hondureño en pleno disfrute de mis derechos y el ejercicio de mis deberes, he participado en mi tiempo libre en la promoción del proyecto ciudadano, de consulta popular a favor de que se establezca una Cuarta Urna de opinión para el evento de las elecciones generales de autoridades constitucio-nales en Honduras, proceso que iniciaba con la aplicación de una encuesta de factibilidad el día 28 de junio del año en curso.
A raíz de lo cual hice comparecencia pública en diferentes eventos. Si bien por algunos medios de información se decía que la encuesta era ilegal, nunca fui requerido por autoridad alguna para rendir cuentas de participación al respecto, pero sí recibí, en tres oportunidades distintas, amenazas telefónicas, y además de la amenaza verbal de muerte, concluía con una grabación del sonido de una descarga de ametralladora.
A este hecho no le di mayor importancia y lo interpreté como parte de la campaña de atemorización que los opositores a la encuesta hacían de manera pública para crear un ambiente de miedo y disuadir a la población a que participara. Sí me preocupó un poco que tres días antes de aplicar la encuesta fui avisado de que iba a haber Golpe de Estado y que se tomarían represalias contra los que andábamos promoviendo la Cuarta Urna.
Igualmente una persona cercana me avisó de que había un plan de contratación de sicarios para asesinar a dirigentes y eliminar así la oposición, y que al producirse un posible Golpe, que tuviera cuidado.
Otra persona de influencia me recomendó mejor sacar a mi familia de la ciudad, porque iba a haber problemas. En realidad, viendo lejanos los años ochenta, yo no tomé en serio la situación. Y continué desempeñándome en mi vida normal, creyendo que el domingo íbamos a tener una fiesta cívica, que abría el camino a que los problemas futuros en Honduras no serían más conflictivos, sino que se resolverían de manera civilizada; pese a la existencia de grupos de poder que promovieran actitudes cerradas poco saludables a los intereses de la población.
En Honduras, amplios sectores no estamos de acuerdo con las trampas constitucionales que avalan proyectos leoninos de estafa y atraso para el país, tampoco con los dictadores de oficio a nivel de puestos de elección popular y consideramos que eso, como otros problemas, debe resolverse mediante consultas populares legítimas.
El día domingo 28 de junio, a las cinco de la mañana, me fui a mi propiedad a traer leña, mientras eran las ocho de la mañana para ir a la encuesta.
A las siete de la mañana, me llamó mi esposa, muy preocupada y me contó que el Presidente había sido secuestrado y que se desconocía su paradero, además de que se decía en los medios que había ametrallamientos en casa de algunos dirigentes populares. Me informó también sobre el desaparecimiento de algunos de ellos, que posiblemente se habían ocultado.
Recibí asimismo otras llamadas en las que se me dijo que me escondiera, que yo estaba en una lista. Volví a mi casa, le di ánimo a mi familia y me fui a ejercer mi derecho de opinión. Y con agrado vi que otras personas lo estaban haciendo. Para entonces ya estaba la noticia en TeleSur, de que al Presidente lo habían ido a tirar a Costa Rica, en ropa de dormir.
Llamé a algunos amigos y conocidos y los teléfonos estaban muertos. Recibí una media hora después la misma llamada de amenaza: “hoy si ya estás listo”. Luego recibí una llamada de una persona de confianza, que me dijo que iba un comando a todas las ciudades a aprehender a algunas personas.
Recomendaba que me ocultara. Pedí a un amigo abogado que me averiguara en la policía y en la fiscalía si había alguna orden de captura para mí. Él averiguó y me dijo que no existía orden alguna. Sin embargo, en la mañana del golpe los acontecimientos empezaron a desarrollarse con mucha celeridad.
En efecto, sí llegó un comando de militares y de hombres de civil armados. Y se difundió la información de que la Canciller y tres embajadores habían sido secuestrados. A los alcaldes de Arada y de Colinas, los empezó a cuidar la gente, pues los comandos intentaron arrestarlos.
En la Municipalidad de Santa Bárbara se agrupó la gente a defender las encuestas. Un alcalde me llamó para decirme: “váyase, sálgase, a usted nadie lo va a defender porque no es político”. Ya se hablaba de un dirigente político muerto (esta última fue una falsa noticia, no la primera).
En la incertidumbre y para no ser irresponsable y lamentarme después por confiado, o no estar para contarla, como una manera de prevención, saqué a mis hijos de la ciudad, y mi esposa y yo permanecimos en ella, pero fuera de la casa. Con la declaración del toque de queda, decidimos no pasar la noche allí, para no ser sacados a la media noche por quien sabe qué clase de criminales.
Mi esposa se fue a casa de unos amigos. Yo no quise arriesgar a nadie y estuve dos días y dos noches en el monte, oculto allí, y luego emprendí camino a Tegucigalpa a participar en las manifestaciones de protesta, tal como me faculta el artículo tres de la Constitución de la República, a la desobediencia civil frente a autoridades espurias que toman el poder por la fuerza. Desde esa fecha no he vuelto a mi casa y estoy separado de mi familia. Sé que hay amigos bondadosos que cuidan de ella. Mi casa es permanentemente asediada por hombres armados, algunas veces de uniforme, otras de civil, de noche y de día; algunas veces han preguntado por mí a mis vecinos y a algunos trabajadores del vecindario.
Carros sin placas, de vidrios oscuros y con hombres armados van hasta dos veces al día en los entornos de la casa. Aunque saben que yo no estoy allí, pero siembran el temor a los vecinos. He continuado las diligencias de saber si existe alguna orden judicial en mi contra y no la hay, pero igual nunca la hubo en los años ochenta que en más de una oportunidad estuve a punto de ser asesinado, y al no poder mis perseguidores lograr su objetivo porque me exilié en Costa Rica, tomaron venganza en familiares cercanos.
No estoy en silencio y denuncio el crimen cometido contra la patria gracias al internet, pero no hago llamadas, no me comunico con nadie para no arriesgar a otros, pues sé cómo actúan los agentes del mal y la impunidad. Permanezco oculto y no hago más ejercicio que usar mis medios personales de protesta pública, y no dejaré de dar mi contribución por medios pacíficos, ya que considero que los medios violentos sólo nos dejan los muertos a los pobres, y buenas ganancias a los mercaderes de la muerte.
Hoy que he visto que el domingo anterior, el sicariato ha asesinado a dos miembros de la Unión Democrática, además de los crímenes ya conocidos cometidos por el ejército, veo alejarse la posibilidad de normalizar mi vida, en la medida que el gobierno de facto se va instalando en la impunidad.
En esta denuncia apelo porque vuelva la legitimidad constitucional a mi país, integrando en su cargo a la primera autoridad de la nación, el Presidente constitucional Manuel Zelaya Rosales, como única garantía de que los derechos de quienes estamos amenazados de manera extrajudicial contemos con la certeza de la seguridad de nuestras vidas y de las de nuestras familias.
En mi caso particular, siendo mi único delito ejercer mi pensamiento crítico, tener credibilidad y la capacidad de denunciar las injusticias, procurando también aliviar los sufrimientos y promover modelos de convivencia sana, pacífica y de desarrollo de la equidad social, a partir del protagonismo de los más pobres y de los más pequeños, que testimonia que el mundo puede ser mejor, con bien para todos y todas.
Quiero manifestar que, como ciudadano, no puedo apelar a ninguna autoridad dentro de mi país, ya que no existe ninguna, todas han perdido su legitimidad desde el momento que han alterado el orden constitucional. Y que el ejercicio de funciones por parte de ellas, no garantiza ni la justicia ni la ley.
Por tanto, sólo me queda la oportunidad de apelar ante la Comunidad Internacional, al menos para que mi situación y la de mi familia sea conocida, y en el caso de que me suceda algo, a mí, a mi familia y lo que yo represento, sea deducida la responsabilidad a los que hoy ostentan el poder de facto en Honduras.
Candelario Reyes García Santa Bárbara, 15 de julio del año 2009.
Si te detienen en nombre de la justicia, huye en nombre de la libertad.
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Roderick Guzmán Meza


