Michael Jackson: Adiós al Thriller
26.06.09 @ 22:28:36. Archivado en Cultura, Música
La noticia se abrió paso a empujones entre otras numerosas informaciones que todas las tardes son transmitidas a través de los medios de comunicación. Con dureza y propiedad se instaló, nada de rodeos ni de subterfugios. Michael Jackson, el rey del pop, había muerto.
Como siempre nuestra vena de escepticismo se vio estimulada ante una presencia escandalosa como lo es la muerte. En esta ocasión, esa anti esencia utilizaba la incertidumbre para festinar con la sorpresa y la estupefacción del público.
Enseguida pasaron interminables escenas de la residencia, de las personas fuera del hospital ya en situación, en papel, llorosas y tristes porque este hombre controversial ahora se preparaba para hacer mutis del entablado para siempre.
Se planeaba un retorno a la gloria. Londres había la ciudad elegida para iniciar la gira mundial. Los boletos fueron vendidos rápidamente. Los ingleses se preparaban para salir de su indolente panorama y ver el regreso del rey del pop.
Recordamos al pequeño niño negro con afro en medio de sus hermanos mayores mientras bailaba y cantaba. Renovó el sentido del ritmo al bailar. Sobre la música el movimiento, la armonía, la antigravedad de sus pasos, la levedad de su deslizamiento, se convertían en proeza para los encargados de la iluminación al momento de seguirle sobre la pista.
Eran los tiempos de Got to be there, Ben, I want you back y tantos otros éxitos de la primera etapa de una grandiosa carrera. Todavía parecía feliz, ingenuo e infantil, ya vendrían otros tiempos menos coloridos, menos luminosos. Nubes grises aparecían en su horizonte personal.
Jackson creció y se convirtió en solista, pero no para ser una figura más de la miríada de aspirantes a la fama que en el camino quedan jadeando por el esfuerzo inconmensurable. Llegó con su propio fulgor y melodías, con un ritmo suyo y un carisma desbordante.
Es entonces cuando algo comienza a prefigurarse en su mirada oscura. Allí dentro, en sus pupilas sombrías, crecía un dolor invisible, una tristeza insalvable. Latía en su corazón el sonido de una percusión de melancolía que no le abandonaría.
El niño se había convertido en hombre y estaba solo. El mundo le aterraba y puso a trabajar su imaginación para enfrentarlo. Nada de envejecer, nada de arrugas ni de canas. Siempre la piel tersa con el color del ébano, siempre la sonrisa blanca.
El éxito se mantenía. La adolescencia y al adultez llegaron y el genio subsistió. Se introdujo por senderos que exigían más a su vena creativa. Compositor, arreglista, poeta, bailarín, coreógrafo, escritor, productor, actor, humanista.
Billie Jean llega y camina junto a Michael como el moonwalker. Llegan también los espantos, los zombies que emergen de la tierra, de las calles húmedas, de los lugares más nebulosos de una ciudad vencida por el aislamiento; ese fue Thriller, el disco más vendido de todos, el vídeo más logrado y trabajado.
Se le acusó de pederastia, de abuso sexual contra menores. Esos asuntos fueron resueltos fuera de los tribunales. A ciencia cierta no estamos en posición de afirmar tal o cual cosa a ese respecto, pero Jackson vio su imagen un tanto zarandeada a pesar del incondicional afecto de sus fanáticos.
Vinieron también los cambios, rápidos e inesperados. La piel comenzó a perder pigmento, empezaba a dejar de ser negro, como si un impulso muy escondido en su inconsciente, como si una fuerza poderosa le arrancara las capas de la epidermis para negar sus orígenes.
Michael no quería ser negro y los orígenes de esa casi imperiosa necesidad se encontraban en la infancia, según se dice, llena de maltratos, de insultos y rigidez por parte del patriarca de la familia. La madre tiene poca presencia. La señora Jackson es apenas una silueta transparente sin peso específico, sacrificada al protagonismo del marido.
El padre de Michael era ese ancestro fantasmal que se esconde en nuestro interior, ese monstruo, ese prohombre malvado y posesivo que nos aparta de la madre, que nos amenaza con la castración y la muerte si insistimos en acercarnos demasiado.
El organismo de Jacko hizo causa común con el espíritu adolorido, pero resentido y le quito color a su exterior, lo convirtió en una criatura traslúcida, en una crisálida, cuyo capullo era la tierra de Neverland o del Nunca Jamás.
El vitiligo fue una excusa orgánica, un pretexto para manifestar ese sufrimiento anidado en su corazón. No solo eso, sino sus relaciones con mujeres, se cuenta, fueron una especie de contratos para preservar genes a través de operaciones médicas de fecundación con óvulos y esperma restringidos a las asépticas fronteras del cristal.
No importa toda la excéntrica hipótesis de los cuatro párrafos anteriores. Michael Jackson ha sido un genio de la música. No en vano fue admirado por Frank Sinatra, Gene Kelly y Fred Astaire. Su legado es imborrable. Su voz de adolescente será un viento del amanecer en cada jornada. Que descanse en paz.
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Roderick Guzmán Meza


