Ciento Cincuenta años de Pierre Curie
15.05.09 @ 22:38:33. Archivado en Ciencia, Medicina, Tecnología, Biografías
Inmerso en sus pensamientos, Pierre Curie caminaba por las calles de París. Se dirigía a su laboratorio. La noche anterior había escrito hasta tarde. Debió haberse dormido recostado sobre el escritorio por unos minutos antes de que el sol se filtrara por la ventana de su habitación.
Cuando dieron las seis recordó que debía acudir a su laboratorio. Apenas lavó su rostro, enjuagó sus manos, sobre la barba había anidado una partícula de la luz del día que se colaba por la claraboya.
No fue vencido por los peligros de la radioactividad, ni por una explosión por manipular sustancias comprometidas. A pesar del peligro de su trabajo, nada de esto resultó ser la cuota final de la existencia de uno de los más grandes físicos del siglo XIX.
Nadie pudo saber qué pensaba aquel aciago día. Tal vez se encontraba entretenido descifrando códigos y ecuaciones. Las revoluciones de sus ideas vibraban en la oscuridad de su cerebro como relámpagos en la tempestad. Distraído como la mayoría de los sabios, no pudo ver ni escuchar el ruidoso coche que se acercaba a toda prisa.
Sobre la calle quedó tendido. Las heridas sufridas fueron demasiado graves. Los cascos de las bestias habían pisado su cabeza y golpeado de manera contundente otras partes de su organismo ahora exánime.
Su mujer Marie le había acompañado durante varias horas la noche anterior. Se durmió con un cuaderno sobre su regazo. Tal vez pronunció el nombre de su marido antes de negar la vigilia o acaso repitió fórmulas que emergían de su imaginación adormecida como compases musicales.
Madame Curie recordó tiempo después que vivían como en un sueño.
Deshilaban un grueso lienzo y detrás estaba Dios. Pero no era una majestuosa entidad que encandilaba con su fuego, sino un rosario de salpicaduras de oro.
Por su parte, Pierre sentía que el mundo podía disiparse no en un estruendo, sino a través una pequeña escisión disimulada tras la levedad de un hilo de luz.
En 1903 Pierre y su mujer ganaron el Premio Nobel de Física. Su trabajo con la radioactividad fue reconocido por la Academia. La observación de minerales de uranio les permitió descubrir que en su forma de pecblenda la radiación era mayor a la del uranio de su composición.
Así, los esposos Curie concluyeron que esta forma debía contener un elemento todavía ignoto, que aún no podía ser analizado por los químicos de intensa radiación.
En 1898, la pareja logró demostrar la existencia de dos nuevos elementos, a los que denominaron polonio y radio. El primero era un homenaje a la patria de Marie, Polonia y el segundo por su apariencia radiante.
El trabajo de los Curie fue tenaz. No consiguieron enriquecer el polonio, pero sí el radio. Las cantidades obtenidas de este elemento nunca fueron significativas. Varias toneladas de pecblenda de Bohemia fueron necesarias para tales propósitos.
Arduas jornadas debieron enfrentar los Curie, en condiciones precarias y muchos fallos para conseguir una menudencia, una pizca mezquina de cloruro de radio puro.
Descubrieron que el radio traspasaba los objetos habituales y debido a sus emanaciones radioactivas los preparados brillaban en las sombras.
Pierre había descubierto con antelación la piezoelectricidad. También se enteró de que las sustancias magnéticas pierden sus características a cierta temperatura punto conocido hoy como Punto de Curie.
Hoy se cumplen 150 años del nacimiento de uno de los más importantes físicos del siglo diecinueve. Sus trabajos fueron complejos y pesados. Vivió en una época de escasez pero de mucha voluntad. Hoy le rendimos homenaje al recordarlo en el aniversario de su natalicio.
Comentarios:
Aún no hay Comentarios para este post...
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
Los comentarios para este post están cerrados.
Roderick Guzmán Meza


