En busca de Jesús (Final)
08.04.09 @ 22:22:09. Archivado en Religión, Herejías, Relatos
Luego del incidente en Jerusalén (la desaparición y posterior encuentro) Jesús ha de convertirse en hombre sin que conozcamos los pormenores. El bache en su historia nos hace saltar a la época en que ha cumplido treinta años.
Después de la muerte de José ha de haber continuado con su labor de constructor para mantener a su madre y sus hermanos. Tal vez siguió en las canteras moldeando bloques de mármol para construir las casas de los ricos o tal vez en los bosques talando árboles para fabricar muebles y hasta cruces.
El momento en que deja atrás los mazos, los cinceles y los cepillos, nos es desconocido y tan solo tenemos un acercamiento al instante de la iluminación cuando desciende al vado del Jordán donde su primo Juan predicaba y bautizaba.
Algunos han sugerido que Jesús perteneció a la secta de los esenios, pero pruebas no han sido aportadas en este sentido. Es posible que Juan si haya estado en aquellas cuevas empotradas en las rocas del árido territorio.
Comienza la prédica entre los suyos y no le reconocen, porque precisamente ha sido un obrero, alguien a quien los judíos no imaginan como su libertador. Es el hombre que picaba duros peñascos bajo el abrasador sol de Israel.
Uno de los hechos más portentosos realizados por este hombre debió ser la resurrección de Lázaro. Sin embargo, apenas es mencionado de pasada por uno de los evangelistas.
Antes ha transformado el agua en vino en una boda a instancias de su madre, de quien más adelante reniega. Después multiplica los panes y los peces, cura a ciegos, tullidos y leprosos, camina sobre las aguas y hace rebosar las redes de sus discípulos.
Pero a Jesús parece importarle poco estos eventos. Cree más en su filosofía, la cual no viene a ser la continuación de la ley mosaica, sino más bien una especie de herejía no muy bien comprendida.
Para los días últimos aparece en escena la supuesta traición de Judas. Este era uno de los hombres más allegados a Jesús y quizás el único que comprendía sus mensajes. Se sentaba con él ante la fogata, en las frías noches a dialogar sobre el peso de la ocupación, el nacionalismo y la posibilidad de integrarse al movimiento zelota.
Este era un grupo político ultranacionalista, fundado por Judas el Galileo, poco después del nacimiento de Jesús. El nombre, en hebreo ganaim, de קנא, “celar”, el celo por Yahvé, sentido por sus integrantes.
Pretendían la liberación de Jerusalén por medio de la lucha armada. La expulsión de los romanos era un sueño de los zelotes. Jesús mostraba más aprehensión por los judíos que por los romanos. Aborrecía el colaboracionismo y despreciaba la corrupción entre el clero oportunista.
Una muestra de su irritación la dio en el templo cuando derribó la mesa de los comerciantes y los cambistas. Lleno de ira entró e hizo trizas el sitio, golpeó a diestra y siniestra a quienes estaban allí en descarada ofensa al sagrado lugar.
Aquí debió comenzar el final. Una dislocación en la narración de los Evangelios, un cambio en el orden de los acontecimientos para ajustarla a las necesidades del dogma debió darse en este segmento de la historia.
No imaginamos a Jesús solo, en el templo, en contra de todos los presentes, ante la mirada de los soldados y de algunos clérigos, sin que haya sido detenido y encarcelado.
La última cena debió celebrarse antes de este incidente, lo que también desajustaría la acción de Judas Iscariote, acusado de haberle entregado.
Siguiendo con nuestra especulación imaginamos a Jesús y Judas en las mazmorras, bajo la adusta mirada de los sacerdotes y algunos soldados. Interrogados aparte, Judas pudo haber sido manipulado para hacerle confesar y señalar a Jesús como el líder del movimiento.
Allí debió haber dicho que era él quien quería ser el rey de los judíos. Allí debió confesar su participación en el movimiento. Jesús se negaría a responder a los cargos de asalto, sedición y traición.
Vendría después la cruz, ignominioso cadalso para el profeta, para el hacedor de milagros, para el creador de parábolas. Levantada sobre una colina pelada, era un ejemplo para los demás insurrectos, escondidos entre la multitud o las caravanas, en las casuchas, en los tenderetes.
No sabemos si la muerte se produjo en la cruz. Es posible que la escena de la lanza en el costado haya sido una interpolación para darle crédito a la extinción que sorprendió, por lo prematura, a Pilato.
Para este momento, Judas ha sido ajusticiado por el Sanedrín o por sus propios correligionarios. Se había filtrado la información sobre la delación del de Iscariote para condenar a Jesús, pero aquello del beso en la oscuridad de un huerto de olivos parece un poco sospechoso para alguien que les dice a los sacerdotes que ha predicado ante todos a la luz del día.
Si se desmayó o murió en la cruz no nos será posible saberlo. Le esperaba igual la sepultura en la cueva. Allí pudo ocurrir cualquier cosa, desde la recuperación de la conciencia hasta el robo del supuesto cadáver.
Después sigue la leyenda, el mito, la tradición, el dogma, la manipulación y el poder de la iglesia. Creer que ascendió a los cielos es un asunto de fe. La resurrección abona un terreno mágico, ajeno a los avatares humanos. La fe es un elemento confinado al mundo de las emociones
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Roderick Guzmán Meza


