Editado por

Roderick Guzmán MezaRoderick Guzmán Meza

Buscar
Temas
Archivos
Hemeroteca
Febrero 2012
LMXJVSD
<<  <   >  >>
  12345
6789101112
13141516171819
20212223242526
272829    
Sindicación
PARTICIPACIÓN
SERVICIOS




John Rabe: el santo nazi

Permalink 20.03.09 @ 21:27:51. Archivado en Historia, Guerras, Invasiones

Durante la guerra entre China y Japón ocurrieron hechos bestiales. Actos de inconcebible maldad, alienación pura, horrendos crímenes prefigurados en mentes estrechas. Poco se conoce sobre este evento bélico, mucho menos sobre las atrocidades cometidas por el ejército imperial del sol naciente.

Era la víspera de la Navidad del año 1937. Hacía frío. Los copos de nieve flotaban sobre los tejados, los árboles y caían con delicadeza poética sobre las calles. Era un panorama delicado. Flores blancas que caían sobre la tierra desnuda, alfombras de luz sobre el pavimento.

Un hombre alemán vivía en Nanjing, antigua capital de China. Tenía intereses comerciales en esa ciudad. Había nacido en Berlín y se había enlistado en el partido Nazi.

Uno de sus socios le comentó sobre el bárbaro avance de los nipones desde los emplazamientos del entorno. Se hablaba de brutalidades, de acciones inenarrables contra la población.

No dio crédito a las palabras de su amigo y decidió averiguar por si mismo. Se dirigió hacia el hospital y allí, en complicidad con un médico conocido, ingresó al depósito de cadáveres.

El olor era insoportable. Cuerpos apiñados contra las paredes se desparramaban unos sobre otros. Todo el contorno estaba cubierto de sangre seca, de un extraño color entre anaranjado y marrón.

Caminó entre los cuerpos. Algunos estaban sobre camillas. Un bulto muy pequeño le llamó la atención y le quitó la manta ensombrecida que le cubría. Era un niño de unos siete años. Por todas partes tenía heridas de bayoneta.

Se quedó helado. Su amigo médico le hizo volver. Le mostró otros restos. Uno de ellos era el de un civil. Todavía reposaba a su lado un sombrero de ala ancha completamente cubierto de sangre.

Estaba carbonizado y era evidente que le habían arrancado los ojos. Una de sus manos había sido cercenada y sus órganos sexuales habían sido arrancados, no cortados, arrancados.

Las escenas fueron descritas en su diario. Por la noche, al llegar a su casa, hacia el norte, cerca del edificio de correos, el hombre, llamado John Rabe escribió con mano temblorosa todo lo que había visto. Se detenía a cada momento porque sus ojos se anegaban de llanto y debía quitarse los anteojos para secar sus lágrimas.

En una hoja en blanco escribió con tanta fuerza que rompió el papel. Sus palabras eran duras y cortantes, la firmeza de la mano sobre la superficie dejó grabadas esas letras con fuego. “Un hombre no puede mantenerse en silencio ante tanta crueldad”, rubricó.

Para ese momento, las tropas japonesas habían ocupado la capital china. Los soldados sacaban a los hombres, mujeres, niños y niñas de sus casas. Los empujaban a culatazos hasta los camiones, donde los lanzaban como fardos.

En las afueras de la ciudad, cerca de un vertedero los alineaban contra los cascotes de un muro carcomido por las bombas. Allí les disparaban a mansalva, sin importar edad, condición o sexo.

Antes, violaban a las mujeres y a las niñas. Era una pavorosa demostración de lascivia, un festival de sangre y dolor. Durante semanas, sometían al escarnio del ultraje sexual a todas las mujeres para después pasarlas por las bayonetas o abatirlas con los fusiles.

John Rabe era atormentado por las pesadillas. Todas las noches despertaba gritando, sudoroso y con los ojos desorbitados se asomaba por la ventana en busca de fantasmas.

Con un grupo de occidentales, estableció lo que se conoció como la zona segura en Nanjing. Allí, en sótanos, bodegas escondidas detrás de viejos cobertizos, en subterráneos logró esconder a unas 200 mil personas.

Como era alemán y su país era aliado de Japón, Rabe mostraba su credencial del partido Nazi sin despertar sospechas entre los militares nipones.

Un poco parecido a Schindler en Alemania, Rabe, apeló a su condición de comerciante, de empresario necesitado de mano de obra barata y accesible.
Rabe era un poco ingenuo. Creía que el movimiento Nazi era una fuerza reivindicativa de los trabajadores alemanes. Imaginaba de sus líderes, un sentido humanista, les creía poseedores de una visión diáfana del futuro.

Se dice que escribió una carta a Hitler para pedir su intervención contra las matanzas llevadas a cabo de manera sistemática y perversa por sus aliados políticos.

A pesar de todo, Rabe creyó más en la necesidad de servir de forma directa al pueblo invadido y masacrado. Con firmeza intervino ante los militares japoneses para impedir los saqueos y las violaciones. En algunas ocasiones tuvo éxito, en otras se granjeó enemistades entre los oficiales.

Utilizaba los camiones de la compañía de un amigo para hacer salir de la ciudad a miles de chinos. Los conducía hacia las montañas o hacia el mar, desde donde zarpaban en chalupas hechas con bambú.

Al recapitular las actividades de Rabe, se obtiene una conclusión muy clara, no era un anti nipón. Al principio no creía las historias macabras que le contaban sobre la maldad de los soldados, pero después lo comprobó como ocurrió en aquel pabellón de cadáveres.

El coraje de este hombre que salvó a cientos de miles de personas, no fue alimentado por convicciones políticas, sino por el ardor de una conciencia ofendida por los actos barbáricos presenciados.

Los diarios de Rabe apenas fueron descubiertos en la pasada década de los noventa. Hoy se rescata su memoria de tan escandaloso laberinto de muerte y degradación.

Rabe murió en Berlín el 5 de enero de 1950. Había nacido en Hamburgo, el 23 de noviembre de 1882.


Bookmark and Share

Comentarios:
Que esperanzador es pensar que hay hombres y mujeres asì en el mundo...
Enlace permanente Comentario por diana 24.03.09 @ 20:40

Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.

Los comentarios para este post están cerrados.

Blogs
Las crónicas de Juan Fernandez Krohn

Las crónicas de Juan Fernandez Krohn

Mi vocación intelectual, y mi acreditación periodística

Juan Fernandez Krohn

El Blog de Otramotro

El Blog de Otramotro

Sin hacer pellas o fuina

Ángel Sáez García

Ángel Moreno, de Buenafuente del Sistal

Ángel Moreno, de Buenafuente del Sistal

VII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO, “B”, Súplica del perdón

Angel Moreno

Protestantes

Protestantes

Latinoamérica prepara su gran Congreso de Evangelización

Pedro Tarquis

cl@sicodigit@l

cl@sicodigit@l

Paulino Toribio

El BLOG de Juan Antonio ESPINOSA

El BLOG de Juan Antonio ESPINOSA

Hombres sin tierra: presentación-contenido

Juan Antonio Espinosa

Opinión

Opinión

Charo Zarzalejos - Rubalcaba busca el sitio del PSOE.

Humanismo sin credos

Humanismo sin credos

¿Importa conocer de dónde procede lo que se cree?

Asoc. Humanismo sin Credos

El alma del haiku

El alma del haiku

Nadie

Vicente Haya

A contracorriente, el blog de Enrique Arias Vega

A contracorriente, el blog de Enrique Arias Vega

Sudáfrica en la encrucijada

Enrique Arias Vega

Religión Digital

Religión Digital

Cinco caminos para la nueva evangelización del I.D.R.

Religión Digital

Federación de Comunidades Judías de España

Federación de Comunidades Judías de España

Madrid - Acto en la Facultad de Filología de la Complutense

FCJE

Arte

Arte

Las diez recomendaciones semanales de la Guía Cultural

Periodista Digital

Secularizados, mística y obispos

Secularizados, mística y obispos

Entrar en la órbita del poder

Josemari Lorenzo Amelibia

Un país a la deriva

Un país a la deriva

Hasta los webs de los nacionalistas

Vicente A. C. M.

Diario nihilista de un antropólogo

Diario nihilista de un antropólogo

El mapa y el fútbol

Manuel Mandianes

Bokabulario de Fernández Barbadillo

Bokabulario de Fernández Barbadillo

Y por fin Garzón interrogó a Henry Kissinger

Pedro Fernández Barbadillo

Teología sin censura

Teología sin censura

La bondad desconcertante y escandalosa

José Mª Castillo

Gastronomía Navarra

Gastronomía Navarra

Musalinas de salmón - Receta del libro escuela de cocina navarra "El Bosquecillo"

Mª Rosario Aldaz Donamaría

El Blog de Francisco Margallo

El Blog de Francisco Margallo

Carta 24 a un político

Francisco Margallo

Haz de PD tu página de inicio | Cartas al Director | Publicidad | Buzón de sugerencias | Publicidad
Periodista Digital, SL CIF B82785809
Avenida de Asturias, 49, bajo - 28029 Madrid (España)
Tlf. (+34) 91 732 19 05
Aviso Legal | Cláusula exención responsabilidad

redaccion@periodistadigital.com Copyleft 2000

b2evolution Creative Commons License
This work is licensed under a Creative Commons License.
Noticias Periodista Digital | Periodista Latino | Reportero Digital | Ciudadano Digital | Chistes, Videos y Poesias