Adiós Eluana
09.02.09 @ 22:21:16. Archivado en Cultura, Ciencia, Medicina, Tecnología
Finalmente, ha fallecido Eluana. Dijo adiós en silencio mientras en su país se polemizaba sobre la eutanasia, sobre lo justo y lo ético del buen morir. Con levedad, su espíritu abandonó las ruinas de su cuerpo y desapareció entre el bullicio de la ciudad y el jaleo de los periodistas, políticos, médicos y legisladores.
Se enfrentó el Presidente y el Primer Ministro de Italia. El Vaticano expresó su rechazo a que se le asistiera en su muerte. La vida es preciosa, abandonarla por la propia voluntad o, como en este caso, por la de un padre, es pecaminoso; eso se manifiesta desde los aposentos papales.
Después de diecisiete años, los sueños truncados, la vida desecha, el corazón comprimiéndose día a día, reseco, marchito, como una flor sin agua, con la pulsación de un aparato que no dejó de acompañarle hasta este lunes, Eluana se marcha.
Se conformó tal vez con repetir una y otra vez en su interior las escenas de una vida que apenas sobrepasó los veinte años. Estas palabras me recuerdan La Invención de Morel de Bioy Casares.
Un golpe terrible la sumergió para siempre en las tinieblas, cierto día en las calles de su ciudad. Dejó su sangre en el pavimento, tal vez lo último que escuchó fue un frenazo o un crujido de metales o huesos rotos.
Su voz se hizo cenizas ese día, su mirada fue barnizada por la herrumbre de la muerte, sus ojos se velaron y perdieron el color, las pupilas contraidas con la imagen de la desgracia para siempre grabada. Sobre sus cabellos anidaban círculos de luz artificial, a través de la ventana tal vez el armatoste de un edificio de cemento, acero y cristal se asomaba indiferente.
No sabremos nunca si pudo escuchar las palabras del padre, su llanto quedo cuando la vio la primera vez en tan precaria condición y cuando decidió dejarla partir. Jamás nos enteraremos si dentro de si, un torrente de sentimientos se desbocó en el más duro silencio sin posibilidad de fluir a través de las palabras o los gestos, como un eco interminable, como susurros de la brisa en el follaje de un jardín.
Durante más de tres lustros estuvo postrada en una cama. Allí vivió la vida de los fantasmas de otros que partieron y que le invitaban a atravesar el desconocido umbral, allí fue ceñida por una aureola de fantasía y se olvidó su sonrisa.
Por la piel de sus manos fluyeron raíces, duros capilares que empujaban la sangre con pesadez y lentitud hacia un corazón que se encogía y un cerebro que hacía implosión. Dentro de su cráneo habitaba una larva que se convertía día a día en una masa reseca.
La voz circuló en secreto por los pulmones, ascendió por el tubo óseo de la tráquea, se asomó hasta la garganta, rozó el paladar y la lengua, pero no pudo articular una sílaba, una palabra, ni siquiera un balbuceo.
Por esa horrenda oscuridad navegó olvidando el tiempo. El espacio dejó de existir y se convirtió en una dimensión sin direcciones, sin distancias, sin puntos de referencia.
Ahora se lanza a una aventura mayor, la de partir hacia lo ignoto, hacia los mundos de ficción tantas veces proclamados por los mitos y los dogmas, la de abandonar por fin la cárcel de la materia, la horrenda ergástula donde le aprisionó un accidente de tránsito y donde se hizo de una máscara para no asomarse con su verdadero gesto de eternidad, hasta hoy.
Su corazón se ha detenido, los aparatos dejaron de pitar, desconectados aguardan un nuevo cliente de su iniquidad. Eluana se despide dejando deslizar su aérea mano sobre el cabello del padre que con los ojos enrojecidos ahora descansará.
Comentarios:
Comienzas con la ironía sobre la discusión, los enfrentamientos entre estamentos políticos y de la Iglesia tratando de decidir si es justo quitarle la vida (y me llama la atención el término que utilizas, "preciosa"), a una mujer que se encuentra en las condiciones que ya sabemos.
Ahí dejas la cuestión y te acercas a Eluana, y de una manera poética, en un exquisito texto lleno de delicadeza y lirismo nos describes la situación de la chica.
Pero ¿acaso se trata de quitarle la vida?, ¿acaso es su padre un asesino?, ¿acaso Eluana tiene vida?
No sé, no soy científica, no soy médico, pero me pregunto ¿Eluana no murió el día del accidente? ¿Su alma, su espíritu permaneció en ese cuerpo?...
Creo que no debemos olvidar que la muerte forma parte de la vida y, si nacemos, también tenemos que morir para liberar al alma de un cuerpo caduco y dejarla que continúe su camin...
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Roderick Guzmán Meza


