Eutanasia: El caso de Eluana Englaro
06.02.09 @ 21:28:02. Archivado en Religión, Ciencia, Medicina, Tecnología
Nos hemos enterado del caso de un padre que pretende desconectarle los aparatos que mantienen con vida a su hija. Decisión de terrible envergadura, de un tamaño colosal para este individuo. La eutanasia, una vez más, se convierte en objeto de polémica.
Esto ocurre en Italia. La joven Eluana Englaro, sufrió un accidente automovilístico hace 17 años. Hoy, en su estado vegetativo, en su vida asistida, tiene 39. Dormida por casi dos décadas, se encuentra en la gravedad del vacío, leve y traslúcida, ligada a la materia por flujos artificiales de alimentos.
Con casi dos décadas de oscuridad y silencios, la conciencia de Eluana ha podido perder su identidad, es posible que su mente apenas sean chispas desperdigadas de un proceso en lenta extinción. Su contacto con el mundo exterior es como el roce de un filamento de telarañas sobre la corteza de un árbol.
Su cerebro ha soltado amarras y los pensamientos vagan por la inmensidad de un éter sin luz ni sombras. Ni lunas ni estrellas, ni viento ni sol, ni amor ni pasiones. Apagada la función vital, su organismo es socorrido por pulsiones rítmicas que no tienen identidad ni independencia. Su mente vaga por abismos o inmensas estepas de mutismo y tinieblas.
El padre de Eluana ha llegado a un punto donde sus fuerzas ceden Ha dejado parte de su vida en la contemplación de un rostro sin gestos, con el recuerdo de una mirada que se ha apagado y de una voz que se ha olvidado.
Sus manos tiemblan cuando acaricia el rostro marchito de Eluana. Le habla en susurro, con la voz convertida en un hilo. Le da un beso en la frente; sobre la superficie, a veces, anidan criaturas de luz imperceptibles para los facultativos.
Su apego inicial pudo haber sido una demostración de egoísmo, pero también de esperanza. Entre retener a su hija y permitirle marchar no había posibilidad de decidir sin que un manto de culpa le cubriera. Ahora, rendido, cansado, atribulado por la noche que sobre él se abate, reclama el derecho que a morir con dignidad, tiene su hija.
El caso ha motivado divisiones y polémica en Italia, tanto así que ahora es una crisis política. El primer ministro del país europeo, Silvio Berlusconi, expidió un decreto por medio del cual permitía el acto de piedad, la eutanasia, al buen decir de sus favorecedores.
Sin embargo, el presidente, Giorgio Napolitano, se negó a firmar la disposición de Berlusconi y ordenó a los médicos continuar suministrando alimentación y agua a la ausente Eluana.
El padre de Eluana lleva ya diez años luchando contra los tribunales de su país, para lograr el eterno descanso de su hija, a la que ha visto inerme sobre una cama de hospital durante casi veinte años.
El año pasado estas instancias consideraron que el coma en que se encuentra la mujer es irreversible y debe permitírsele morir.
La conservación de la vida humana es prioridad para todos, los códigos, la jurisprudencia, la misericordia y el sentido común lo reconocen. No obstante, ¿a qué podemos considerar vida plena? ¿A los procesos biológicos sostenidos por aparatos y por el suero que se inocula en sus venas, a la posibilidad de que el cuerpo aloje un alma o a la esperanza en una restitución de la vitalidad?
No sabríamos contestar a estas preguntas. No tendríamos respuesta si se nos consultara. Un hecho de tal magnitud, no solo enfrenta valores éticos, sino también el instinto de la supervivencia. Es cuestión de experimentar la situación como una vivencia propia y no por referencias periodísticas. Seguro no querríamos estar en una encrucijada como esta.
Ante la eventualidad de que un familiar o uno mismo, se encuentre en tan espinosa situación, podría imponerse la suspensión del sufrimiento, la resignación ante la pérdida o acaso, aferrarnos a la última posibilidad de recuperación. ¿Por cuál optaríamos?
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Roderick Guzmán Meza


