Panamá: Campeón de la Copa de Naciones de Fútbol de Centroamérica
02.02.09 @ 21:02:24. Archivado en Panamá, Deportes
Panamá no es una potencia futbolística ni en Centroamérica ni en el Caribe. Sus equipos siempre habían obtenido resultados modestos. Sus movimientos han sido un tanto lentos y hastra frustrantes al ser comparados con otros deportes colectivos como el béisbol o el baloncesto.
Uno que otro acierto le ha permitido a la patria de Mano de Piedra Durán, Irving Saladino y Lafitt Pincay, ascender en la clasificación de la Federación Internacional de Fútbol Asociado. Pero todavía hace falta un trecho considerable para instalarse entre los poderosos del área.
Sin embargo, el trabajo constante, el esfuerzo, la voluntad, el talento de sus jugadores y un director comprometido con la camiseta, ahora rinden frutos. En la Copa de Naciones,organizada por la Unión Centroamerican de Fútbol - UNCAF - y que ayer culminó en Honduras, los atletas panameños levantaron el trofeo que les consagra como nuevos titulares del fútbol de la zona.
Llegaron al torneo ataviados con el ropaje de la cenicienta, andrajosos y por la puerta de atrás. Llenos de ceniza y hollín, apenas sus jugadores llamaban la atención de los medios de comunicación. Los periodistas les ignoraban y preferían escuchar las declaraciones de ticos, salvadoreños, hondureños y guatemaltecos, más proclives al protagonismo, más en sintonía con los lauros y las medallas.
Es más, su primer encuentro ante los de Costa Rica con un desfavorable resultado de 0-3, le ubicaban en la línea de los tempranamente eliminados, en la franja de los que regresan a casa a ver el resto del torneo por televisión.
Pero el combinado canalero tenía otros planes. De la mano de su director, el inglés residente en Panamá, Gary Stempel, se sacudieron la ceniza y el fango, cambiaron su indumentaria por la de los caballeros y se lanzaron a la conquista de la máxima diadema. Divisaron con claridad el marco rival, apuntaron e hicieron diana.
Guatemala fue el primero en experimentar la reversión del sentido de eficacia de los panameños que le encajaron un gol de antología en los botines de Ricardo “el Patón” Phillips, suficiente para dejarlos a un lado del camino en su carrera hacia el título.
Ese gol ha de haber sido como el estruendo de una bomba en la capital chapina. Las redes fueron quemadas por el zapatazo de Phillips, que disparó sobre la marcha mientras del portero miraba el declinar de la tarde sobre las paredes de la última gradería del estadio.
Después, los de casa, los hondureños, en su propio estadio, el Tiburcio Carías Andino de Tegucigalpa, vieron accesible su posibilidad de acceder a la final, cuando los de la “Marea Roja”, se irguieron como sus rivales de la fase previa.
En este momento, la historia estaba para ser cambiada, para ser contada con un acento más caribeño, para ser escrita con frases de diferente sabor. Los hombres del canal vulneraron la portería de su adversario tres veces, en tanto que la suya quedó intacta. Honduras no salía de la sorpresa. Fusilados contra la muralla occidental de su propio feudo, vieron como un nimbo de luz coronaba la testa de sus vencedores, mientras ellos recibían la reprobación de su público.
Esto era lo que quería Costa Rica. Ya habían vencido a los istmeños en el debut, así que en la final pretendían acribillarlos, destruirlos, convertirlos en hilachas. No sería la primera vez que Tiquicia (como bien dice un fraternal amigo) tuviera en su mira a Panamá y tampoco sería inédita una victoria contra el vecino del sur.
Pero una vez más, los panameños no creían en las hipótesis de su rival, parecían desconocer los anales de este deporte. No tenían la menor idea de que ellos debían ceder algún palmo de su territorio para darle paso a las hordas josefinas.
Claro, los ticos fueron magníficos, tuvieron momentos de magia y de efervescencia, no capitularon, pero tampoco los del istmo, quienes veían en las casi vacías gradas a un puñado de compatriotas ondear la tricolor con frenesí, con éxtasis.
Transcurrió el tiempo reglamentario. Noventa minutos de entrega, de fuerza, de estrategia y control por ambas partes. Panamá no cedió ante los embates de su rival y al contrario, creó estupendas ocasiones para destruir su defensiva.
Después de la intensidad de esa hora y media, en la que Panamá resultó ser otro, ninguna de las dos vallas fue abatida. Los ticos no creían que sus mejores delanteros habían sido incapaces de repetir la dosis a la aparentemente débil escuadra vecina.
Entonces vinieron los tiros desde la línea de las penalizaciones. Panamá estuvo impecable, ni un solo error. Sus lanzadores fueron fríos, calculadores, certeros y con elegancia convirtieron sus dianas, en tanto los ticos vieron con estupor como uno de sus arietes erraba un tiro que se perdía por el lado derecho de la portería panameña defendida por Penedo.
Al final, Panamá logró marcar todas las veces que estuvo sobre la mancha de los doce pasos y los costarricenses no tuvieron ya porqué patear el quinto, abrumados por la derrota que se aproximaba con su rostro de monstruo antediluviano.
Tal era la percepción que tenían los demás equipos de Panamá que los chapines dijeron al perder con los canaleros, que su selección había tocado fondo. Así ha de haber ocurrido a todos, sumergidos en un abismo, lanzados al precipicio de la soberbia deportiva donde ahora tratan de restañar las heridas de la titánica refriega. Panamá es campeón por primera vez.
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Roderick Guzmán Meza


