Parece que leer es sexy.
12.12.08 @ 22:18:17. Archivado en Cultura, Literatura
Para algunas personas, leer un libro puede ser una experiencia hipnótica, muy cercana a la narcolepsia, por utilizar una analogía tal vez un tanto exagerada. Pero es así.
Leer podría ser un acto hedónico, una acción placentera y no una forzosa aventura, tal como se ha acostumbrado a los jóvenes inmersos en determinados sistemas educativos.
Una información aparecida en un medio virtual da cuenta de que casi la mitad de los hombres y un poco más de un tercio de las mujeres, reconocieron haber mentido sobre los libros que habían leído.
Según la nota, habían falseado los datos sobre su cultura literaria para impresionar a los amigos y a potenciales parejas. Esto es una demostración de que la lectura es un elemento importante al momento de establecer relaciones de cualquier naturaleza.
La persona culta, el individuo o la dama letrados producen la admiración de sus interlocutores. Su forma de hablar, de conducirse, sus modales deberían poseer un brillo muy particular para encandilar a la masa desposeída de ilustración.
De acuerdo a los datos suministrados por la información, la encuesta asegura que los hombres son más aficionados a falsear su hoja de vida para aparentar ser más intelectuales y con un poco de suerte hasta románticos.
Sin embargo, en la realidad son pocos los individuos que muestran una verdadera afición por la lectura. La mayoría convierte las páginas de un texto en una carretera difusa por donde hormiguean innumerables puntos oscuros.
Otro grupo logra mantener la atención durante varios párrafos y hasta páginas. Es posible que en su memoria, retengan el hilo de la trama, pero dejan a un lado el libro tan pronto algún otro estímulo llama su atención.
Dice la noticia que cuatro de cada diez consultados han reconocido sus mentiras, sobre las obras leídas, tan solo para impresionar, para atraer la atención del grupo en el que se encuentran.
No fueron pocos los que manifestaron haberse enterado de tal o cual poema, cuento o novela a través de una reseña encontrada de manera casual en la red.
Así mismo, confesaron los falsos lectores que llevaban un libro consigo, cuando aguardaban la llegada de la persona con quien tendrían una cita, tan solo para causar buena impresión.
Leían la contraportada o las solapas del libro para tener una idea general sobre lo que en él estaba escrito y después se vestían con la chaqueta del conocedor para lanzar sus frases.
Lo curioso es que este porcentaje de individuos de ambos sexos que liga la cultura literaria con la búsqueda del amor o la aceptación por parte de la persona que les interesa, no son precisamente empedernidos lectores.
¿Por qué entonces se decantan por crear una imagen que no podrán sostener si son aceptados y la otra persona pasa a formar parte de su vida?
Será la diferencia, lo exótico de la imagen de quien siente atracción por actividades que sobrepasan el interés de una masa, cada vez más inmersa en las pantallas de cristal líquido de los televisores plasma o en las de los ordenadores.
¿Acaso existe dentro de nosotros la sospecha que la inteligencia, la cultura, el conocimiento también son elementos que ejercen atracción sexual?
"Cuando era joven leía casi siempre para aprender, hoy, a veces, leo para olvidar."... Giovanni Papini (1881-1956), escritor italiano.
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Roderick Guzmán Meza


