La noche oscura del Real Madrid
02.12.08 @ 20:34:14. Archivado en Cultura, Deportes
Al Real Madrid debe estarle ocurriendo algo tenebroso, singularmente maligno. Las últimas dos copas relucientes en sus vitrinas han comenzado a oxidarse. Los jugadores se muestran apáticos y el técnico, desde la banca, parece observar un horizonte de arena.
Se dice que en los camerinos hay neblina, un vaho pestilente que todo lo trastoca y en todo el estadio se respira un aroma de cieno. El uniforme blanco, la entidad merengue, los antiguos galácticos parecen deslizarse por una fosa interminable hacia una edad de tinieblas.
Algo debe haberse instalado en el cerebro de los jugadores y del entrenador; algún huésped indeseable de las lejanas galaxias de donde provinieron, que succiona el talento de los aún campeones de la liga.
En la cancha los errores son como pesados fardos que aplastan a las estrellas contra la grama. A veces parecen estar detenidos en un limbo, en una dimensión alterna, mientras sus rivales se mueven a velocidades de vértigo.
Los conocedores de fútbol lanzan sus dardos contra el actual presidente, Rafael Calderón y sobre él descargan sus iras. Ha tocado con manos estériles, de azufre, el campo de vasta producción de títulos, dicen los expertos.
Según los especialistas, la debacle llega hasta la depredación de la mística, al quebrantamiento de la dignidad de la organización y de los atletas. Les han ofrecido dinero, mucho, sin reparos, sin asco, si logran ganar los próximos partidos.
¿Será acaso que los astronómicos salarios que cobran no son para que lleven a la corporación alba a la consecución de triunfos? ¿Se hace necesario un estipendio extra para motivar a este exquisito cadáver que se pudre en el invierno ibérico?
Pisan la cancha llenos de entusiasmo y posturas grandilocuentes, se sienten campeones, héroes de cientos de epopeyas, pero tan pronto rueda el balón, comienzan los entuertos contra su historial. Se asoman monstruos antediluvianos que los mordisquean hasta la inutilidad.
Fue vapuleado el Real Madrid por un modesto equipo de la tercera división. Le bailaron un fandango de figuras geométricas, les tejieron un vestido de sombras y no les quedó más remedio que retirarse a los camerinos con la franela de la humillación salpicada por el fango del desconsuelo.
No somos expertos en esta materia, pero nos inclinamos siempre por este glorioso combinado. Un equipo de oro que relució en tantos torneos como el mejor del orbe. Ahora asistimos con pena a su martirio.
¿Dónde queda entonces, Bernard Schuster en toda esta vorágine de espanto? Antes era aplaudido como el sabio que rescató al Madrid del vacío que se presagiaba en la mirada distorsionada de Fabio Capello.
Ahora todos le gritan improperios a Schuster. El alemán tan solo se cruza de brazos y se muerde las uñas. Sabe que su fin se acerca y nada puede hacer porque él también ha sido contaminado por la abulia y la insolvencia.
Lo tienen arrinconado, con todas las ballestas apuntándole. Tan solo esperan que baje el pulgar para que las saetas le traspasen y lo envíen al mundo del olvido.
Pero, el resto del equipo, aquel que deslumbró a todos, que brilló como una galaxia de luceros en la mañana, ¿se ha dejado envenenar por su propia grandeza?
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Roderick Guzmán Meza








