Lluvias e Inundaciones en Panamá
26.11.08 @ 21:08:19. Archivado en Biografías
El texto de ayer era una anticipación, una forma de descargar la aflicción ante la impotencia que produce la tragedia. Describimos con cierta propensión a la catarsis esta relación de sucesos que hoy sumen en la laguna Estigia de la pena a dos provincias de Panamá.
Un frente frío se había instalado durante el pasado fin de semana sobre las provincias de Chiriquí y Bocas del Toro, limítrofes con Costa Rica. Es lo usual en este época para un país que tan solo tiene dos estaciones, la seca y la lluviosa. La entrada de diciembre trae consigo también los primeros ardores de la temporada conocida popularmente como verano, aunque de esto no tenga una pizca.
Primeros fueron las lloviznas con sus gotas sutiles, casi invisibles, como pequeños espadines de plata que apenas rozan la cara. Después el tumulto gris de nubes rasgado por los relámpagos y el furor de la lluvia en toda su virulencia.
Se esperaba que el salvaje golpeteo del agua contra la tierra se calmara en breves horas. Nadie imaginaba que los cánones climáticos se habían trastocado y olvidado las costumbres. No cesó la tormenta, no dejaron de erosionar las orillas de los ríos, de derrumbar los peñascos, de socavar las bases de los puentes y las carreteras.
Una avalancha de agua se lanzó sobre el caudal habitual de los ríos hasta rebasarlos y establecer otra dirección para su cauce. Pronto vinieron las inundaciones, las avalanchas, los derrumbes, la destrucción de las carreteras, puentes, iglesias, hortalizas, casas y otras estructuras.
En el caso de la provincia de Chiriquí, además de sus atractivos turísticos, su producción de legumbres es la más importante del país. Se calcula que el 95 por ciento de los cultivos consumidos en Panamá proviene de esa región.
En las tierras altas (Cerro Punta, Volcán, Boquete, Río Sereno y otras) los efectos del desvío del cauce del río Caldera han sido devastadores. Al menos cinco personas han muerto en las áreas indígenas y campesinas y otras diez han desaparecidos.
Mientras tanto, en Bocas del Toro, el río Sixaola se ha desbordado y arrasado con poblados rurales y el agua que desciende de las montañas ha elevado el nivel de tres brazos de sus afluentes. Aquí han muerto otras cuatro personas y desaparecido unas seis.
La carretera que une la ciudad de Changuinola con el resto de los distritos de Bocas del Toro ha sido parcialmente destruida por la riada y decenas de transportistas que conducen hacia y desde Centroamérica, han quedado varados sin posibilidad de movilizarse hacia sitios más seguros.
Ha llovido durante tres días seguidos y se esperan, según reportes meteorológicos, más precipitaciones para las siguientes cuarenta y ocho horas.
La ayuda del gobierno se ha tornado un tanto compleja debido a la distancia (más de 500 kilómetros desde la capital) y al estado de los caminos. Tan solo se puede acceder por aire y mar y considerando el estado del clima, este último recorrido podría ser también de sumo riesgo.
No obstante, el apoyo ha comenzado a materializarse. Varios helicópteros del Servicio Aeronaval se han posado en los aeropuertos de Changuinola en Bocas del Toro y Enrique Malek de Chiriquí, con alimentos, agua embotellada, ropa, frazadas, medicamentos, leche y otros enseres que servirán a los damnificados para enfrentar la penosa situación en que se encuentran.
También aeronaves de los Estados Unidos han llegado a territorio panameño con material de ayuda.
Hasta el momento se calcula que el 10 por ciento de la producción hortícola de las tierras altas de la provincia de Chiriquí podrían haberse perdido, en tanto que en las áreas comarcales se han visto afectadas unas 4 mil personas.
Muchos turistas que visitaban Bocas del Toro han tenido que dormir en el aeropuerto local, mientras se organiza la manera de movilizarlos hacia otro destino más seguro.
El hospital de Changuinola enfrenta la escasez de equipo médico para realizar operaciones, así como agua potable y otros suministros indispensables.
De igual manera el Sistema Penitenciario ha manifestado que no se encuentran en capacidad de poder proporcionarles alimentos a los 272 reclusos de las cárceles de la localidad.
En algunos refugios se reparten platos de arroz con lentejas. Igualmente, se procede a levantar un censo de las personas que han perdido todas sus pertenencias para tomar las medidas pertinentes.
Sirven de albergue algunas iglesias, el estadio de la localidad, hoteles, las escuelas que no han sido afectadas y hasta comercios y casas particulares.
En el día de hoy, el clima ha reducido su violenta manifestación y ha permitido la realización de doce vuelos de helicópteros hacia Bocas del Toro, en términos personales, tal vez la provincia más afectada.
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Roderick Guzmán Meza








