Facebook: entre espías y delincuentes
24.11.08 @ 21:26:34. Archivado en Cultura, Ciencia, Medicina, Tecnología
Los adelantos tecnológicos han dado un vertiginoso impulso a la comunicación personal. Las dimensiones tiempo y espacio comienzan a convertirse en un asunto nebuloso.
Nada de lo que se diga de la Internet, los correos electrónicos, blogs, salas de chat y páginas personales es novedad. Son herramientas comunes de comunicación, investigación y búsqueda. No era así hace algunos años cuando cartas, teléfonos y telegramas sobresalían.
Hace algún tiempo, breve, no tan prolongado, se ha establecido como mecanismo de intercambio personal, la red cibernética conocida como Facebook. Esta herramienta incorpora en su agenda casi dos millones de nuevos usuarios cada semana y su éxito tal vez depende de la condición del ser humano del siglo veintiuno, un tanto solitario y perdido en la jungla de circuitos electrónicos, en la celeridad de la vida, en el consumo narcisista y en la adquisición de bienes.
La famosa red ha permitido encuentros y desencuentros, ha estimulado la aparición de relaciones antes impensables con personas de las antípodas, de culturas diferentes a los que, ni el tiempo ni los husos horarios,han impedido relacionarse.
No importan ya el idioma, ni la tradición, todo el mundo se encuentra disponible y puede ser sujeto de contacto si ha dejado información sobre su persona registrada en alguna parte del universo virtual. Ahora ha aparecido una nueva tendencia.
Resulta ser que en un país latinoamericano, los delincuentes que no por ello han de ser iletrados, analfabetas o torpes, conocen a la perfección el funcionamiento de estos sistemas y han modificado las aparentemente inocuas relaciones entre los cibernautas. A partir de allí comienza esta muy vacua, pero preocupante historia
El mencionado Facebook ahora sirve de plataforma para que los marginales y los individuos del mal vivir, acechen a personas que han conocido a través de este sistema. Ingresados al sistema, armados de paciencia y con la sutileza de la serpiente, acechan a sus víctimas.
También se ha especulado sobre la posibilidad de que organismos de espionaje (servicios de inteligencia) husmean por esos lares para indagar sobre las inclinaciones, hábitos y gustos de los usuarios.
Se hacen amistades, vagan por los inmensos espacios donde habitan los fantasmas y los orbes sin sustancia, sin encontrar más obstáculos que el mal funcionamiento del servidor o del propio aparato.
Con la minuciosidad del orfebre, escudriñan listas, grupos y colectividades. Se acercan para conocer la disponibilidad de diálogo de los enlistados hasta que encuentran lo que buscan.
Estudian los perfiles de los elegidos, las direcciones electrónicas, las materiales y después comienzan el acoso y hostigamiento. No son pocas las denuncias recibidas sobre amenazas, injurias, calumnias y posibles secuestros o asesinatos.
Relacionarse con quienes poseen espacios en este universo virtual no es difícil, para eso se ingresa en los perfiles personales establecido por el sistema. Allí encuentran a su disposición los datos necesarios.
Después se lanzan a la cacería de los desprevenidos cibernautas que son fácilmente accesibles. Es posible hacerse un perfil de quienes acuden a estos sitios para buscar amistades. Abundan los que desgastan su tiempo, los ciberadictos, los solitarios, los angustiados; pero también los farsantes y los enmascarados de la perversión.
Han sido muchas las denuncias durante el último mes. Los ciudadanos adscritos al Facebook de aquel país y quien sabe de cuál otro, han comenzado a sentir preocupación por la invasión de sus privacidades. Al principio se pensó en la acción de bromistas, pero después, al ver fotos manipuladas de personas ensangrentadas se le ha dado otra perspectiva al hecho.
Una señora que enviudó hace dos años, recibió de regalo un ordenador o computadora de parte de sus hijos. La dama, para paliar su soledad, se inscribió en el citado mecanismo de interrelaciones. Allí pasaba algunas horas de charla casual con los adscritos.
Pero un buen día, un individuo entró a su implícito territorio e hizo buenas relaciones con la enlutada. No tardó en derribar la muralla de hielo y acercarse a la solitaria mujer. El sujeto comenzó a requerir de su interlocutora información que a ella le pareció demasiado sospechosa.
Cuando ya el asunto adquiría tonos diferentes, la viuda reportó a la policía la invasión de su privacidad por parte del hombre que ante las negativas de conocerse, ahora amenazaba con matarla. Una tarde, poco antes de la cena, la señora ingresó a su sitio y descubrió que le habían instalado una fotografía retocada donde ella aparecía ensangrentada. El pie de la foto decía algo como: “Póngase las pilas porque puede aparecer muerta”.
“Pensé que era una broma”, dijo la afectada. Los jóvenes se gastan chanzas de este tipo. Creí que era un chiste de algún muchacho, agregó. Pero la situación no se mantendría de ese tamaño. Cierta mañana al salir de casa, encontró un sobre. Dentro, una nota le advertía que si no entregaba una cierta cantidad de dinero, sería secuestrada o asesinada.
Al parecer esto ocurrió con otros usuarios del sistema que también hicieron las denuncias respectivas.
La afectada borró el contacto pero no poco tiempo después se enteró de que su cuenta de correo electrónico había sido secuestrada y a través de ella la habían intentado desprestigiar. Después llegaron las exigencias de dinero para terminar con los mensajes intimidatorios.
Todavía el caso no ha sido resuelto, pero los administradores de los servicios de Internet en aquel país, han comenzado a investigar la forma de bloquear algunos ingresos, tomando en cuenta todo lo que se escribe.
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Roderick Guzmán Meza








