Terrorista Internos
20.11.08 @ 20:25:08. Archivado en Cultura, Política, Elecciones
Los enemigos de George W. Bush han sido los extremistas islámicos. Por supuesto, también de su país y de lo que representa su hegemonía, su estilo de vida, su democracia consumista y su libertad casi desnuda.
Durante ocho años la sombra del terrorismo sobrevoló Estados Unidos y dejó tras su paso los escombros de los símbolos del poder capitalista, las Torres Gemelas.
La versión oficial de la historia señala que los fanáticos de la yihad acecharon cada pulgada del territorio estadounidense y asestaron horrendos y traicioneros golpes a los países libres de occidente.
Pero Bush se irá de la Casa Blanca el próximo 20 de enero y a partir de ese momento, otro será el que tome las decisiones. Barack Obama dirigirá desde el Salón Oval la singular historia del país, trayendo consigo una herencia de injusticias étnicas.
Tal vez Obama de un giro a la política internacional del país. Es posible que le veamos hacer llamados para el entendimiento a quienes han sido considerados tradicionales enemigos.
Irán, Corea del Norte, Cuba, ya de vieja data en la lista negra del Departamento de Estado, podrían establecer provechosos diálogos con un hombre mucho más inteligente y bienintencionado (al menos eso parece) que su antecesor, adicto al estruendo de las bombas.
A esta enumeración han de agregarse Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua, tan solo en América Latina. La región, hastiada ya, dio un giro a la izquierda y se decantó por buscar cierta cohesión que hasta ahora le ha negado la historia y otros males.
Pero aparte de estos procesos de acercamiento y de la posibilidad de malos cálculos en sus intenciones, Barack Obama debe tener precaución con un peligro que nace en el interior de la nación que comenzará a gobernar en enero.
En el Servicio Secreto se piensa que Obama atraerá a un riesgo de otro matiz, con tonalidades más domésticas y de una cercanía casi de vecindario. Los agentes hacen referencia a los extremistas internos, a los locos intoxicados por los prejuicios que abundarán ahora que un negro ocupa la más alta magistratura del país.
Existe una mayor posibilidad de que Obama deba enfrentar esta amenaza que, por supuesto, no tuvieron ante sí sus predecesores. Los desquiciados racistas estarán allí, a la espera de que se presente la ocasión para reclamar lo que ellos consideran el país que le legaron sus antepasados.
Esto puede tener mayor sentido si se toma en cuenta que todos los atentados contra los presidentes de Estados Unidos han sido cometidos por ciudadanos de ese país, recordemos los magnicidios de Abraham Lincoln hasta el último intento contra Ronald Reagan, con el justo medio que recayó en John F. Kennedy.
No se puede negar el carácter histórico de la victoria de Obama y el descontento y rechazo que ha podido producirse en los sectores blancos radicales, aquellos agrupados en cofradías, logias y grupos tan aterradoramente célebres como el KKK, no podrá esconderse por mucho tiempo.
No se han ventilado en los medios de comunicación, algunos incidentes racistas ocurridos en todo el país. Uno de los últimos ejemplos señala que estudiantes de segundo y tercer grado de primaria gritaban durante un recorrido en autobús: “maten a Obama”.
También se ha dado cuenta de una apuesta que se realizaba en una tienda en Maine. Allí los parroquianos apostaban un dólar por la fecha en que supuestamente Obama podría ser asesinado. Un letrero en el cristal de la ventana decía: “ojalá alguien gane”.
En otros sitios como Kansas y Missouri las casas de los simpatizantes del nuevo presidente amanecieron sembradas con cruces en llamas. También se han pintado muros y paredes con leyendas alusivas a un atentado contra el futuro gobernante.
En Nueva York, la misma noche en que se conoció el triunfo del candidato demócrata, unos jóvenes blancos se bajaron de su automóvil para golpear con un bate de béisbol, mientras gritaban: “muere Obama”, a un adolescente negro.
Este racismo es complementado con las acusaciones de Sarah Palin, quien calificó a Obama de amigo de terroristas. Esperemos que Estados Unidos haya madurado lo suficiente para no cargar sobre sus espaldas la culpa de otro crimen. Todavía no han saldado viejas facturas.
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Roderick Guzmán Meza








