Sobre las semejanzas y diferencias del amor y el odio
29.10.08 @ 20:24:45. Archivado en Cultura, Ciencia, Medicina, Tecnología
Alguien dijo alguna vez que la emoción opuesta al amor no es el odio, sino la indiferencia. Al parecer, las últimas investigaciones confirman esta expresión popular.
La sutil línea entre amor y odio, la frontera entre los dos fantasmas, termina por enfrentarlos y otorgándoles las mismas facciones. Tienen igual consistencia, espesor y no se diferencian en colores sino en matices.
Los expertos han investigado las reacciones de varios individuos al observar la foto de alguien a quien odian y descubrieron que la zona donde comienza a hacerse presente esta emoción, se encuentra relacionada con el área del cerebro donde el amor se presenta.
Es entonces, en ese sitio, cuando amor y dolor chisporrotean. La fuente que anima esa combustión parece mezclar los mismos elementos.
Por mucho tiempo, el odio ha sido considerado una pasión oscura, un sentimiento primitivo ajeno a los preceptos de solidaridad, misericordia y compasión. Pero ahora comienza a percibirse como una sombra que sigue al amor a todas partes.
¿Será por eso que se odia tan intensamente y con mayor fuerza a quienes se han amado antes? El amor se fractura y permite la aparición de resquicios por donde el odio se introduce para instalarse en el alma y también en el cerebro.
Si se ama a una persona, debemos entonces sospechar que tras esa silueta edulcorada y del color de las rosas y las azucenas como es el amor, se esconde su espectral reflejo, el odio.
Se ha dicho que el rencor debe ser reprimido debido a las consecuencias por dejarlo libre. No obstante, el odio puede vestirse de lino y seda y hablar con suaves acentos y ademanes para hacer frente a quien detesta.
¿Por qué censurar al odio como una entidad negativa, si al igual que el amor, proceden de procesos irracionales y alimentan el arrebato y la locura? A ambos les estimula una emoción, a los dos les impulsa una energía oscura y poderosa.
El amor es irracional, movimiento brusco que hace caer los escudos y las armas. Es fuego que consume y aniquila; lo mismo hace el odio que anida en el corazón y vibra como una serpiente cascabel escondida entre los libros de poemas. El amor puede ser tempestad y el odio leve brisa que barre la arena. El amor puede desatar demonios mientras el odio los ata en un sitio de tinieblas.
¿Es entonces el odio una reacción malvada, totalmente opuesta al amor? Ambos estimulan acciones disparatadas o incoherentes. Los dos pertenecen al mundo subterráneo donde se esconden o disimulan las ideas absurdas.
Pero solo el odio es considerado una desviación. El odio es un desierto, un paraje escabroso, sin luz, donde la voz de la flauta se convierte en alarido de hiena. El amor, por su parte, es imaginado como una flor, las notas de un violín, el tono rosado del horizonte al atardecer o el terciopelo de una caricia.
Dos sentimientos en apariencia opuestos, pero ligados por sutiles filamentos. Ambos sumergen a quien los siente en un abismo, desde donde no puede verse más que un punto distante y difuso: un rostro, un dogma, una creencia.
El odio ejerce influencia química sobre dos estructuras de la subcorteza cerebral: el putamen y la ínsula, pero también lo hace el amor. Destellos y resplandores han sido captados en esta región cuando las dos formas emocionales circulan por sus circuitos.
Sin embargo, existe una diferencia muy interesante. En el amor, algunas secciones asociadas al juicio y el razonamiento se desconectan, en el odio tan solo se desactiva una zona pequeña.
Esto permite comprender que el amor sea siempre un acto irracional, ajeno al pensamiento objetivo, en tanto que el odio conserva su dosis de virulencia, aunque atada y controlada por la razón.
Pero causa sorpresa que dos pasiones tan consumidoras de energía anímica, utilicen cargas diferentes para manifestarse.
Quien ama pierde su capacidad crítica, se introduce en un laberinto donde se puede buscar a si mismo hasta verse reflejado en otra criatura; quien odia puede mantener intacto su criterio y su capacidad de cálculo para hacer daño, lastimar o vengarse.
El amor es particular y exclusivista, si se trata de esa emoción romántica, con matices físicos, pero el odio puede alcanzar a muchos elementos como la raza, la religión, el sexo, la política.
Dirección para hacer trackback a este post:
http://blogs.periodistadigital.com/btbf/trackback.php/198905
Comparte esta información
Comentarios, Trackbacks, Pingbacks:
"Quien ama pierde su capacidad crítica, se introduce en un laberinto donde se puede buscar a si mismo hasta verse reflejado en otra criatura; quien odia puede mantener intacto su criterio y su capacidad de cálculo para hacer daño, lastimar o vengarse".
DE IGUAL FORMA EL AMOR DEBE SER CONSIDERADO UNA DESVIACIÓN, PORQUE CONFUNDE, ANIQUILA, INVADE DE SUFRIMIENTO Y DE LOCURA, DEGRADA AL HOMBRE O A LA MUJER Y LO DEJA SIN VIGOR Y SIN RAZONAMIENTO, SIN DIGNIDAD, ROBÁNDOLE SU ESTIMA Y SU RAZON DE VIVIR PLENAMENTE COMO SERES HUMANOS CARENTES DE DOLOR Y DESESPERANZAS, SUMIÉNDOLOS EN LA DESESPERANZA Y EN OCÉANO DE LA SINRAZÓN.
Todavía no consigo aprender a utilizar la indiferencia.
Roderick, eso del "putamen" ¿es científico...?
Saludos.
So. Andrés Castellano Martí.
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
Roderick Guzmán Meza








