¿Resurge Marx?
21.10.08 @ 21:00:10. Archivado en Economía, Política
La actual crisis de la economía mundial ha estremecido todo el sistema capitalista. Por doquier, los fantasmas de la quiebra y la recesión asoman sus rostros vacíos, sus fauces oscuras. Desde hace años, este estrepitoso derrumbe se anunciaba con un crujido casi inaudible, pero ahora el castillo se derrumba.
Pero esto no ha sido un fenómeno sin antecedentes. La voracidad de los mercados terminó por consumir, cual agujero negro, todo lo que se le acercaba. Bienes de consumo, capitales, recursos naturales han sido absorbidos por la fuerza centrípeta del colapso.
Este desequilibrio le ha devuelto relevancia a Carlos Marx. Cierta dosis de creciente atracción ha comenzado a ser ejercida sobre las nuevas generaciones. No son tan escasos los que ahora afirman que el filósofo alemán tenía razón.
No se trata de desterrar modelos de pensamiento ni formas de vida, sino de reinventar nuestra relación con las fuerzas económicas que rigen el mundo. Establecer nuevos acuerdos éticos que a la juerga de caníbales y acumuladores de riquezas.
Según algunos medios informativos, la compra de El Manifiesto Comunista o El Capital se han centuplicado nueve veces. Es decir, que este año, la demanda de la obra cimera de Marx se ha incrementado en 900 por ciento, en comparación con el 2007.
Sepultado bajo los escombros del Muro de Berlín, Marx yacía aplastado, convertido en una quebradiza lámina, pero ahora resurge con una fuerza inesperada. Su chaqueta polvorienta es sacudida por los nuevos admiradores que vuelven la mirada a viejas ideas para tratar de comprender los nuevos fracasos.
Marx parece haberse distanciado de la interpretación que de su doctrina hicieron los antiguos ideólogos; o tal vez siempre lo ha estado. La singular exégesis ha permitido a líderes y naciones disímiles, aplicar una receta socioeconómica emparentada en un tercer o cuarto grado con el pensamiento marxista.
La forma de aplicar el pensamiento de Marx a los fenómenos económicos y financieros, no tiene necesariamente analogías con la represión, los estados policíacos, las deportaciones o los exilios.
El sistema bancario de las economías capitalistas y todo el sistema se convirtió en un cíclope brutal y voraz. Lanzó desde los balcones de su abundancia las monedas guardadas en los viejos arcones con la certidumbre de recibir diez, cien ó mil veces más de lo que ponían en circulación. Pero los cálculos fallaron y la luz se ha apagado.
Se ha hecho necesaria (impensable hasta hace unos meses) la intervención del Estado para salvar de la quiebra y del colapso total a instituciones financieras de arraigo y rancio abolengo. Se revierte de alguna manera la ecuación establecida para el régimen de economías abiertas, de globalización y liberación de los mercados.
Dos destacadas influencias tuvo Carlos Marx para desarrollar sus ideas: la visión materialista de la historia de Feuerbach y la aplicación de la dialéctica al materialismo auspiciada por Hegel. Sin embargo, optó para su trabajo doctoral la comparación de dos grandes filósofos materialistas de la Grecia antigua, Demócrito y Epicuro.
Marx aseguró hace más de cien años que el capitalismo alcanzaría un nivel muy peligroso de explotación y terminaría por revertir sus tendencias y movimientos para finalmente autodestruirse.
No presagiamos una hecatombe de insospechada magnitud, para evitarlo están los sabios financistas. Pero sí un cambio de línea o una variante de múltiples fases que permita el resurgimiento de la energía que mueve los mercados, hoy demasiado abiertos para impedir la incursión de fuerzas exógenas que desestabilicen sus bases: corrupción, lavado de dinero y delitos conexos.
La mayor paradoja de este estado de cosas se da precisamente en los Estados Unidos, paladín de la democracia, de los derechos humanos y cenit del capitalismo y la economía de mercado donde el gobierno ha debido intervenir con colosales y multimillonaria subvenciones.
Para evitar las especulaciones, el canibalismo y la destrucción de las bases económicas, en manos del capital privado, hasta el crédito parece que estará bajo el control del Estado.
Para evitar las especulaciones, el canibalismo y la destrucción de las bases económicas, en manos del capital privado, hasta el crédito debería estar bajo el control del Estado.
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Roderick Guzmán Meza








