Bin Laden Poeta
17.10.08 @ 22:24:56. Archivado en Cultura, Política, Guerras, Invasiones
La poesía árabe cuenta con una extensa y valiosísima tradición. Luminosos versos, esplendorosas estrofas inundan de luz el parnaso sarraceno. Han sido las arenas los habitáculos propicios para la expresión de su lírica. Igual las montañas, los vados, las caravanas y los palacios; también los minaretes, los claustros, los serrallos, los jardines han nutrido la imaginación de los aedos berberiscos.
Al finalizar el primer milenio de nuestra era se escuchaba la voz pesimista de Omar Khayyam. Su palabra era un hilacho de cielo, un fragmento de zafiro roto por el martillo de Dios. Apreciado en occidente, sin embargo, ha lanzado un manto sobre otros inspirados bardos del medio oriente.
También fue una influyente voz la de Sadi, descendiente de Alí, yerno del Profeta. Escribía con una inspiración moralizante sobre ideales éticos y religiosos del mundo islámico de su época. También Fuzuli es recordado por su poliglotismo, por la edulcorada visión del universo, pero también por la vibración escondida detrás de las sombras. Escribió en árabe, turco y persa. El amor, el sufrimiento y la muerte podrían haberle convertido en uno de los primeros románticos.
Han pasado los siglos y la cultura árabe ha sido acordonada por el prejuicio. Occidente ha esparcido el germen de la malevolencia sobre tan rica ilustración, sobre tan ingeniosa y sensible expresión del espíritu.
Se ha sepultado en la memoria, si es que alguna vez lo supieron quienes hoy le agraden, que a través de los mozárabes, Europa y el mundo recuperaron a los filósofos y trágicos griegos, luego de mil años de oscurantismo. Ellos devolvieron a occidente toda la sabiduría y el arte del pensamiento helénico.
Pero esos son otros tiempos. Ahora los árabes son vistos con desconfianza por los bárbaros. Oscurecida ha sido su reputación y toda su tradición ha sido pisoteada por los llamados cruzados. No entraremos en polémicas sobre la responsabilidad o la razón de los actos recientes de algunos grupos extremistas. Solo evocaremos las fuerzas de la imaginación que perviven en este pueblo de maravillosa fantasía.
Un personaje al que muchos no imaginarían como una alguien sensible y de refinados gustos, es Osama bin Laden. Calificado como un demonio con turbante, como un malvado terrorista y asesino, el hombre nacido en Arabia Saudita y de origen yemení, se ha revelado como un poeta de magnífica sensibilidad y espléndidos poemas.
Al menos, esto es lo que demuestran algunos de los versos por él escritos y grabados en cintas magnetofónicas, capturados por las fuerzas occidentales apostadas en Afganistán, Iraq y varias naciones de la región.
Hay, sin embargo, quienes afirman que Bin Laden ha publicado parte de su poesía. En algún lugar existirán sus obras en formato de libro, códice o papiro. Tal vez en los consabidos jarrones de las tiendas del desierto o en su alforja.
Es posible imaginarlo en alguna región remota, al amparo de una fogata, mientras lee pausadamente, con su voz apenas audible, sus composiciones a un auditorio no tan insolvente como se podría imaginar al conformado por combatientes.
Quienes han conocido a Osama Bin Laden, afirman que su imagen heroica, sus gestos grandilocuentes, no solo sirven para arengar a sus adeptos a tomar las armas contra el enemigo del Islam, sino también para contar divertidas anécdotas o interesantes pasajes de su lucha por la fe.
Los textos en poder de investigadores estadounidenses incluyen sermones, discursos y proclamas diversas, expresadas en bodas, encuentros entre combatientes y hasta en sesiones de reclutamiento.
Es un material conformado por mil 500 cintas grabadas, encontradas en la sede de Al Qaeda en Kandahar, Afganistán, antiguo bastión talibán, atacado por el ejército estadounidense durante las primeras incursiones de su llamada guerra contra el terrorismo.
“Él sigue adelante, tiñe el filo de las lanzas con el escarlata de la sangre. Que Dios me permita ver a esos eminentes señores derrumbarse por la fuerza del alfanje. El guerrero sigue la luz y su corazón es como un címbalo mientras con su mirada férrea y sus manos firmes, se hunde en el humo de la guerra”.
El anterior es uno de los fragmentos de los poemas de Bin Laden que ha podido ver la luz pública. A pesar de su carga bélica, de su intención aleccionadora sobre el valor y el deber del combatiente musulmán, está compuesto con una exquisita sensibilidad para la imagen, para la metáfora y el simbolismo.
“Los señores de las torres de piedra, cristal y hierro, se olvidan del mundo. En sus corazones tan solo anidan los escorpiones. Pero el esplendor de la gloria ceñirá las sienes de los guerreros que cantan sus versos a Dios. Si su sangre es derramada en el campo de batalla, de las noches se colgarán nuevas estrellas y el soplo divino barrera las arenas donde su cuerpo haya caído herido para sembrar flores”.
El tono monótono de la voz de Bin Laden se convierte entonces en ráfaga de fuego, en un estilete que graba sobre la piedra. La palabra es una herramienta indispensable en la gesta que lleva adelante el guerrero y con ella estimula los espíritus de los combatientes, ha señalado un hombre que plácidamente fuma su pipa en el zoco.
Es un reclutador de guerreros para llevar adelante la yihad, apunta un comerciante mientras entrega el cambio a un comprador de melocotones y tabaco.
No deja de aludir Osama Bin Laden a la poesía tribal, base de su cultura, a los versos coránicos y a alusiones místicas. Las montañas son convertidas en refugio, en aposentos de santidad para que sus seguidores eviten las tentaciones y amarguras del mundo secular.
Dirección para hacer trackback a este post:
http://blogs.periodistadigital.com/btbf/trackback.php/196392
Comparte esta información
Comentarios, Trackbacks, Pingbacks:
Los árabes, tansmisores de una gran cultura y guardianes de una elegancia sin igual, parangonable a su furor en la lucha, son inigualables en el arte de la poesía.
No podía ser menos este personaje que siempre me pareció subestimado, menospreciado y quién sabe si falsamente acusado.
La cultura occidental ha dañado mucho la imagen de la árabe. "Los señores de las torres de piedara, cristal y hierro, se olvidan del mundo".
¿Quién sabe si en el corazón de alguno de nosotros no anidará un escorpión?
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
Roderick Guzmán Meza








