Jean Marie Le Clezio y el orden natural
13.10.08 @ 22:01:52. Archivado en Cultura, Literatura
El nuevo Nobel de Literatura, Jean Marie Gustave Le Clézio, nació en Francia y poco tiempo después se radicó junto a sus padres en la isla de Mauricio, en el océano Índico. Es francés y mauriciano, cosmopolita e isleño, contemporáneo y pretérito es su mundo. Educado en la cultura francesa conoce al detalle la obra de escritores como Lautréamont, Zola, Stevenson y Joyce.
Ha escrito medio centenar de libros, entre novelas, ensayos, cuentos y traducciones. Se ha declarado un preocupado defensor del ambiente y se ha plantado firme contra la intolerancia del pensamiento racionalista de occidente.
El mundo indígena de América le resulta mágico, fantástico. Ha comprendido los rituales, el idioma y las tradiciones de los autóctonos del Nuevo Mundo. Panamá y México le han acogido en sus rutas abruptas donde el río brama y la floresta vibra. Para Le Clézio sus libros son iguales a él porque intenta, al escribir, establecer su relación con el mundo cotidiano.
La época es agitada y caótica, ha dicho el autor de Urania. El mundo es bombardeado por ideas e imágenes como nunca antes ha ocurrido en la historia. Una especie de hartazgo atenta contra el equilibrio del ser humano. A la literatura le corresponde asimilar sus ecos y devolverlos interpretados con sensibilidad y honestidad, ha afirmado en una entrevista.
En cierta ocasión manifestó que en esta época ya no se debe pensar que una novela podrá cambiar el mundo o redefinir el sendero por donde se hace la historia. Para el autor de Diego y Frida, los escritores pueden comprobar en estos tiempos lo impotentes que son políticamente, lo vano de sus esfuerzos por transformar y redefinir.
No ha dejado Le Clézio de reconocer que la literatura actual es un intento desesperado por descubrir las fuerzas que mueven el mundo, pero que no muchas veces logra resultados interesantes.
Antes, ha dicho, autores como Sastre, Dos Passos o Camus tenían fe en el destino de la humanidad y a la escritura le otorgaban una especie de poder mágico que algún día podría modificar al ser humano y su relación con el universo, pero eso ya no es posible.
Para el autor de El Africano, la novela debe ser un género inclasificable. Nada debe ceñirla a un modelo específico y su principal característica ha de ser lo multiforme de su estructura, la libertad para la elaboración de pensamientos e ideas que a su vez deben servir de base para su desarrollo.
Esto significa que Le Clézio se decanta por una especie de mestizaje cultural para darle cohesión a sus ideas, reflejo sin duda de la idea de un mundo abierto, multipolarizado, de infinitas variables de conexión.
”Occidente es demasiado monolítico, desde el punto de vista cultural. El urbanismo angustia, atosiga. La tecnología impide el desarrollo de otras formas de expresión como la religión, los sentimientos, la magia, la fantasía y las emociones”, señala Le Clézio.
Desde esta perspectiva, el escritor franco-mauriciano, piensa que el racionalismo termina por convertirse en un obstáculo para entender los fenómenos y los simbolismos del ser humano en su relación con el entorno y en su percepción del universo desde un plano infinito, multiforme y excelso.
Le Clézio vivió entre los indios emberás de Panamá durante la década de 1970. En la densa selva darienita, establece un contacto duradero con este grupo étnico. Se integra a sus actividades, danza con ellos en torno a una fogata, contempla el vuelo del pájaro, la sinuosa ruta de la serpiente, bebe chicha de maíz y duerme en un bohío abierto hecho de pencas ramas de palmera.
Tendido sobre una hamaca escucha el grito de los pájaros, observa la espumosa línea blanca de una nube que se asoma entre las ramas de los frondosos árboles. En ese mundo salvaje y prístino, Le Clézio descubre a los dioses antiguos, los que se han mantenido ocultos de los ciudadanos de las urbes espantados por el escepticismo y la duda.
Los emberás viven en armonía con la naturaleza. Ellos forman parte del entorno, hablan con las voces de la selva y se visten con sus colores. Le Clézio entendió el por qué no es necesario recurrir a autoridades jurídicas o religiosas en esos montes donde vibra la savia de la vegetación y la tierra es la base de una arquitectura rústica pero amigable.
Le Clézio considera que la literatura sólo es fuerte cuando expresa aquellas primeras sensaciones y experiencias. Lo que procede del tiempo de la inocencia, cuando se enfrenta al muro de la realidad donde se han fijado los desencantos y las decepciones.
El anuncio de la concesión del Nobel a Le Clézio llenó de cierta curiosa insatisfacción a algunos críticos. No tardaron en lanzar sus petardos cargados con la pólvora de la malevolencia para desprestigiar la calidad de este escritor quien ha sido siempre una especie de nómada, exiliado o apátrida en búsqueda de una identidad un tanto resquebrajada por el peso de la racionalidad occidental.
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Gracias por darnos esta informacion del nuevo premio nobel y esperando que en el proximo ano sea para America.
Saludos
Tabucchi
¡Enhorabuena por ello y por este artículo! Y ¡enhorabuena a Le Clezio!
En efecto, he leído algo muy por encima sobre el descontento provocado por esta concesión del premio de este año. Sin embargo, no puedo guiarme por simples "oídas" y, por otra parte, he de decir que los artículos de Roderick sobre escritores siempre son sumamente ilustrativos. Él nos muestra al personaje, a la persona, en su contexto vital y nos hace en cierto modo penetrar en su piel y hacernos a la idea de cómo han sido sus vivemcias.
No sabemos de él si es buen escritor (se supone al haber recibido el importante galardón aunque no todos estén de acuerdo) o mal escritor pero, de inmediato sentimos la necesidad de incursionar en su obra.
Leo complacida que Le Clezio vivió en tierras panameñas y se integró en terreno selvático, en el Darién, empapándose de la energía telúrica y vital de esas tierras. Imagino que habrá supuesto una satisfacción par...
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Roderick Guzmán Meza








