En la línea del Nobel: Adonis
07.10.08 @ 14:17:56. Archivado en Literatura
Uno de los autores de nuestra lista de candidatos al Premio Nóbel de Literatura del 2008 proviene del Oriente Medio. Su obra es de innegable trascendencia para la poesía árabe de los últimos treinta años. Nos referimos a Ali Ahmad Said, también conocido como Adonis.
De este magnífico poeta, pensador y ensayista podemos decir que nació en Siria en el año 1930 y a los diecisiete años adopta el seudónimo de Adonis.
Un fuerte tono social y político sustenta su obra poética. Desde los años sesenta ha dado interesantes giros al lenguaje poético, sobre todo después que se decidió por darle sustento en la prosa a su lírica. Está considerado como el máximo exponente de la poesía árabe contemporánea.
Dentro de Adonis hay laberintos, cancelas cerradas pero sin cerrojos puestos, pabellones iluminados, nebulosos senderos por cuyos intersticios se cuela el fulgor de la metamorfosis de un alma. En sus venas, un torrente de lava y de miel circula hasta tocar su corazón. Recintos donde se miran estupefactos los faunos y los dioses aniquilados.
De fuentes sutiles emana el rumor de la naturaleza, el frescor de una ráfaga entre los pétalos recién abiertos. A lo lejos, las cenizas dejadas por el fuego después del rayo. Salpican la túnica del arúspice gotas estelares.
El mito reaparece en una lírica metamorfosis donde los versos, como ladrillos recién cocidos, elevan hasta las nubes bajas el terror inmenso del zigurat, de la atalaya infinita donde descenderán los ángeles y desde donde los demonios columbrarán a las humanas criaturas perdidas en sus territorios en penumbras.
En su camino, de pronto, se yergue una muralla, una tapia colosal sin bordes. Hasta allí llega y se deja conducir por una invisible mano. Este es Adonis, el dios de la transformación. Disfrazado de lluvia, de montaña, de flor, convertido en fango y en matorral, acoge el verso con una delicada pasión que surge del ignoto socavón donde es escuchó aullar al animal herido y de donde brotó el chispazo de la vida.
Este ha sido un introito emparentado con la poesía “adonisíaca”, si se me permite la expresión, para poder alcanzar el vuelo de la inspiración de este bardo árabe, nacido en Qasabin, Siria en 1930 como Alí Ahmad Said.
Adonis no tiene reparos en derrumbar las convenciones erigidas por las diferencias del idioma y encuentra en el verso libre la fórmula para expresar el misterio descifrado, ese enigma oculto en las palabras, en los lenguajes otorgados a los hombres para interpretar el universo.
Cada poema levanta polvaredas incandescentes, mientras los relámpagos surcan el éter. Cada idea intenta subvertir lo establecido, aquello de lo que se ha tenido seguridad y de donde proviene una costumbre o un hábito. Allí el vate oriental encuentra la arista oculta debajo de la nieve y del fango y le lanza sus más desacralizados estremecimientos.
Es una muestra de la riqueza del pensamiento y la sensibilidad árabes, más allá de los movimientos extremistas, de los paraísos abundantes de leche, miel y de huríes.
Adonis ofrece emoción y belleza a la poesía árabe moderna y desde su pluma fluye la savia incontenible que nutre con riqueza y esplendor cada vocablo, más allá de la traducción a lenguas occidentales, más allá de la prevaricación que significa trastocar los sonidos originales de un pensamiento o de una idea.
Pero no solo su afinidad con la poética le hace un emprendedor de vastos recorridos por el universo de la estética, sino también es un innovador deslumbrante deslizándose por la planicie de la luz y de las sombras. Es poeta sí, pero también pensador y teorizador que inspira y guía.
“Nueva York, después de un cuarto de siglo desde que la visité por primera vez. Todavía están vacíos los paraísos prometidos y el infierno no se ha saciado; y, ni pensar que lo haga”.
Este verso escrito en absoluta libertad, con la precisión del ingeniero y la delicadeza del artesano, evoca su visión de un cosmos ajeno, erizado de modernidad y ciencia, aturdido por las sofocantes torres y los emblemas de un imperio que comienza a ser carcomido desde sus simientes, en una dimensión donde ensordecen las rústicas griterías de la masa asombrada por el oropel y la farsa, donde el celeste empíreo está allí sin habitantes, desolado, espléndido en su ritualidad como recinto vacío detrás del cortinaje que descubre al averno y sus sensualidades desveladas.
Adonis es nutriente y fusión. Ha recibido el legado de las palabras escondidas tras el denso manto del silencio y le ha transformado en agua, en palmera, en magia, en caravanas, en hadas, en arenas y en oro.
Como artista ha alcanzado la condición de visionario y es evidentemente un creador original, con deudas saldadas con creces. Pertenece a un ambiente cosmopolita trascendente, llega con su voz a rozar los ventanales del otro mundo donde se desliza lo fantasmagórico y lo real en una mezcolanza de delicados perfiles y de exquisitas manifestaciones.
Ha trascendido la modernidad y navega sin velámenes hasta rozar los piélagos homéricos, vislumbra el paraíso adánico y el portón custodiado por el arcángel y su ígnea espada.
Si no alcanza la categoría de profeta, sí predice el rumbo de la poesía de su pueblo y de ella es su voz más relevante, más allá del agobio producido por la sangre derramada, y del cansancio de las empresas guerreras ataviadas con vestiduras litúrgicas invocando potestades y fuerzas telúricas. Adonis surca el abismo sideral y logra atenuar la gravitación de sus angustias aunque esté ante una cripta.
Vivo en el rostro de una mujer
que habita en una ola
a la que la marea empuja hacia una playa
cuyo puerto se pierde en sus conchas.
Vivo en el rostro de una mujer
que me hace morir, que quiere ser
faro apagado
en mi sangre que navega
a los confines del delirio. >
De Rostro de Mujer.
Comentarios:
Además, no sabemos quién conseguirá antes el Nobel, si Adonis o Roderick Guzmán Meza.
Un beso!
Un saludo cordial.
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Roderick Guzmán Meza


