Crean centro para hombres maltratados.
24.09.08 @ 21:23:15. Archivado en Cultura
Muchas veces los hombres nos hacemos los duros, los machos, incapaces de reconocer el dolor o el miedo. Más parece importarnos la reputación y el qué dirán. En ocasiones llevamos esta conducta a linderos peligrosamente hostiles. Es la vida en extremo, la secreción de adrenalina, el enfrentamiento con el peligro.
Para nosotros siempre había sido el deporte riesgoso, de alta competitividad, como el boxeo, la lucha, el fútbol, el baloncesto, las artes marciales y otros. Pero ahora, este terreno exclusivo ha tenido aperturas que permiten a la mujer enfrentar las mismas oposiciones que el hombre.
Antes también, era el hombre el profanador de las virtudes, el castigador y el verdugo. Levantaba su mano o el rebenque y lo dejaba caer sobre el músculo flácido o sobre la sutilidad de la piel de la mujer. Eran los tiempos del vigor del bravucón, de la energía del abusador.
Pero ahora las cosas han cambiado. La mujer enfrenta retos de singular complejidad y el hombre se ha visto sorprendido por esta fantástica forma de integrarse al universo, anteriormente de exclusividad masculina.
Ahora los papeles se comienzan a invertir. La mujer se hace respetar, no solo en el ámbito profesional, sino también en el cerrado recinto del hogar. Ya no se deja golpear y responde, ya no se deja avasallar ni humillar y ataca.
El maltrato de los hombres se ha vuelto un elemento novedoso, en una sociedad donde hasta hace unos cincuenta años, el agresor era precisamente la parte masculina de la pareja. Ahora se revierten los papeles y los resultados son evidentemente ofensivos para la convivencia de la pareja.
En anteriores entregas hemos deplorado lo que calificamos como terrorismos familiar, esa agresión, no solo a la mujer, sino también a los hijos y demás miembros vulnerables del entorno afectivo.
Sin duda es deplorable, ruin y perverso el sometimiento por medio de la violencia de una criatura tan frágil y creada para otro tipo de acercamientos, como lo se la mujer. Una flor en el viento, un cristal empañado, un rubí roto sobre un pavimento sucio. No es correcto, ni justo, ni sensato desahogar las iras contra una dama, sea cual sea la razón con que se pretenda justificar la acción.
No obstante, los tiempos han cambiado y las relaciones atraviesan diversos estadios donde no siempre, los cuadros del avasallamiento de la mujer por la mano imperiosa del hombre, son los que mayormente representan causas de procesamiento judicial.
Ahora, en Ámsterdam, capital de los Países Bajos, tendrá un centro de atención para personas maltratadas. La diferencia con cualquier dependencia similar radica en que este no ha sido creado para la protección de mujeres, sino para las víctimas del sexo masculino.
El refugio acogerá en sus instalaciones a padres de familia golpeados y atacados por sus esposas. También recibirán atención jóvenes que hayan sido agredidos en sus vecindarios, por razones de intolerancia racial, religiosa, étnica o de preferencias sexuales.
Hace casi cincuenta años, el maltrato a la mujer era un tabú, algo que apenas se comentaba en círculos cerrados. La mujer siempre estaba dispuesta a dar una explicación diferente, a justificar su rostro hinchado con un accidente, con un acto de torpeza. Todo menos reconocer una golpiza por parte de la persona con quien compartía su vida.
Después vino la liberación. Se acusó, aunque no siempre con éxito, no siempre recibiendo la atención de las autoridades, a quien golpeaba a una mujer. Los estrados reciben muchas veces casos de esta naturaleza. Hace falta aún establecer mayor severidad en las penalizaciones.
Pero, a la par con esta emancipación, ha llegado también el desquite. Algunas mujeres se han ataviado con arreos de combate y la han emprendido contra el macho que de forma desprevenida a terminado por sucumbir al maltrato, a la violencia, a la agresión.
Para enfrentar esta creciente dislocación de la civilidad, Holanda ha decidido hacer frente a un problema que hasta ahora no había sido reconocido, a pesar de estar presente en muchos países.
El programa comenzará el 1 de octubre y tiene como objetivo ayudar a tres tipos de víctimas: la que requiere de ayuda psicosocial, la que tiene un problema que necesita de intervención policial y la que corre peligro de muerte y hasta es necesario otorgarle una nueva identidad.
Para el caso del hombre maltratado en su hogar, se realizarán varias sesiones de hora y media por semana, donde se incorporará a la pareja a la que se le tratará de cambiar la inclinación por la violencia.
Si el caso es de un individuo cuya vida s encuentra en peligro, entonces se le ofrecerá un refugio secreto y hasta de ser necesario, una nueva identidad que le permita iniciar una nueva vida.
Ojala esta arremetida de la violencia femenina termine convertida en cenizas. La violencia no puede reparar ningún daño. Se impone la tolerancia, la comprensión, la empatía y el diálogo para resolver las diferencias. Si esto hacen los ciudadanos, podemos esperar otro tanto de los países.
Un último estudio sobre la violencia en el hogar en Holanda señala que las denuncias por maltrato aumentaron de mil 450 en el 2001 a 4 mil 300 en el 2003. De este total, el 14 por ciento fueron hechas por hombres.
Pero no solo Holanda enfrenta este tipo de violencia. Conocemos muchos casos en América Latina en los que los hombres son los agredidos y hasta asesinados por sus mujeres. No necesariamente porque estos hayan sido los que iniciaron el proceso, sino porque el virus de la hostilidad se ha instalado también en las féminas.
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Roderick Guzmán Meza








