Tráfico y Esclavitud de seres Humanos
19.09.08 @ 20:02:05. Archivado en Cultura, Noticias
Cada año, cientos de mujeres deben emigrar de sus países de origen en busca de una mejor forma de vida. El destino es algún país desarrollado. Llegan allí en busca de mejores días para ellas y tal vez para quienes han quedado atrás esperando su regreso.
Posiblemente hayan nacido en Latinoamérica, Asia o África. Tal vez tengan no tengan educación o hayan completado la media de manera completa pero quedaron rezagadas del mundo académico y los claustros universitarios por no contar con recursos.
Complementa el escenario, una situación económica en declive en su país, faltas de oportunidades de empleo, bajos salarios, políticas socioeconómicas deficientes y otras linduras más promovidas por la corrupción.
Jóvenes vulnerables que no cuentan con más recurso que emigrar, son sorprendidas en su ingenuidad y conducidas por una senda tortuosa hasta algún lupanar donde deberán permanecer esclavizadas, sin pasaporte, ni documentos.
Bajo la constante amenaza de sus “patrones”, estas muchachas deben entregarse al escarnio de la prostitución. Cada día deben rendir cuentas de los emolumentos recibidos por sus servicios sexuales a los alcahuetes.
La ilusión de trabajos bien recompensados se convirtió en una pesadilla. La leve brisa de la felicidad se torna en tempestad. Solas en un país extraño son fáciles de controlar con amenazas. Sin familia ni amigos, deben lanzarse al abismo.
Los proxenetas las encierran en malolientes tugurios. Bajo llave permanecen palideciendo y angustiándose. Los recuerdos del país llegan con ciertos cortes, con imágenes imprecisas, reclamadas más por el olvido.
Estas mujeres no tienen identidad, son fantasmas, rosas marchitas, espejos rotos, nubes cargadas de relámpagos. Sus rostros envejecen entre la neblina del humo de los cigarrillos y las burdas caricias de los borrachos.
Sus nombres han sido olvidados. Alguna vez pudieron ser llamadas Margarita, Isabel o Eva, pero ahora tan solo responden al gesto de un rostro o una mano que se eleva en la penumbra de una taberna.
Pasan desapercibidas, nadie las conoce y a nadie le importa conocerlas. Son como manchas sobre una superficie blanca, algo que debe ser borrado antes de ser visto, antes de que el decorado del salón se contamine con el crecimiento de esa imperfección.
Las autoridades consienten la ilegalidad de sus estados, al menos eso parece. Las denuncias abundan en los recintos policiales, en los tribunales justicia, pero poco se logra porque poco se hace.
La forzada servidumbre sexual es tolerada porque a ella son sometidas criaturas desposeídas, sin peso específico dentro de un conglomerado social que termina por rechazarlas.
Es una especie de club de infortunio, una sociedad de tribulaciones. Son mujeres, son pobres y son extranjeras. ¿A quiénes les importa su suerte? Ellas han llegado al país y deben conformarse con esto. Así dice uno de los rufianes interrogado, uno de los pocos, de los escasos, que son obligados a comparecer, cuando se ha encontrado un cadáver mecido por una ola o tirado en un basurero o a la vera de un camino poco transitado.
Para ciertos elementos de la sociedad son solo prostitutas, el eufemismo trabajadoras del sexo, también es aplicado a estas desesperadas y solitarias mujeres. Pero en realidad han sido engañadas, traídas al país con falsas promesas de progreso.
Alguien las contacta en sus países de origen y les ofrece los ya tan prometidos cielo y tierra. Se deslumbran con la idea del oro en sus arcones, con el pensamiento de la casa amplia en un barrio exclusivo, se atontan con el vuelo de una falda de marca colgada en su ropero.
Se ha calculado que cada año en el mundo, unas 800 mil personas se convierten en víctimas de la trata internacional con fines de explotación que incluye abusos de diverso tipo, entre ellos el laboral, el sexual y hasta el tráfico de órganos.
Por el lado de la explotación sexual, Europa Occidental es uno de los destinos más importantes. También se han incluido en este catálogo a naciones como Japón, España y Estados Unidos.
El negocio global, en poder de las mafias transnacionales organizadas logra utilidades de unos 10 mil millones de dólares al año. Esta actividad ocupa el tercer lugar en la lista de crímenes internacionales, tan solo detrás del narcotráfico y del trasiego de armas.
Dirección para hacer trackback a este post:
http://blogs.periodistadigital.com/btbf/trackback.php/190430
Comparte esta información
Comentarios, Trackbacks, Pingbacks:
Aún no hay Comentarios/Trackbacks/Pingbacks para este post...
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
Roderick Guzmán Meza








