Lenguaje Incomprensible
29.08.08 @ 21:43:56. Archivado en Cultura
A mi buzón electrónico ha llegado un correo contaminado de posmodernismo, de prosódica flatulencia. Cada línea despliega disonancias, incoherencias y aberraciones semánticas, ortográficas, sintácticas. Es como si el sonido de unos cristales rotos hubiese sido amplificado y lanzado al aire a través de bocinas.
He hecho acopio de voluntad, de entereza y he evocado mis númenes personales para que iluminasen mi lectura. Agobiado por el esfuerzo me dejo deslizar sobre una corriente de abatimiento, rendido y frustrado.
A medias capto alguna esencia en esas líneas desplegadas sobre la pantalla del ordenador. Encrespadas letras conforman vocablos que para mí, individuo de mediana edad, enviciado quizás por la incertidumbre de los vertiginosos cambios de esta época, no son más que un macetero sembrado con alambres de cobre.
Me dice mi remitente algo como esto: “kisiera k mntndiera”. Horrísona expresión, batalla de demonios vestidos con camisetas de azufre, una muletilla chueca sin base que hace trastabillar mi capacidad perceptiva. Los mecanismos decodificadores de mi cerebro humean, forzados por el esfuerzo, neuronas muertas se deslizan en el interior de mi cráneo, dentritas pisoteadas por el gigante pantagruélico que me acaba de arrollar.
Pienso en la letra k que tan ligera se ha servido de cómplice para el atropello. Según algunos tratadistas, deriva de la undécima letra del alfabeto protosinaítico que representaba la kafo o mano. Una mano abierta sobre una plancha de oro, una mano levantada en forma de puño, mano entre cuyos dedos se enhebra un hilo de oro; una mano cerrada que se aferra a un puñal, un mazo o un arma de fuego. La mano que sostiene un cesto o arranca la maleza, una mano que acaricia y golpea, una mano que señala o que, exánime, se derrumba sobre el regazo.
Pero ciñamos nuestra búsqueda a lo estrictamente fonético. Diríamos entonces ke o que para mencionar el sonido de la K. Pero esta letra se pronuncia ka y no ke; así que no entiendo cómo rábanos se le hilvana con la ilustre prosapia de una e.
Después, me dice quien me ha escrito k ya no tiene x que volver a… Allí está otra vez la k en su ámbito espurio, pero esta vez precede a la insultante y frenética x, la que rechaza. No es el por que multiplica, no es el signo que incrementa, sino el agujero inesperado en la acera y que sustrae cacumen. “No tiene porqué volver a… ha dicho antes, pero con la modificación de los mensajes cifrados de la red se congracia en crearme un pantano de confusión.
Reconozco mi impericia y mi incapacidad para decodificar este universo de signos, para comprender en su mínimo detalle el mensaje oculto tras los declives, las ausencias y las imprecisiones de estas unísonas figuras.
Me encierra en el silencio y en la estupefacción cuando leo xfa, para decir por favor. Es un acto de síncope, una expresión babélica.
Más adelante, quien me enviara esta pasmosa demostración de truculencia con el idioma, me escribe “k no sabe xk no ayegado. Sacudido por semejante perla, termino por considerarme un analfabeto de la era tecnológica. Turbado por este descubrimiento, reconozco que mi ego se resintió y, acongojado, en un rincón de mi mismo, estuvo a punto de desvanecerse.
En cierta parte de su misiva, mi remitente escribía la palabra “debuelba” y allí sí que me fui contra la pantalla del ordenador, que no se por qué soportaba con tan silencioso estoicismo, semejantes fórmulas vampirescas sobre su plana superficie de luz.
No es ahora el complejo símbolo de la comunicación contemporánea a través de la red, sino una insolvencia léxica, una subordinación a los intereses de la superficialidad, una jerigonza de la desolación. Bárbaro atentado, quien esto ha escrito merece ser considerado como criminal por el Tribunal Penal Internacional.
Más adelante en el texto dibujaba con exquisita minuciosidad la palabra “cinceridad” y a pesar de que el ordenador utilizaba sus herramientas correctoras, he tenido que darle esta desastrosa forma a una fórmula de ignorancia con el mayor empacho.
Curioso es que todas las palabras iniciadas con la letra Q, las haya convertido en un familiar putativo de la K. Así las cosas no era extraño embarrarse con la suciedad de “kedamos” y de “ke”.
Hecho trizas, desconsolado por haber descubierto mi estulticia, mi evidente condición de iletrado, he apagado el ordenador y me he asomado a la ventana de mi oficina. Algunos letreros interrumpen de manera abrupta la línea irregular el paisaje. En uno de ellos leo casi con histeria: “acrkte y conpara presios”, en vez de acércate y compra precios.
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Es una pena, Roderick, que siga usted tan aferrado a los tiempos pasados, a lo caduco, a las normas infundadas que impiden el avance... Y, siendo de la opinión de que cada cual es muy libre de pensar como quiera, en este caso lo digo porque veo que es algo que le hace sufrir y creo que es, al menos, innecesario sufrir por tan poco.
Hasta que he leído este artículo suyo no se me había ocurrido pensar que el "posmodernismo" fuera un elemento contaminante. Me abstengo de dar mi opinión sobre tal aseveración pero sí he de transmitir mi perplejidad.
Y para terminar y haciéndome cargo del mal trago y el esfuerzo que ha supuesto para usted tan complicada traducción, le haré la observación de que los "precios" no se "compran".
Saludos afectuosos.
Bienvenido a la horroridad, digo a la modernidad de los pseudos internautas; dicho esto con todo respeto.
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Roderick Guzmán Meza






