Michael Phelps, el hombre que nadó desde el futuro (final)
27.08.08 @ 22:10:23. Archivado en Ficción, Deportes
Los resultados fueron los previstos. No hubo espacio para el error ni para los devaneos. El hombre que nadó desde el futuro logró romper siete récords, hizo añicos la resistencia de sus rivales, destruyó las marcas con más de tres décadas de establecidas, convirtió en cenizas antiguos esplendores.
Su hazaña fue portentosa, colosal. Era como si todos estuvieran atrapados en un laberinto onírico cuando el hombre lanzaba brazada tras brazada, cuando surgía de las turbulencias del agua manoteada, como si el resto del universo se moviera a una velocidad inferior a la del tritón de fuego.
Las olimpíadas de China llevaron su nombre. Escrito en oro sobre láminas de jade, las letras habían sido bordadas con filamentos de lapislázuli. Desde las gradas sus compatriotas vociferaban exultantes y ondeaban la bandera de las barras y las estrellas. No tenían la menor idea de que Phelps era un hombre, no solo capaz de desbaratar marcas mundiales, sino también de deslizarse apaciblemente entre dimensiones espacio-temporales diferentes.
Barrió con las medallas, con los laureles de la gloria de otros atletas, considerados deidades, plutónicas criaturas que ridiculizaban al común de los mortales. Sus enormes plantas pisaron ocho veces el podio en Beijing y otras tantas escuchó el himno de su país, que en su época, cien años después, había cambiado de forma sustancial hasta convertirse en una especie de combinación de ritmos, a partir de los blues, el rock, el jazz, el reggae y algunas disonancias formadas durante las décadas de decaimiento financiero.
Para comunicar el éxito de sus tareas, Phelps enviaba ondas vibratorias desde un aparato de protones, imperceptibles a los oídos humanos, que concentraba su energía en un núcleo de plasma electromagnético traducido de acuerdo a la velocidad, el color y la frecuencia. Cien años después de esta era, se comenzaba a diseñar al atleta del futuro, tomando como base las hazañas de este Poseidón de Baltimore.
Phelps sumó once medallas en dos juegos olímpicos. Superó a nombres trascendentes en la lista de la élite del deporte mundial. Con un solo movimiento borró los nombres Paavo Nurmi, Larissa Latynina, Mark Spitz y Carl Lewis de la posición cimera de ganadores de nueve oros.
Se cuenta que no pudo regresar a su época porque fue seducido por jugosos contratos y por los medios de comunicación que le convirtieron en una superestrella. Cien años en el futuro, el doctor Bierce le espera todavía, aunque no con mucha desesperación ya que le será posible dentro de poco perfeccionar su mecanismo temporal de viajes para presentarse ante Phelps.
De acuerdo a los registros, las marcas establecidas por el llamado Tiburón de Baltimore fueron rebasadas en el año 2112, cuando un joven de Australasia se convirtió en un fenómeno, no solo en las competencias olímpicas de natación sino también de buceo, resistencia oceánica y maratón fluvial.
En los años sesenta del siglo veintiuno, Phelps fue internado en un sanatorio por presentar una extraña enfermedad pulmonar ocasionada por su obligada ausencia de las piscinas debido a una escoliosis lumbar y una agobiante artritis reumatoidea para la cual no existía todavía cura.
Comentarios:
Conociendo el resultado o las consecuencias producidas a posteriori por cualquier hecho concreto en un momento determinado de la historia, teniendo la posibilidad de viajar hacia atrás, podríamos, de manera sencilla, cambiar ese hecho, anularlo o sustituirlo por otro que, ahora, con datos empíricos, sabríamos que daría un resultado o produciría unos efectos mucho más deseados.
¿A quién no le gustaría cambiar algo de su pasado para evitar una reacción indeseada o para conseguir algo deseado?...
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Roderick Guzmán Meza


