Michael Phelps, el hombre que nadó desde el futuro.
26.08.08 @ 21:26:57. Archivado en Ficción, Biografías, Deportes
En una sobria y fría estructura de cemento, cristal y acero se aloja el laboratorio del tiempo. Los mayores talentos de las ciencias se encuentran aquí reunidos. Físicos, químicos, matemáticos, ingenieros en informática, nanocientíficos, genetistas y otros han sido ubicados en amplios módulos. Impera la mayor asepsia, la luminosidad de los tubos de flúor permiten una observación diáfana y precisa de los instrumentos de trabajo, así como de las bitácoras y los ordenadores.
El doctor Pierce examina unos legajos y a ratos desvía la mirada hacia una cápsula de cristal azulado sostenida sobre una base de platino. Pulsaciones de colores se hilvanan sobre la cúpula transparente en cuyo interior un hombre de unos veintidós años se coloca un cinturón sobre el pecho y una escafandra en la rapada cabeza.
Pierce es doctor en física cuántica y ha realizado experimentos con el tiempo desde hace más de veinte años. Esta vez cree haber alcanzado el éxito: enviar un hombre al pasado, cuadrante donde se anida los hechos que forman la historia.
En la cápsula se encuentra su sobrino. El joven no ha sido muy afortunado en las disciplinas académicas, pero su talento ha logrado alcanzar cuotas significativas en el deporte de la natación. Durante algunos años ha sido también objeto de manipulación su organismo en desarrollo. Ha logrado superar la medianía en los resultados y ya se le considera uno de los más preclaros representantes de este deporte, aunque no uno de los superastros.
Estamos en el año 2109 y el gobierno le ha asignado a Charles Pierce la tarea de conquistar el tiempo. Lanzarse al vacío donde los hechos son consumidos por las tinieblas para encontrar la grieta por donde se filtre la luz del orden cronológico. No se ha logrado dar un salto temporal muy importante aún, pero se consideran recompensados si se retrocede unos cien años, meta del científico al momento de escribirse estas relaciones.
Luego de finalizar los cálculos y ecuaciones, el sabio oprime un botón azul y la cápsula desaparece en una espiral de luces de colores, absorbida por un vértice blanco poderoso y excesivamente relumbrante para ser soportado por la retina desnuda. Un hilo de luz se consume en la oscura habitación en el sitio exacto donde antes se encontraba el ingenio.
Los monitores indican que el aparato se encuentra aún allí pero sin sustancia, convertido en vaho, en tenue e invisible vapor, pero no en el mismo momento. Los nebulosos senderos del tiempo son recorridos hacia ese punto esencial de donde ha partido, pero un siglo antes cuando las coordenadas fugitivas de segundos, minutos y horas eran diferentes y los movimientos estelares surgían del horizonte de sucesos con leves variaciones.
El vehículo reaparece a través del vórtice espacio-temporal. Se materializa con celeridad, adquiere densidad, dureza y se instala sobre el retoño de una magnolia en el jardín de un pabellón. Convertida en materia tangible, la cápsula reincorpora toda la energía con la que viajó desde el futuro, mientras sus átomos concluyen el proceso de adaptación, disminuyen la aceleración de sus traslaciones y se estabilizan.
El joven viajero, de nombre Michael, lleva consigo una agenda. A pesar de que es un peregrino del tiempo, no puede desperdiciarlo. Unos nombres han sido escritos con una letra en forma de cubos. Una dirección señala el sitio exacto donde habrá de detenerse para llevar a cabo su misión. El salto temporal le ha llevado al año 2000.
Al salir de la cápsula activa un mecanismo de camuflaje. El aparato permanecerá en las mismas coordenadas hasta tanto concluya sus obligaciones. Se le ha encomendado participar en competencias de natación para las que ha sido su cuerpo manipulado de manera genética, además de serles instalados algunos descubrimientos para hacer más sutiles y poderosos sus movimientos sobre el agua.
Sus brazos han sido dotados de varios chips que permitirán a los impulsos químico-eléctricos enviados por el cerebro, viajar con mayor celeridad por los músculos, tendones y cartílagos sin ceder a la fatiga y al dolor. Así mismo, el proceso de metabolismo de azúcares y ácido láctico ha sido llevado a un grado muy inferior a los procesos biológicos normales.
Esto ha de proporcionar una mayor resistencia al dar las brazadas durante el proceso de natación. Las piernas también han sido acondicionadas con lubricantes a partir de cartílagos de orcas para otorgarles flexibilidad y poder al ser flexionadas y extendidas en determinados estilos de natación.
Michael ha sido programado para competir en los Juegos Olímpicos de Atenas del año 2004. Cuatro años tiene para adaptarse al nuevo mundo. Cuando llega el momento alcanza seis preseas de oro, insuficiente para las previsiones hechas más de cien años en el futuro. No obstante cuatro años después deberá perfeccionar su estilo y hacer polvo todos los registros temporales.
Compite en los torneos universitarios donde ha sido inscrito. Clasifica para varias competencias eliminatorios. Michael es un torpedo, una barracuda, un tiburón. Veloz como ninguno, apenas sus rivales pueden ver la espuma que dejan sus pies al chapotear.
Ganó con holgura todos los encuentros. Rebasó con facilidad a sus adversarios y se colgó del cuello numerosas medallas de oro. Los medios de comunicación le llaman el hombre de otro planeta, de una galaxia lejana, de mundos acuáticos todavía no descubiertos. Sin embargo, Phelps es tan humano como todos ellos, terrestre y torpe en otras disciplinas, tan solo que, en esa época, todavía no ha nacido.
Llegaron las Olimpíadas de China. Phelps viajó con la delegación de su país. Su rostro mostraba ingenuidad y simpleza. Mostraba una sonrisa complicada, de difícil diagnóstico. No podía saberse con certeza si era un gesto de agradecimiento, de alegría o de temor.
Según los medios especializados, este muchacho debe romper varias marcas mundiales. Algunos alegan que en la justa internacional del 2004, Phelps pudo haber logrado la hazaña, pero le faltaba madurez. Sobre este punto, Michael recordaba apenas que había sido enviado, pero al regresar a su época, le fue administrada una droga que borró algunos sucesos, entre ellos las derrotas, las medallas de metales no preciosos y las críticas.
Para esta ocasión se le configuró un universo con afinidad al heroísmo, a la imbatibilidad, a la victoria. Por su mente no pasaba nada que sonara a derrota, a fracaso, a mediocridad. Instalaron semiconductores con información relevante sobre operaciones matemáticas cuyos resultados siempre deberían ser superados en intentos posteriores.
El primer día de competencia Michael se lanzó a la pileta como si hubiera sido impulsado por baterías nucleares. El rugido en las gradas impidió escuchar el sonido de sus articulaciones, recubiertas con titanio y arena amalgamada. Daba poderosas brazadas y nadie podía percatarse de las membranas invisibles que unían los dedos de sus manos y de sus pies.
Se habían hecho los cálculos hasta el mínimo detalle, contemplado las variables, las posibilidades de error, las oscuridades del temperamento y la desconfianza.
Michael debería recorrer cincuenta, cien, doscientos metros en períodos cada vez menores, sin que el oxígeno utilizado por su organismo superara cierto límite. Su capacidad de reacción, durante las competencias de relevo, sería casi instantánea; tan pronto como su compañero rozara con uno de sus dedos la pared de la piscina, Michael volaría hacia el agua con sus aletas extendidas hacia delante preparadas para avanzar con fuerza y velocidad….
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Roderick Guzmán Meza


