Inmortal Irving Saladino
18.08.08 @ 21:32:52. Archivado en Panamá, Deportes
Panamá es un país de apenas tres millones de habitantes, con una historia independiente de tan solo 105 años. Sin embargo, en su territorio se han escenificado grandes batallas por la soberanía y la identidad nacional. Muchos de sus hijos han alcanzado un sitial de honor en los anales patrios y en la historia del continente americano. Este lunes, uno de ellos ha alcanzado la cimera patria de los sueños al ganar la primera medalla de oro en una olimpíada.
Hace sesenta años, en los juegos de Londres, Loyd La Beach logró medallas de bronce al ocupara la tercera posición en las carreras de velocidad de 100 y 200 metros. Durante seis décadas no se logró nada más. Debieron celebrarse catorce olimpíadas antes de que un deportista panameño tuviera posibilidades de bañarse con la lluvia del éxito.
Un joven de veinticinco años, Irving Saladino, nacido en la provincia de Colón, ochenta kilómetros al norte de la ciudad capital de Panamá, ha logrado la monumental hazaña de colgar sobre su cuello el oro logrado en los Juegos Olímpicos de Beijing.
El estadio conocido como El Nido del Pájaro ha sido el escenario propicio para que Saladino sepultara bajo diez centímetros de gránulos de arena las imprevistas aspiraciones del representante de Sudáfrica, cuyo registro fue de 8 metros con 24 centímetros.
Irving, después de un comienzo un tanto impreciso y que llenó de preocupación a todo el país, evocando a sus númenes personales, corrió como el viento por la angosta franja de tartán y se lanzó al espacio para aterrizar 8 metros con 34 centímetros más allá, una marca por debajo de su foja personal, pero igualmente útil para alcanzar el oro.
Los rivales de la última competencia ecuménica de Osaka, los de Estados Unidos e Italia, vieron como sus nombres fueron borrados de las listas de aspirantes a las medallas y en sus lugares aparecieron los atletas de Cuba, Sudáfrica y Grecia.
El pulso de toda la nación se aceleró de manera incontenible cuando el hombre del cono sur del continente africano se lanzó con todas sus fuerzas para caer a 8.24 metros de la raya del impulso final. Saladino había registrado 8.21 en su lance anterior, pero con la inspiración ofrecida por sus ritos personales, logró hacer trizas las intenciones de su rival.
Al conocerse el resultado, Saladino buscó refugio en la bandera tricolor de Panamá. Sobre sus hombros ubicó el pabellón patrio y recorrió algunos metros de la pista para saludar al público y también a sus paisanos a miles de kilómetros de distancia que muy temprano habían despertado para verlo alcanzar la gloria.
Lo había prometido. En su corazón el fuego del volcán bullía, surgía de lo más profundo de su organización biológica, de la más recóndita refulgencia de su espíritu. Era una energía poderosa que emanaba de lo más hondo de su ser.
Un rugido surgió de las miles de gargantas panameñas que veían en pantallas gigantes los pormenores de la hazaña. Algunas tardanzas han debido darse en las oficinas y en las empresas para ser testigos de la historia, para presenciar en el momento en que se cincelaba el nombre de Irving Saladino sobre los códices de la inmortalidad.
Después de conquistar el oro, Saladino, corrió hacia las gradas y se abrazó con el inmortal y cuádruple campeón mundial de boxeo, Roberto Durán. Las dos leyendas se fundieron en un abrazo generacional de ídolos.
Después de una velocísima seguidilla de zancadas, luego de cortar el viento con su filosa silueta, aleteando con brazos y piernas, Saladino se remonta hacia el inmenso vacío de la incertidumbre y cuando cae se nota el brillo dorado reverberar sobre su pecho y hacer polvo las esperanzas del sudafricano Khotso Mokoena.
Esta es la primera vez que un atleta panameño alcanza un título olímpico en una disciplina de tantas exigencias. Boxeadores, canasteros y beisbolistas ha habido en Panamá con talento y méritos, pero un saltador de tal dimensión jamás había nacido en el país canalero.
Esta mañana (hora de Panamá), Beijing se convirtió en la ciudad dorada para el deportista colonense, heredero de una estirpe competitiva que no cesa de producir nuevos elementos que aspiran a ceñir sus sienes con el laurel de la fama.
Al comenzar la última ronda de saltos, Saladino se había colocado en la punta de la tabla de clasificación, al alcanzar una distancia de 8 metros con 21 centímetros. Pero entonces, cuando algunos daban por segura la victoria del moreno de Colón, pasó la ráfaga del sudafricano que lo depositó tres centímetros por delante.
Fue entonces cuando Saladino se encontró consigo mismo en una conferencia íntima en el interior de su yo, en un soliloquio de reafirmación y se lanzó a los vientos que lo colocaron todavía más allá, a unos diez centímetros del lugar donde había posado sus talones el hombre nacido en el ángulo inferior del continente africano.
“Era todo o nada, ahora o nunca”, dijo Saladino cuando los periodistas lo abordaron después de haber hecho trizas el festejo de Mokoena. Este humilde muchacho nacido hace veinticinco años ha creído en si mismo y se ha negado a ser una unidad más sometida por la oleada de violencia que sumerge a la nación istmeña.
Su firme convicción, el poderoso brío, el potente resorte de sus piernas y sobre todo su fe inconmovible en su talento han ubicado a Panamá en lo más alto del parnaso atlético que hoy tiene como sede la mítica ciudad de Beijín.
Comentarios:
Es maravilloso que hayas conseguido tan preciada presea de oro. Te felicito de corazon y como panameña me siento orgullosa de ti. Lo que si me entristece es que habemos muchos hermanos tuyos humildes panameños que creemos en tu logro y no solo la gente hermosa de Colon. Porque eres de Colon si, pero tambien eres mio, o sea de Panama.
Saludos y mucho cariño para ti
Riberas de Chame Development, S.A.
Milcia
Irving eres grandioso sigue asi dejando el nombre de Colon y Panama en alto.....
te deseo lo mejor....
se despide ligiany C-3
ORGULLOSAMENTE.
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Roderick Guzmán Meza


