Los nazis más buscados II
13.08.08 @ 17:53:45. Archivado en Historia
Damos continuidad a nuestro texto anterior con el resto de la lista de criminales de guerra nazis buscados por el Centro Simon Wisenthal. Son rostros apacibles, miradas cansadas y gestos temblorosos los que ocultan a los antiguos monstruos de los campos de concentración. He aquí sus características más sobresalientes.
Milivoj Asner fue integrante de la policía nazi en Croacia. Su modalidad era la tortura, pero también, cuando el su ánimo se incendiaba, regalaba un disparo en la cabeza al desafortunado que se le cruzara en el camino.
Hoy debe rondar los 94 años, pero en pleno uso de sus facultades físicas (que no así las mentales), Milijov ejecutó o envió a los hornos o cámaras de gaseo tóxico a judíos, gitanos y miembros civiles de los grupos de resistencia.
Se le ha seguido la pista. Alguna vez se mencionó Argentina como su posible escondite, pero las últimas informaciones sugieren que este decrépito e inofensivo nonagenario se encuentra en alguna remota aldea tirolés en Austria. Las autoridades croatas han reclamado su captura y extradición.
El siguiente nombre en la lista de los más buscados asesinos nazis es Sandor Kepiro. Su edad debe rondar los 83 años. Se le ha descrito como un hombre de poco más de 1 metro 80, de ojos verdes y escasos cabellos blancos. Un sobreviviente recuerda un tatuaje en forma de águila en su brazo izquierdo.
Kepiro era uno de los directivos del cuerpo de Policía de Hungría durante la guerra. Los registros del Centro señalan que se ensañó con prisioneros yugoslavos que formaban parte de la resistencia. No hizo diferencias entre ellos y los judíos húngaros y a todos los torturó y masacró. Se cuenta que su estrategia preferida era la amputación de dedos y miembros.
Envió a más de 400 mil judíos húngaros a los campos de exterminio de Auschwitz en 1944. Con malévola fruición presenciaba los tormentos aplicados a los prisiones y una sonrisa deformaba de forma macabra su rostro cuando era testigo del envenenamiento y de los fusilamientos. Serbia ha solicitado su deportación al gobierno de Budapest.
También en Hungría encontramos a Karoly Zental. Este ex oficial del ejército cuenta con 85 años. De mediana estatura, su cara se concentra en un núcleo endurecido en el centro de la estructura ósea de su cráneo. Tiene ojos azul grisáceo y la nariz un tanto torcida sobre unos labios desdentados y apretados.
Era un hábil organizador de sesiones de cacería. Lanzaba a las calles a sus sabuesos para encontrar los lugares donde los judíos se escondían. Casa por casa, las hordas de estos modernos hunos buscaban hebreos para conducirlos a las mazmorras. En ocasiones eran autorizados para sacrificarlos en el mismo sitio de la detención, a guisa de ejemplo para los que se resistían a su suerte.
La última pesquisa lo ubica en el vasto territorio de Australia. Más allá de algunos centros urbanos de Canberra, Zental parece haber encontrado un eficiente escondrijo. Hungría reclama su captura y extradición.
Otro siniestro personaje es Allgimantas Dailide. Nació en Lituania y pertenecía a las fuerzas nazis. Tiene 86 años y el peso de la vida y las culpas han curvado su osamenta hasta parecer medir menos del metro 85 que acompaña su descripción en los informes del Centro.
Al igual que muchos de los mencionados en esta lista, Dailide disfrutaba con la cacería de judíos. Organizaba reuniones donde confeccionaba croquis de la ciudad y en ellos, los sitios donde dibujaba una estrella de David, como indicativo de que allí había, mínimo un judío.
No sentía el menor remordimiento, han dicho algunos sobrevivientes, cuando sometía al escarnio de la esclavitud y las masacres a los prisioneros.
Fantaseaba, arrobado en la contemplación de palizas, con el éxtasis que producía el dolor en los seres humanos. Al final, utilizaba inesperadas variables para asesinar, entre ellas la espada, la pistola, la asfixia y simplemente los golpes.
En la actualidad se ha dicho que se esconde en Alemania. Los lituanos esperan su captura para conducirlo a sus tribunales.
El octavo en línea es conocido como Harry Mannil. Tiene 87 años y nació en Estonia. Por aquellos de tiempos su voz era grave, profunda, pero ahora se supone que apenas es una especie de sonido de lijas contra madera. El cigarrillo ha hecho un eficiente y lúcido trabajo en sus cuerdas vocales, pero aún le preserva la vida para otros propósitos.
En los centros de detención optaba por el revoltijo. En reducidos espacios introducía la mayor cantidad de personas, tantas, que era imposible estar en otra posición que no fuera de pie. Así, hacinados, casi asfixiados y constreñidos por la multitud, los detenidos sucumbían con una brutal expresión de dolor.
La última información que se ha podido obtener sobre Mannil indica que podría estar escondido en Venezuela, allá en los campos llaneros, donde las planicies son interminables o también entre la bulliciosa masa humana que pulula por Caracas. Su registro indica que asesinó a más de 100 judíos con sus propias manos y ayudó a los cuerpos de seguridad nazis en la cacería de miles más. CONTINUARÁ…
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Roderick Guzmán Meza


