Adiós a Alexander Solzhenitsyn
05.08.08 @ 22:09:07. Archivado en Historia, Biografías
La noche cayó sobre él como un manto. Cerró los ojos después de un largo estertor, una exhalación silenciosa terminó como un rumor de viento. Sobre su lecho un crucifijo de madera clavada a la pared, era testigo de la extinción de uno de los más aclamados escritores rusos del siglo veinte, Alexander Isáyevich Solzhenitsyn.
La ventana cerrada era acometida por el viento, la luna rasgaba un pabellón azul de un cielo ensangrentado por el crepúsculo. Enseguida comenzó a darse un inusitado movimiento en la casa. Proveniente de la sala en la planta baja el llanto de varias personas desgarró el tenso silencio.
Solhenitsyn había nacido en Kislovodsk, Rusia, el 11 de diciembre del año 1918. Su padre era un terrateniente cosaco muerto antes de que el futuro escritor naciera. La madre, era una maestra que enseño a Alexander sus primeras letras.
Estudió matemáticas y física en la Universidad de Rostov, a orillas del Don. Sobre la caudalosa corriente dejó caer pajillas de hierba a manera de barco y corrió tras ellas hasta casi la extenuación.
Obtuvo su licenciatura en 1941 y ese mismo año pasó a formar parte del ejército soviético, donde estuvo hasta el año 1945. Fue oficial de transporte y de artillería. Tenía buen humor por aquellos tiempos, pero era serio, circunspecto, de mirada ahogada por la profundidad.
Durante la guerra participó en la más espectacular batalla de carros de combate o tanques en Kursk. Fue hecho prisionero en febrero de 1945 mientras se encontraba en el frente de Prusia Oriental, en un sitio conocido como Kaliningrado.
No mucho después, el ejército soviético comenzó su ofensiva final contra Berlín y Solhenitsyn estuvo destacado en esa ciudad hasta la finalización del conflicto. Allí fumaban cigarros turcos y bebían vino de Viena que les llegaba de contrabando con los grupos de gitanos y judíos que habían logrado escapar de Alemania y Polonia.
Berlín cayó en manos de los rusos y el resto de la historia de esta victoria fue compartida con los estadounidenses. Europa había sido dividida y del lado oriental, se instalaría una de las más rigurosas dictaduras ideológicas.
El escritor comenzó a percatarse de las insolvencias del sistema. La expansión del imperio soviético era una especie de cáncer para los países europeos que se encontraban bajo su sombra y no repararon sus líderes en aferrar el mazo y dejarlo caer con fuerza e impiedad sobre cualquier voz disidente.
Solhenitsyn escribió a un amigo sobre los excesos del régimen de Stalin. Fue condenado a ocho años de trabajos forzados y a destierro perpetuo por atreverse a dudar del infalible pensamiento del líder soviético.
La policía allanó su casa y le sacó a empellones. Fue subido a un camión donde pudo encontrarse con otros disidentes. A alguno lo conocía, la mayoría eran figuras sin nombre, vapuleadas por los gendarmes con sus puños, botas y macanas.
Fue encerrado en la Lubyanka. Allí partió rocas, paleó canales en terrenos baldíos que después volverían a llenar de tierra y nieve para, posteriormente, abrirlos. Barrieron las calles de nieve y amontonaron hielo durante la noche, debajo de una luna cenicienta oculta tras densos nubarrones.
Como tenía conocimientos de matemáticas y física logró un cambio en sus condiciones al ser incorporado al cuerpo de investigación científica donde eran vigilados muy de cerca por elementos de la Seguridad del Estado. Allí se inspiró para escribir su novela El Primer Círculo.
Cuando llegó 1950, el autor fue enviado a un campo en Ekibastuz en Kazajistán. Allí concibió su novela Un Día en la vida de Iván Demísovich, mientras era albañil y forjador. En esa misma época le fue diagnostica un cáncer. La experiencia con este mal le facilitó material para la gestación de su novela el Pabellón del Cáncer.
Solhenitsyn cumplió su condena y Stalin había muerto hacía algunos meses. Sin embargo, todavía los problemas del autor del Archipiélago de GULAG no habían terminado. Todavía quedaba la ausencia, el desprestigio del destierro perpetuo.
Desde el mes de marzo de 1953, hasta bien entrado 1956, Solhenitsyn estuvo en Kok Teren, donde aprovechó el tiempo y no permitió que le convirtieran en cenizas. Escribía en la oscuridad, con un delgado rayo de luz exterior que se colaba por las rendijas de una pared desconchada.
En aquellos días impartía clases de primaria. Enseñaba historia de Rusia y general. Su forma de hacer conocer las memorias de la patria y sus escabrosas relaciones con occidente. Desde los Paleólogo hasta Pedro el Grande, desde Iván el Terrible hasta Lenin, desde Catalina la Grande hasta el réprobo, el genocida Stalin.
En 1956 fue liberado. Antes de salir de aquella lúgubre estructura miró con cierta melancolía el salón donde impartía clases. Allí pudo ver el destartalado tablero hecho con láminas de madera sin cepillar, el escritorio balanceado sobre un pedazo de roca, el librero donde los textos eran acometidos por las polillas y el dedo índice de la humedad.
Partió a vivir en Vladímir y Ryazán, en el centro del país donde llevó una vida normal, hasta donde se lo podía permitir su salud y sus recursos. Impartió clases de matemáticas y en el tiempo libre escribió sobre las terribles experiencias en las ergástulas stalinistas.
La crítica de Solhenitsyn al régimen de Stalin sirvió de pivote al nuevo mandatario, Nikita Krushov quien denunció su barbarie durante el Vigésimo congreso del Partido Comunista. El poeta Alexander Tvardovski dio relevancia a la obra del ex presidiario en la revista bajo su conducción denominada Novy Mir (Nuevo Mundo) y pronto adquirió una creciente popularidad entre los jóvenes soviéticos.
Pero esto fue apenas un paréntesis de tranquilidad en la tormenta. La KGB le perseguía por todas partes y estaba pendiente de sus palabras, de sus declaraciones y hasta de sus ausencias. Sus escritos eran revisados con minuciosidad y sometidos a la censura, aunque por todas partes circulaban ediciones clandestinas, aunque muy rudimentarias.
Varias de sus obras fueron confiscadas y destinadas a los pabellones de obras herejes. Pero la vida y la verdad siempre se abren camino y las obras del escritor mantuvieron plena vigencia y llegaron a muchos lectores, para quienes las islas de hielo del destierro y los campos de trabajos forzados eran apenas un mito.
Para el año 1969 fue expulsado de la Unión de Escritores Soviéticos por haber denunciado la censura de la que había sido objeto por parte del gobierno. Su trabajo literario y su testimonio fue tan monumental y tan prodigioso en detalles que en 1970 fue premiado con el Premio Nóbel de Literatura.
Su obra más conocida ha sido El Archipiélago de GULAG. La primera parte de esta denuncia fue publicada en diciembre de 1973 en París, siempre acogedora, siempre receptiva de este tipo de escritores perseguidos y proscritos en sus países de origen.
Archipiélago de GULAG revisa en detalle, escrupulosamente el sistema de prisiones de la Unión Soviética. Así mismo, delata el terrorismo que se vive en aquellas mazmorras heladas de la tundra siberiana. También desmantela el secreto de la temida policía secreta o KGB.
Solhentsyn utiliza un estilo directo, simple, sencillo, no se mece por las ramas para expresar su encono contra la barbárica actitud del gobierno en contra de los disidentes. Las voces contrarias al régimen son acalladas con fuego, con hielo y con dolor, diría alguno de sus personajes.
Era un laberinto, una serie de pasadizos en que las tragedias aparecían en cada ángulo con una pavorosa risotada. El Estado era un feroz demonio que consumía a sus contrarios y les destinaba al silencio y a la nada. El Estado se enfrentaba al pueblo, como si fuera una especie de fuerza fenoménica sin conciencia, pero con voluntad inclaudicable de hacer perdurar sus intereses.
En 1975 viajó a los Estados Unidos donde publicó su novela Lenin en Zurich. Vivió en Vermonto con su esposa Natasha y sus tres hijos. Escribió ensayos y dedicó un tratado para hacer entender a los estadounidenses el error de su visión sobre Rusia.
Volvió a su país finalmente donde vivió en la tranquilidad de su dacha junto a sus familiares. Continuó escribiendo y su figura adquirió un tamaño legendario para todos quienes comparten su idea de libertad.
Alexander Solzhenitsyn murió el 3 de agosto. Su corazón estaba cansado y dejó de latir mientras descansaba en su residencia. A su lado estaban sus seres queridos, quienes conocieron de cerca su pesar y su dolor, pero también compartieron su esperanza y su fe.
“Al negarnos a aceptar un poder superior inmutable que nos supera, hemos colmado el vacío a golpe de imperativos personales y, súbitamente, nuestra vida se ha vuelto espeluznante”. ALEXANDER SOLZHENITSYN
Comentarios:
Hubo uno que llego a decir que los gulag se justificaban por gente como Solzhenitsin. Así es esta izquierda nuestra.
Abramos el libro, recientemente publicado en España, « el Vencedor del GULAG: Serafím, el Patriarca de Solovkí »
www.juangrial.com
Podrán dirigirse al heredero de los mártires del GULAG, Yohann Bereslavskiy, que desde hace 30 años testimonia acerca de la hazaña y las grandezas de los vencedores deconocidos del GULAG. Él es autor de siete libros sobre el GULAG , que abren el fenómeno dramático del siglo XX en todos sus aspectos.
Sus primeros dos libros « Serafím – el patriarca de Solovkí » y « El Segundo Golgota de Solovkí» fueron la causa de sus persecuciones . Fue obligado a partir de Rusia y en la actualidad vive fuera de sus fronteras.
Uno se pregunta: – Qué es el GULAG? Cuáles son las causas de su surgimiento,origen del sufrimiento de millones de personas? Cuál es el sentido espiritual de los acontecimientos que han ocurrido, del fenómeno del martirio? Qué podemos extraer de las lecciones del pasado? Qué es imp...
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Roderick Guzmán Meza


