Antonio Lobo Antunes
29.07.08 @ 20:33:54. Archivado en Cultura, Literatura
La obra del escritor portugués Antonio Lobo Antúnes está basada en la observación de un entorno, al parecer estructurado con orden, pero conformado en realidad por movimientos disociadores de un universo polifónico, desgarrado por la violencia, tanto interior como exterior, así como también la locura, la angustia y el vértigo de la redundancia.
La alienación y la histórica hostilidad entre los egos, entre los narcisismos pletóricos, sean estos familiares, nacionales o étnicos, apuntalan la narración, en ocasiones quebrada por bruscas apariciones de fantasmas y elementos de la memoria; los diálogos contienen cierto declive poético como luminosos chispazos entre las tinieblas de lo profano.
Las novelas son organismos vivientes que procesan las voces de sus personajes. Siempre se escuchan ecos desde la más sórdida fisura de la memoria, desde donde ascienden para atentar contra la apariencia de normalidad.
De pronto, una tormenta se inicia con la repetición de una delicada frase o apenas una palabra que se dice en medio de una avalancha. La memoria juega un papel primordial para Lobo Antunes, pero también para el lector, atrapado entre los ecos, la reverberación y los residuos de pensamientos y monólogos.
Las vivencias de los personajes oscilan entre la desazón y la locura, entre la lejanía emocional y la configuración de un monstruoso presente, erizado de melancolía por lo inalcanzable y lo perdido.
El lento y pesado avance de las palabras es como un torrente obstruido. Algo les retiene en su recorrido hacia el desarrollo de una historia hecha más de palabras que de argumentos, más de voces y de una polifonía entre el terciopelo y el azufre que canta una tragedia.
Los protagonistas de Lobo Antunes son clientes de psicoanalista. El hilo del pasado parece tenerlos atrapados, mientras el tiempo pasa incontenible.
Parte de una frase, de un pensamiento, para entretejer una colosal arquitectura de proporciones babilónicas en cuya cúspide resplandecen Portugal como la patria, sus personajes, su historia, como una red indisoluble donde se encuentran atrapados el tiempo y el espacio en un vertiginoso juego bidimensional de planos superpuestos.
Por otra parte, surge Angola y la guerra. El violento estruendo de los cañones, los soldados muertos o heridos, tumbados sobre sucios manchones de hierba, los nativos engatuzados por la palabra lusa convertidos en cómplices de una hecatombe.
Las novelas de Lobo Antunes asemejan monstruosos zigurats hacia cuya altura debe ascenderse con el escrupuloso cuidado de no tropezar con el raudo frenesí del verbo y sus accidentes que bullen en tropel por la superficie de sus páginas.
No es extraño que siendo psiquiatra, su creación literaria se sostenga con personajes marginales, atormentados espectros anclados a viejas crónicas personales, con criaturas enajenadas, caminando sobre un fino alambre ante la visión de un insondable precipicio.
De sus experiencias profesionales ha extraído ese caos delirante, pero también de su relación con el entorno político, militar y geográfico su imaginación ha rescatado sinuosos callejones de incertidumbre por donde transitar sin expectativas de ver la luz.
Escatológico, su fino olfato le guía hacia la intrincada maraña donde han quedado atrapados los ciudadanos del miedo y el miedo se expande, donde se yerguen los hitos fronterizos entre el estruendo y el silencio.
Los personajes de Lobo Antunes, a pesar de su furia, de su desordenada expresión vital, no son vulgares ni chapuceros. Cada uno surge en un momento de precisa necesidad. De sus palabras y sus frases, a veces reiteradas hasta el sacrilegio, hasta la náusea, se deducen sus insondables deseos y sus infranqueables urgencias. El alma atrapada por herrumbrosos eslabones de inquietud brota con la voz apenas audible en el silencioso erial de la lectura.
Angola surge con frecuencia en varias de sus creaciones, como un acto de confesión en toda su lujuriosa malevolencia. El invasor lusitano muestra su difuso rostro cuando la recuerda en Buenas Tardes a las Cosas Aquí Abajo y En el culo del mundo. El no olvida que fue invasor, que vivió la guerra y destinó algún porcentaje de sus energías creativas a ocasionar la muerte de famélicos guerreros sin sombra, apenas hombres en una tierra de palmeras y montañas, de selvas y diamantes, de misterio y superstición.
Africa es para la obra de Lobo Antunes la pesadilla recurrente, el oscuro pasadizo de confusión por donde ha debido transitar su espíritu para modelar su arte. No obstante, también se detiene ante situaciones menos escabrosas como lo son el barrio donde vivió durante su infancia, Benfica y Lisboa, la capital lusa, donde ha logrado cierta dosis de catarsis en el ejercicio de su profesión médica.
De este último no oculta que su trabajo ha tenido origen en la visión aterradora de un pie de niño bajo una sábana mortuoria, bajo un lienzo funerario. Una criatura muerta a causa de la leucemia inoculó su último hálito vital en la vena creativa del gran autor lusitano.
Enseguida el maremágnum y la abigarrada interrelación de una metrópoli y luego la atmósfera doméstica con la estridencia del desenfreno de núcleos conformados por la disolución y la evanescencia en una eclosión de tinieblas.
Novelas como Exhortación a los cocodrilos, Qué haré cuando todo arde, No entres tan deprisa en esa noche oscura y otras de singular grandiosidad, complementan el catálogo de Lobo Antúnes cuyo período de gestación literaria nos sorprende por su brevedad.
Lobo Antúnes no es autor fácil y no pretende serlo. El lector desprevenido pronto se verá inmerso en un intrincado laberinto de donde no podrá salir si no se acopla e impone una redoblada atención al texto que ante sus ojos dibuja hechos, cosas, personas, lugares con la meticulosa locuacidad de la crisis esquizoide y el paroxismo de un idioma entregado a la construcción de gigantescos rascacielos verbales.
Permanente candidato al Nobel de Literatura podemos casi predecir que en poco tiempo, el laurel coronará las sienes de este escritor enigmático y genial.
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Roderick Guzmán Meza


