Nkosi sikeleli Afrika -Tributo a Nelson Mandela
18.07.08 @ 15:03:32. Archivado en Cultura, Política, Biografías
Nació en la actual provincia de El Cabo Oriental, Sudáfrica, como Rolihlahla Dalibhunga Mandela, el 18 de julio de 1918. Hoy cumple noventa años de combativa existencia. Pertenece al clan madiba de la etnia xhosa y ha sido uno de los quince hijos del consejero principal de la casa real de Thimbu. Era nieto de un rey, pero su pensamiento es socialista y democrático. Hoy le dedicamos este humilde artículo a una de las figuras más relevantes del siglo veinte, Nelson Mandela.
Englobados en el anterior párrafo hemos destacado de forma sucinta el origen del hombre, las motivaciones de su espíritu, el alcance de su visión. Dentro de la cámara real se gestó su idea de libertad e igualdad, en el cuadrilátero, la rebelión sosegada. Este es Nelson Mandela que en este día cumple ochenta y nueve años.
Sus primeras letras las recibió en el Methodist Boarding School de Healdtown. Allí, durante el primer día de clases, ante la complejidad fonética de su nombre africano, el maestro decidió endilgarle el anglófono nombre de Nelson.
Perteneció al Consejo de Representantes Estudiantiles de su país. Sus actividades contra el racismo y la política del apartheid provocaron que fuera expulsado cuando cursaba el tercer año. Esto motivo que culminase sus estudios por correspondencia desde Johannesburgo. Posteriormente inició estudios de Derecho en la Universidad de Witwatersrand.
Contradijo algunas de las costumbre tribales que por aquel entonces era cosa común, una de ellas fue un matrimonio concertado por su protector. En Johannesburgo estableció relaciones con el activismo político al unirse en 1942 al Congreso Nacional Africano.
En el seno de esta organización que promovía el nacionalismo negro, hizo amistad con Walter Sisulu, quien le abrió las puertas para que pudiera ejercer profesionalmente su carrera de abogado.
Más adelante, en el marco de la Segunda Guerra Mundial, Mandela junto con Sisulu, Oliver Tambo y otros militantes trabajaron para la transformación del Congreso. A partir de allí sus iniciativas de protesta salieron de los recintos del parlamento para iniciar un movimiento de masas que exigía al gobierno racista de su país la modificación de las normas vigentes que sumergían en el ostracismo a los autóctonos de esta nación austral.
Consecuentes con sus postulados y ante la reciedumbre del gobierno discriminatorio, conforma un programa de acción que tenía en agenda llamados a la huelga, la desobediencia civil, la lucha no violenta como sustento de un plan de demandas sobre la igualdad de los ciudadanos de Sudáfrica, así como también una cámara legislativa representativa bajo el concepto de un hombre un voto.
También se pretendía la redistribución equitativa de la tierra y la eliminación de los impedimentos para la educación de los negros.
Un salto cuántico en el tiempo, por asuntos de espacio, nos llevan entonces a junio de marzo de 1962, cuando Mandela es arrestado y penalizado con cinco años de cárcel por sublevación e incitar a los ciudadanos a desobedecer las leyes, además de haber abandonado de manera ilegal el territorio sudafricano para viajar a Etiopía y Argelia donde recibiría entrenamiento militar.
Mandela terminó por desilusionarse de la lucha pacífica, sin resultados, sin cambios pero sí con muchos muertos y nuevos rigores legales para mantener bajo control del gobierno de la minoría blanca a la mayoría negra, ahogada en el terror, amenazada por los gendarmes en los barrios, en las aldeas, vapuleada ante cualquier movimiento que pusiera nerviosos a los policías y a las autoridades.
Es entonces cuando organiza en la clandestinidad el llamado brazo armado del Consejo Nacional Africano, conocido como Umkhonto we Sizwe (Escudo de la Nación). Tal vez este nuevo movimiento de Mandela favorece la extensión de su condena, ahora a perpetuidad, porque el gobierno le acusa de sabotaje y terrorismo.
Fue instalado en la prisión de máxima seguridad de Robben Island, ubicada en una pequeña isla a once kilómetros de la costa de Ciudad del Cabo.
Allí, Mandela se convirtió en el prisionero número 466/64, allí comienza a convertirse en el símbolo de la lucha negra por la libertad y la conciencia de la nación, secuestrada por una minoría blanca de origen europeo, sin raíces, sin antepasados, sin nexos culturales con la tierra africana, donde han llegado a someter, esclavizar, atropella y usurpar.
Su encierro no acalló su ímpetu, los barrotes de sus celdas, los altos muros, las bocas de los fusiles apuntándole no lograron socavar su resistencia, no impidieron la electrificación de su espíritu cuya única meta era la libertad de los pueblos de su nación, no a costa del sacrificio ni la venganza, sino de la igualdad y la representatividad.
A partir de allí comienza a erosionarse la base del gobierno déspota y discriminador. El concierto internacional vuelve la mirada hacia el vórtice del continente africano, donde la lucha por libertad de una nación comenzaba a encontrar adeptos.
Todo lo que hizo el gobierno de Pretoria para desprestigiar a Mandela, para presentarlo como un peligroso activista, como una modelo de los actuales terroristas, fracasó; el velo tendido sobre el individuo no fue suficiente. El viento de la verdad soplaba con intensidad y permitió vislumbrar una realidad oculta bajo los invisibles pliegos de la opresión.
Con la llegada al poder de Frederick De Klerk en agosto de 1989 se inaugura una época de reformas que terminó con el cierre del libro del apartheid. Mandela logra reunirse con el presidente para tratar el asunto de su libertad, que finalmente llegó el 11 de febrero del 1990, luego de 28 años encerrado en las ergástulas de la dictadura racista.
Luego el escenario del apartheid es desmontado. Los estamentos jurídicos, políticos e institucionales fueron desmantelados en medio de tensiones y en medio del peligro que representaba ahora, la lucha por su segmento de influencia de poder entre los xhosas y los zulúes.
Las elecciones fueron celebradas para escoger una Asamblea Nacional de corte abierto y multirracial entre el 26 y el 28 de abril de 1994. El Congreso Nacional Africano logró una aplastante victoria con el 62.6 por ciento de los votos, logró 252 puestos en la Asamblea. Mandela fue elevado a la Primera Magistratura del país. Numerosos líderes de todo el mundo asistieron su toma de posesión.
Nelson Mandela ha sido un símbolo en la lucha por la liberación de los pueblos africanos. Resistió el presidio, el aislamiento, los embates de la discordia interna de su partido y, sobre todo, la ruptura de sus relaciones afectivas al salir de las sombras del forzado aislamiento.
Cada minuto de su vida en prisión fue resarcido al ver ondear en su país la bandera de la igualdad. Un territorio con ingentes recursos naturales, con un elemento humano en afinidad con los logros obtenidos después de décadas de oprobiosa dictadura, es ahora un ejemplo de desarrollo y crecimiento. Quedan por restañar, como en todas partes después de la tormenta, las heridas y el dolor. Eso es responsabilidad de los sudafricanos negros y blancos.
Nkosi sikeleli Afrika
maluphakanyisu uphondo lwayo
yizwa imithadanzo yethu
nkosi sikelela
thina lusapho lwayo
Primera estrofa del himno de Sudáfrica
Comentarios:
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
Los comentarios para este post están cerrados.
Roderick Guzmán Meza


