El Palacio de los Sueños de Ismail Kadaré
10.06.08 @ 22:25:10. Archivado en Cultura, Literatura
¿Acaso puede existir una dictadura perfecta, un control absoluto de los pensamientos? Tal vez sí dentro de una órbita aún no descubierta del planeta de la intriga y la suspicacia. Es posible que la realidad no permita ciertas formas de censura o vigilancia en un sistema democrático, pero un terreno más propicio para escudriñar en las motivaciones de los ciudadanos se encuentra en su propio interior, en los abismos del subconsciente, donde se forman los sueños, donde el alma grita su verdad.
Atentos en la vigilia, se torna un tanto más complicado atenazar las voluntades, reprimir las contradicciones. Los gobiernos y el sistema han tenido que ceder y permitir a la democracia alumbrar voces disidentes y permitirles la crítica y el desacuerdo.
Por eso, el control debe ser aplicado en otros ámbitos, en otros sitios donde la colectividad se encuentre desprotegida y desarmada. El mundo de los sueños es la trastienda del pensamiento consciente y allí se configuran las manifestaciones del individuo político.
Hacia ese emplazamiento han de ser dirigidos los esfuerzos del Estado por controlar a las masas, por manejar sus movimientos e iniciativas. Es en los sueños donde el hombre puede convertirse en roca o en serpiente, la mujer puede levantarse como una pirámide o deslizarse como un riachuelo y cada uno de estos símbolos mostrar ciertas aristas de la naturaleza del soñador.
Esto es lo que plantea, al menos para el suscrito, el escritor albanés, Ismail Kadaré, en su novela El Palacio de los Sueños.
Todo lo que se oculta en la mente del ser humano yace en el inconsciente, se expresa a través de simbolismos oníricos y cada una de esas señales de supuesta carga fantástica, viene con un significado preciso que favorece o atenta contra la seguridad de un Estado totalitario como el que presenta Kadaré en esta obra situada en el mismo patrón de las visiones de Kafka.
Es aquí donde funciona a la perfección el organismo secreto del Estado, en el territorio de los sueños. Crea entonces una organización oficial, con una estructura, una dirección y un cuerpo colegiado que han de seguir e interpretar cada flujo de plasma onírico de la mente adormecida.
El Palacio de los Sueños de Kadaré es un inmenso laberinto donde son enviados por los ciudadanos todos los ensueños y las pesadillas, todas las quimeras y las irrealidades que aparecen tras el cortinaje de la mente consciente.
Cientos de agentes se dedican a investigar los sueños que a diario llegan desde los lugares más remotos del país. Desde las montañas, desde los corredores fronterizos, desde los centros urbanos, desde los palacios y desde las casuchas, llegan los sueños a las oficinas del siniestro palacio.
Decenas y decenas de puertas esconden la rutinaria movilización de los funcionarios. Tan pronto llegan a sus manos los sueños se activa el engranaje. Existen los seleccionadores, filtros e intérpretes de estas constelaciones de fantasía que promueven un estado paranoide en todos los relacionados con la rutina del también llamado Tabir Saray.
La atmósfera cargada de misterio y de miedo, los personajes siempre suspicaces, las cosas al parecer inofensivas, los animales, los lugares, las épocas, representan para los intérpretes una acción por cometer, un hecho en ciernes y los soñadores se convierten en sospechosos de conspiración o reafirman su adhesión al régimen.
Importante es aclarar que los remitentes no pueden mentir, no pueden ocultar sus motivaciones ni sus desidias. Cada palabra, cada frase, cada oración es analizada de forma minuciosa por los funcionarios del Palacio de los Sueños. En cada texto que reciben estos anónimos escrutadores se encuentra la verdadera intención de los expedidores de los pliegos donde son narrados los sueños en detalle.
No puede escaparse nadie de esta red que todo lo envuelve. Los informantes se encuentran en cada rincón del territorio, en cada villorrio, en cada campo, en cada huerto o taberna, en cada calle o ciudad. Ninguno puede escapar a este propósito de control.
Si por alguna razón algún ciudadano olvida, retrasa, manipula o deja de enviar sus sueños, los intérpretes han de encontrar la causa. Movilizarán agentes hasta el sitio más remoto para encontrar la razón de los movimientos inexactos. Basados en pormenorizados registros, inician las pesquisas para buscar la motivación del cambio en los envíos o de la naturaleza de los sueños.
Todo se encuentra bajo el más férreo dominio, a pesar de la aparente lasitud de los funcionarios, todo es examinado, observado y nadie puede escapar a estas indagaciones.
En cada sueño, sea mentira o verdad, se esconde una pista para el gobierno, un detalle que ha de sobresalir para evidenciar a quien le ha hecho surgir del abismo de su instintivo almacén de experiencias.En la verdad estará implícita la razón y en la causa por la que se ha mentido también ha de ser descubierta.
Los funcionarios del Palacio de los Sueños reciben diariamente en hojas escritas todos los sueños. Los clasifican, seleccionan, interpretan y de ser necesario, por su complejidad y notorias dificultades de exégesis, algtunos son enviados a instancias superiores. Aquellos que han mostrado su inocuidad son llevados a los archivos, pero sin descuidarlos por si se hace necesario establecer relación o analogías con otros que puedan llegar en el futuro.
Sueños hay que se conectan, que sirven de enlace entre la población, que dicen cosas y conspiran; otros hay que callan y se sumergen en la simulación. Estos son discretamente enviados a las altas esferas que han de comunicarles sus mensajes a los jerarcas, a los mandatarios del país.
La suma de todos los sueños se convierte entonces en la intención de los ciudadanos, aquello que se esconde en sus almas y que deriva de alguna relación o discrepancia con el gobierno del tirano. Es la sociedad que expresa su posición a favor o en contra del gobierno.
Dicen en el Palacio de los Sueños que Dios lanza su sueño premonitorio sobre la tierra, con el mismo desinterés con que arroja al vacío infinito una estrella o un planeta y allí deben estar los funcionarios del Tabir Saray para encontrar el mensaje y descifrarlo para beneficiar la iniciativa del mandatario.
El protagonista de esta saga, Mark Alem, pertenece a una de las familias más preclaras del país (que apenas podríamos intuir cuál es). Él intenta encontrar la verdad de la relación de su familia, los Qyprilli, quienes se encuentran ligados de forma indisoluble a la suerte del país. Si ellos caen, el Palacio ha de desmoronarse hasta convertirse en escombros.
La tecnología actual tiene mucho de onírico. La Internet presagia movimientos impensables. El universo de la red será controlado cada día más por fuerzas oscuras y tal vez hostiles. Allí se han plasmado los sueños (imaginación) de la mayoría de nosotros, en ese espacio inexistente, en esa nebulosa recorrida a velocidades vertiginosas por cada palabra, cada voz, cada frase.
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Roderick Guzmán Meza


