"La vida no es buena, ni noble, ni sagrada"... Federico García Lorca.
05.06.08 @ 19:59:09. Archivado en Literatura, Historia
Federico García Lorca nació en Fuente Vaqueros, provincia de Granada, España, un día como hoy 5 de junio pero de 1898, hace 110 años. Su vida fue apagada el 18 de agosto de 1936, durante la guerra civil española por las sabandijas del mal, por los gusanos de la tragedia.
Su voz es aún una eclosión de fluorescencias, un estallido de colores que recuerdan la sangre derramada sobre la arena, el escenario y la taberna, el hombre y la mujer entrelazados cerca de los arbustos del río, el cuchillo al vuelo, el rostro de luto de las mujeres y la herida abierta en el pecho.
Supremo poeta y excelso dramaturgo, con una sensibilidad exquisita para asimilar los efluvios de un entorno rústico, terrible y violento, a veces sutil y delicado como el terciopelo y la gasa al viento, pero siempre complejo y ceremonioso, siempre a medio camino entre el llanto y la muerte.
Perteneció a la generación del 27 y ha sido el poeta de mayor influencia y popularidad de la literatura en lengua española del siglo veinte. Fuego en su voz, dolor en su canto y tristeza en su acento, García Lorca batió sus alas de arcángel sobre el barrizal donde olisqueaban las alimañas que le mataron.
Como dramaturgo su obra alcanza niveles siderales, roza los luceros y atraviesa anillos de majestuosos resplandores. Desde una tarde taurina en que el hombre del traje de luces sucumbe al furor de la bestia, hasta el encuentro furtivo con la mujer casada, García Lorca abarca la monumental esencia del hombre y la mujer de su tiempo y de su tierra.
Bautizado como Federico Del Sagrado Corazón de Jesús García Lorca, fue hijo de la pareja formada por Federico García Rodríguez y Doña Vicenta Lorca.
Cuando era muy pequeño representaba oficios religiosos con la gracia del histrión, cual clérigo en ciernes, finalmente sacrificado al parnaso de las letras. El hábito nunca le fue calado, prefirió vivir y conocer las interioridades de una existencia ubérrima, terrestre y sensorial, donde se adivinaban los acechos de la dama ansiada de sus poemas: la muerte.
Su apariencia recuerda la herencia mora del sur de España. De candente rima desgranó tanto la furia como el silencio, la sangre vertida y el puñal escondido en el cinto presto a destajar el aire con su hoja de plata. La arena y el sol, el campo y la vid, el río y el árbol proporcionaron a Lorca insumos para delinear una de las obras poéticas más importantes en España desde el Siglo de Oro donde la parca se viste con prendas de torero o enaguas de encaje.
Su primer libro fue escrito en prosa y lo publicó en 1918. Impresiones y Paisajes fue financiado con los recursos de la familia. Curioso inicio para un profundo poeta, para un bardo de inmarcesible imaginación cuya musa era un hada o un fauno.
García Lorca cantó a la tauromaquia, al torero y a su enemigo. Mítico Teseo en traje de luces que flota sobre el arenal y el horrendo Minotauro que lanza espumarajos por el belfo. Dos polos opuestos frente a frente: el furor de la barbarie y la fuerza de la civilización. El monstruo que embiste a su libertador que a su vez le introduce un relámpago en el corazón.
Sobre su obra se ha dicho mucho y se conoce demasiado. Nos gustaría en este reducido espacio hablar únicamente sobre el individuo, el hombre con una sensibilidad capaz de percibir belleza en la violencia de un encuentro entre gamberros, entre sombras cargadas de malignidad y estulticia, en una ruidosa juerga entre hortelanos o en una entrega clandestina a la sombra de un árbol.
Sus palabras eran puñales o cápsulas de azúcar, zafiros y peñascos, lubricados engranajes que mueven la maquinaria de la carne y el estremecimiento del espíritu. Era una entrega de luces mientras el rocío desciende sobre azucenas adormecidas picoteadas por los escorpiones.
Quiso, tal vez, a una mujer morisca que puso en sus labios el dulce veneno del amor. El fuego de la piel oscura incendió su atalaya de hielo, le dejó exánime sobre un camastro de niebla, le arrancó la carne en jirones y las moléculas de su alma las consumió con el vapor de su deseo, mientras en sus ojos se dibujó una silueta delineada por relámpagos.
Era católico pero también comunista, anarquista, libertario, tradicionalista y monárquico. Irreverente y heterodoxo, aéreo y versátil, he ahí al Lorca inflamado de energías, sacudido por los vendavales de la rebeldía, ebrio de instinto, ávido de eternidad, pero igualmente marcado con el símbolo de los malditos, como bien ha dicho Francisco Umbral en su obra sobre el poeta.
Lorca era un utópico, un soñador. El hombre nacía libre y debía vivir en esa condición. Libertad para vivir y para morir, ver la luz y las sombras según nuestros propios designios, sin un dios tutelar de pie ante un atril de nubes desde donde señalara a los píos y a los réprobos. No le califiquemos de ateo, tan solo imaginemos su frustración por no tener la capacidad de conocer a esa divinidad edulcorada de los rancios señorones y las recatadas patricias.
Ya le seguía la muerte. Entre los espectadores en el teatro, entre los parroquianos que cantaban en la taberna, en la bulliciosa arteria citadina, en el huerto donde se lanzaban los cuervos con sus nocturnos alerones a picotear los melocotones y las uvas, en el recinto civil donde un guardia miraba de reojo a una jovenzuela coqueta. La muerte le seguía a todas partes. Con discreción rozaba sus manos al subir al tren, respiraba en su cuello o le daba una dirección.
España era para él una casa inmensa, sin paredes, sin techumbre. Bañada por el rudo sol del Mediterráneo, zarandeada por una historia de invasiones y conquistas. Era también España, los viñedos azotados por el sol y el viento, las corridas de toros, las avenidas suntuosas y los campos teñidos de ámbar y esmeralda.
Era el mar embravecido, los amores secretos, el camino entre dos cerros, el luto de las horas crepusculares y los campesinos inclinados sobre el surco con un puñado de simientes, los campanarios donde habitan las lechuzas, los palacios y los monasterios como arcones viejísimos donde los secretos han sido encerrados y las fuentes donde las doncellas cantan una melodía casamentera.
“Yo soy español integral y me sería imposible vivir fuera de mis límites geográficos; pero odio al que es español por ser español nada más, yo soy hermano de todos y execro al hombre que se sacrifica por una idea nacionalista, abstracta, por el sólo hecho de que ama a su patria con una venda en los ojos. El chino bueno está más cerca de mí que el español malo. Canto a España y la siento hasta la médula, pero antes que esto soy hombre del mundo y hermano de todos. Desde luego no creo en la frontera política”.
Una voz anónima le denuncia. Es acusado de comunista, de anarquista y de homosexual. Era el 16 de agosto de 1936, un día caluroso de verano. Se encontraba en casa del también poeta Luis Rosales, a quien las autoridades le prometieron ponerlo en libertad si no existía denuncia en su contra.
La trama estaba montada. García Lorca tenía ya un destino. Los primeros actores pisaron el escenario esa madrugada. Víctima de una conjura montada por caciques regionales, según dicen algunos investigadores, que mantenían disputas con el padre de Federico, fue apresado y lanzado a un granero en compañía de dos hombres. Después fue arrastrado por el estiércol y la hojarasca. Lágrimas ha de haber vertido el poeta, miedo tuvo, temores que comenzaron a roerle la carne para llegar al aposento donde el alma sufría.
Primero fueron las injurias, las burlas, los puñetazos y las patadas. Después, arrimado a una ladera desnuda, fue fusilado. Un madrigal de sangre le brotó del pecho y cayó con el rostro sobre la huella de una bota. Su cadáver arrojado a una fosa común, junto a otros individuos del pueblo.
En Federico García Lorca había un estremecimiento imperceptible ante el instinto de muerte. Eros y Tanatos se enfrentaban sobre un tinglado de luces y sombras en un encuentro que no pudo postergarse por mucho tiempo. Las balas hicieron el resto. Entonces, la muerte se puso de rodillas y besó sus labios ya fríos.
"La vida no es buena, ni noble, ni sagrada…” FEDERICO GARCÍA LORCA.
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Federico.....Federico.........
de que color sus tus amaneceres?
de que pasta esta hecha tu sangre.....?
por que dejastes esa huella.....noble...
en los corazones..... de quien te ama.?
Fuistes, eres y seras.....
ambrosías de mentes brillantes.....
abres puertas a emociones......
eres nardo tronchado.....
en los jardines de la Alhambra.
Abajo tiene una dirección sobre el mismo asunto.
Un placer.
Atentamente:
José Luis Palomera
http://blogs.periodistadigital.com/incorruptos.php?cat=4057
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Roderick Guzmán Meza




