Capuchas, Cruces de Fuego, Racismo y Misoginia.
13.05.08 @ 22:06:41. Archivado en Política, Ficción
A pesar de los cambios, el espíritu racista en determinados lugares de los Estados Unidos no ha dejado de ejercer su nefasta influencia. Alguien nos ha dicho que dentro de las tradicionales casas de la localidad de Matinsville, en Estados Unidos en los armarios de las habitaciones, cuelgan todavía los blancos ropones del Ku Klux Klan.
En la década del sesenta del pasado siglo, los extremistas de la capucha y la túnica con la cruz grabada, fueron los protagonistas de una historia de terror, cargando cruces de fuego, entonando letanías e hipnóticos salmos.
La última manifestación de estos puristas étnicos fue en esa época, cuando profanaban las ideas de igualdad y democracia preconizadas por los prohombres de la nación más poderosa del mundo.
Uno de los guías turísticos señala con el dedo índice derecho la casa donde residía el líder de la nefasta cofradía. “Allí vivía, en esa casa de ladrillos frente al edificio del ayuntamiento”, repetía por enésima vez el empleado de la agencia de turismo.
Pero los cambios no han sido radicales, apenas un toque de polvo y algún roce del rimel en las pestañas de los rostros agobiados por la sujeción de su furia. En los restaurantes, bares, cines, cafeterías, iglesias y hasta autobuses, continúan escenificándose escenas de rechazo y de discriminación, eso sí, edulcoradas con unas maneras menos extremistas.
Esta es una comunidad rural, donde los personajes más preclaros podrían ser el comisario de la policía, el pastor y el alcalde, tal vez exista un lugar dentro de podio de la preponderancia para algún vecino destacado en actividades no suscritas como tradicionales.
Cuarenta años no han sido suficientes para erradicar el mal del racismo de este pueblo que viene a ser una copia al carbón de los que se han instalado en la periferia. Nadie se estremece cuando un comentario racista aflora en una charla. Es por eso que Barack Obama tendrá una jornada no muy encomiástica cuando deba enfrentar a Hillary Clinton en este rosario de comunidades rurales.
Joseph B. O´Donell y su esposa afirman que Obama no les inspira confianza porque, según ellos, buscará favorecer, no solo a sus hermanos de raza, sino también de credo, porque es un musulmán escondido tras el traje de calle y la actitud occidentalizada, agregaron.
Por su parte, James Wilson, hace eco de las palabras de los O´Donell y las matiza con el recuerdo de una mujer negra que en 1968 intentó ganarse la vida vendiendo enciclopedias en esta localidad y fue encontrada una tarde con un destornillador clavado en el pecho.
Tuvieron que transcurrir 34 años para que este homicidio pudiera ser resuelto. Toda la conjura de silencio se rompió finalmente en el 2002, cuando una mujer, ya abatida por el peso del secreto, confesó que su padre y otro sujeto, cierta tarde golpearon a la mujer cuando la atraparon cerca de un parque, la subieron a un vehículo que aguardaba con otro hombre dentro.
Así es Martinville, el aparentemente idílico pueblo donde nadie espera que se deposite un solo voto en las urnas a favor de Obama. Sin embargo, cuando los periodistas de la ciudad y de las grandes cadenas realizan encuestas entre sus habitantes, ninguno lanza anatemas contra los negros, aunque si deslizan la posibilidad, muy tangible, de que al afroamericano no le salgan muy bien las cosas en esta comunidad.
Tanto ha de ser el cuidado, no solo durante estas primarias por la candidatura presidencial demócrata, sino también en la vida cotidiana porque en esta aldea al pie de un colosal macizo montañoso, viven once negros y 11 mil 536 blancos, lo que no es precisamente una muestra de nivelación étnica.
A pesar de las proyecciones, los moradores de Martinsville no han mostrado nunca demasiado interés por los eventos políticos. Ha habido épocas en las que sus moradores se han quedado en casa durante la celebración de los eventos electorales.
No obstante, Hillary Clinton deberá conformarse con los elementos demócratas que puedan existir en este lugar porque la mayoría admite abiertamente sus inclinaciones republicanas, llevadas a un punto de peligroso fanatismo.
La ex primera dama cargaría sobre sí otro fardo de pesada carga ya que en Martinville y en otros pueblos y condados de la región, a pocos se les ocurriría darle su voto a una mujer. El machismo cuelga del árbol del racismo como un maléfico injerto.
“Ni negros ni mujeres, dijo Paul Lord, creemos que lo que representa John McCain está más acorde con nuestra forma de ver la vida y de considerar nuestra relación con el país, añadió.
Lamentablemente y a pesar de los avances sociales y humanos que puedan haberse dado en los Estados Unidos, todavía los electores no parecen estar preparados para poner en tela de duda la supuesta supremacía de la raza blanca aureolada con el protestantismo religioso y la herencia anglosajona.
Esta población se las arregla para salir indemne de los cuestionamientos y presiones de la prensa. Cuando alguien inquiere si la raza influye en la decisión de los electores, ellos dicen que no, pero nadie puede creerles. Esta es una comunidad blanca y ninguno de sus derechos piensa compartirlos con los pocos negros que, en sus opiniones, manchan el paisaje de brillantes colores con sus pieles como sombras.
En su defensa, la gente de Martinville, alegan que los racistas son los propios negros que se segregan, marginan y evocan constantemente un pasado desagradable pero que ya quedó atrás, ha dicho un comerciante.
Si Obama logra salvar obstáculos como este en su carrera hacia el Salón Oval, deberá enfrentarse todavía a extremistas más radicales insertados en el Partido Republicano.
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Roderick Guzmán Meza






