Brevísima aproximación a Roberto Bolaño.
24.04.08 @ 22:12:55. Archivado en Cultura, Literatura
Roberto Bolaño siempre se consideró un poeta. Muchos autores que han dedicado sus energía a la prosa, se han visto a si mismos como aedos, como rapsodas que cantan con su voz más secular, las hazañas de la existencia, las más proclives al olvido y a la oscuridad.
Nacido en Chile en 1953, siempre fue un hombre que cambiaba de escenario. El mundo era un vasto campo de acción, pero en ocasiones, limitado por torpes fronteras u obstáculos irracionales.
Cuando apenas comenzaba su adolescencia y apenas se conformaba la estructura física que no le sería muy fiel al indomable espíritu que le habitaba, Bolaño se encuentra en México.
Por esos tiempos siente la pasión que acompaña a muchos escritores durante sus primeros años de formación, el periodismo. Labora en diferentes medios en la capital mexicana. Tuvo afinidad con grupos trotskistas hasta que regresó a su país para ser testigo del golpe militar que depuso al presidente Salvador Allende, aquel aciago once de septiembre de 1973.
Puso sus fuerzas a la disposición de organizaciones de resistencia, conspiró contra el régimen, escribió panfletos, tapizó muros y paredes con cartelones adversos al gobierno de Pinochet. Fue perseguido, aislado y finalmente encarcelado.
Su amistad debió ser leal y recíproca fue la actitud de algunos detectives, amigos de la primera juventud, quienes le reconocieron y le rescataron de las mazmorras de la terrible dictadura. Ocho días estuvo en la cárcel antes de ver de nuevo la luz.
Entonces debió marcharse de Chile. Se fue a El Salvador, donde se hizo amigo del poeta Roque Dalton. La afinidad entre ellos se consolidó en poco tiempo y sus intercambios de experiencias fortalecieron esos lazos amicales que serían destruidos por los asesinos del vate centroamericano.
Después de perder a su amigo, viaja a España donde debió ganarse la vida en humildes oficios. El gran escritor también usó sus manos para lavar platos, para servir las mesas, portar armas como guardia de seguridad, para botar basura, descargar barcos y recolectar uvas.
En los ochenta, Bolaño pudo evidenciar su talento literario al ganarse varios concursos. Logró desarrollar un intenso y arrollador trabajo que pronto le proporcionaría reconocimiento internacional.
En 1999, Los Detectives Salvajes logran los premios Herralde y el Rómulo Gallegos. Este libro de relatos ofrece una imagen seductora del escritor en pleno dominio de su oficio, capaz de eslabonar situaciones, aparentemente imprecisas y discordes, en la búsqueda de un inesperado punto de conjunción, donde todas las situaciones desembocarán hacia la luminosidad o la oscuridad.
Al llegar el 2003, Roberto Bolaño sintió un viento frío rozarle el rostro. Del otro lado de la calle por donde transitaba, una sombra desapareció en una esquina. Dejó un rastro de oscuridad que el escritor intentó ignorar, pero ya la sustancia deletérea había sido inoculada en su humanidad.
Ese raudo y efímero transeúnte que dobló la esquina y desapareció entre la multitud era la muerte.
Fue algo inesperado. Bolaño era fumador y disfrutaba de un buen vino o de una caña en compañía de sus amigos, en medio de la tertulia, desgranando ideas, imaginando el mundo desde una óptica distinta a la que pocos tenían acceso.
Poco a poco comenzó la declinación de la fuerza, la energía se desvanecía con la exhalación de su aliento. En sus ojos se fue apagando el enigma y la inteligencia se quedó para la reflexión silenciosa en sus aposentos, mientras la llama se extinguía.
Había alcanzado un sitial de preponderancia en las letras hispanas de la segunda mitad del siglo veinte. Después de aquel boom garcíamarquezco, de Borges, de Cortazar, de Carpentier, de Sábato y los demás, América Latina fincaba esperanzas en un nuevo artista de las letras, pero a él se le ocurrió irse antes de tiempo, cuando su obra comenzaba a madurar con la luz de su imaginación.
Sus colegas expresaron su rabia, su dolor al perder a este nuevo guía, a este adalid o referencia cronológica, a el antes y el después. Bolaño se dejó ir acometido por una insuficiencia hepática. Instalada en este órgano, la muerte le hizo trizas en poco tiempo.
Se ha pensado que Bolaño era una suerte de integración de todos los autores latinoamericanos que le precedieron. El numen que había animado la inteligencia y dedicación de aquellos señores de las letras, había decidido estar un tiempo de visita en el mundo y para ello hizo aparición en el cuerpo de Bolaño.
Pero el espíritu es aire, es traslucidez y no puede contenerse en ningún cuadriculado, en ninguna oquedad o declive. Dejó el cuerpo de Bolaño una noche, mientras el chileno más universal después de Neruda y Mistral, llamaba al señor Pain.
"La certeza de una muerte esbelta y temprana."… ROBERTO BOLAÑO.
Dirección para hacer trackback a este post:
http://blogs.periodistadigital.com/btbf/trackback.php/161577
Comparte esta información
Comentarios, Trackbacks, Pingbacks:
Aún no hay Comentarios/Trackbacks/Pingbacks para este post...
Se muestran únicamente los últimos 40 comentarios de cada post.
Roderick Guzmán Meza








