¿Están ahí afuera los Extraterrestres?
18.04.08 @ 21:29:22. Archivado en Ficción, Ciencia, Medicina, Tecnología
El sueño, la fantasía de descubrir o establecer contacto con seres de otros planetas, se encuentra muy distante, según el profesor inglés, Andrew Watson, quien ve con pesimismo la posibilidad de que la vida, tal como la concebimos y conocemos, haya podido manifestarse en algún cuadrante del vecindario estelar al cual pertenecemos.
Para el experto en astrobiología el contacto con criaturas extraterrestres, antes de que la raza humana culmine su ciclo evolutivo y desaparezca de la faz de la Tierra, podría mantenerse en el ámbito de la literatura y las películas de ficción. Nunca habría de darse.
Seres complejos con inteligencia evolucionada, con conciencia de si mismos y de su entorno, capaces de pensamientos abstractos, especulaciones y de elaborar conceptos, serán muy difíciles de encontrar en el vecindario cósmico, mucho más ha de ser hallarlos en la vereda de una barriada sideral distante de otra galaxia.
Desde la óptica del científico británico una forma de vida primitiva tarda demasiado tiempo para evolucionar hasta el nivel que hoy tenemos los seres humanos.
Ego de por medio, ruidosa demostración de vanidad, los humanos nos hemos creído siempre el centro de la creación. A pesar de los descubrimientos que contrarían esta percepción, no hemos podido encontrar a nadie similar a esta raza de cansados primates, ni hemos dejado de creernos las criaturas especiales para las cuales ha sido levantado el edificio de la creación.
La humanidad apenas lleva sobre este planeta unos 200 mil años. Si dejamos a un lado la ficción religiosa y tomamos como factible el hecho de que provenimos de una pequeña horda de simios arborícolas que se mecían en lo alto de los frondosos ramajes de algún manchón selvático en el continente africano.
Antes de ese momento, nuestros supuestos antepasados eran pequeñas y huidizas musarañas, se alimentaban de bayas e insectos y copulaban frenéticamente. Muchas han sido las teorías para explicar la razón por la cual estas nerviosas criaturas descendieron a las llanuras desde su idílico paraíso en las alturas.
Este salto en la evolución se dio de manera repentina. Una bifurcación del sendero terminó en las planicies africanas, donde cierta misteriosa criatura empezó a utilizar las manos para fabricar herramientas y se lanzaba a la caza de sus alimentos.
Retroceder para avanzar, dice el viejo adagio. Desde este emplazamiento nos podemos preguntar si un cambio en la estrategia de transformación de la materia, como la que nos ha permitido a nosotros los humanos reflexionar sobre los orígenes de la vida y del universo, ha sentado las bases para que en otros mundos se haya desarrollado, de igual forma, un despliegue de sustancia pensante.
Según Watson, el período habitable de un planeta como la Tierra ha sido estimado en 5 mil millones de años y esta friolera temporal no permitiría la evolución de vida compleja, tal como la conocemos.
Siendo un poco más explícitos, para que el planeta alojara vida como la humana, fue preciso que antes la atmósfera estuviera cargada de metano y gases tóxicos que ascendieran en inestables rizos sobre la faz carcomida de la tierra, que chorros de agua hirviente se levantaran como columnas desnudas desde el lecho marino, para lanzar a la superficie moléculas que al combinarse con oxígeno, hidrogeno y otros elementos, formarían la primera generación de bacterias.
Todo esto para llegar hasta esta infinita horda de bípedos malévolos, egoístas y perversos que en ocasiones podemos ser.
Pero aunque todo esto hubiese sido obra del azar, no tendría mucho sentido la presencia de los portentosos enjambres de estrellas y galaxias, los refulgentes racimos de bólidos de gas y hielo que surcan el firmamento o las espectaculares espirales galácticas de la cual formamos parte como un microscópico punto en el borde de uno de los brazos exteriores.
Por otra parte, si termináramos por reconocer la intervención de un colosal Diseñador, de un desconocido y magistral Ingeniero, cuyo elemento de trabajo más eficiente sería el orden, desde un inimaginable caos, tampoco estaríamos en condiciones de comprender la razón por la que cada una de las joyas que adornan el lienzo de la eternidad estuvieran vacías, tan solo como un ornamento sin observador.
Llegados a este punto, dejemos volar la imaginación. La especie humana pudo haber sido la consecuencia de alguna manipulación genética, de un sesgo en la espiral de ADN. Las mentes que imaginaron este portentoso acto, no estuvieron en capacidad de predecir el alcance de su iniciativa. Es posible que aquella hipotética raza de transformadores ya se haya extinguido y nosotros seamos el rastro de aquella olvidada epopeya.El subconsciente está poblado de fantasmagorías con ella relacionadas.
Tal vez la idea de un dios todopoderoso haya tomado forma a partir del recuerdo de una imagen, de la nostalgia de un protopadre prehistórico que alguna vez, en un pasado sin explicación, descendió del cielo rodeado de gloria y esplendor. ¿Acaso cuando se eleva una plegaria y la mirada se dirige a lo alto es porque nuestro inconsciente preserva la idea de una llegada desde más allá de las luminarias de la noche, recuerda un descenso de la divinidad proveniente de una patria de nubes y luceros?
Ahora, el ser humano se enfrenta a la devastación del planeta. Cada año se destruye una incontable cantidad de hectáreas de bosques y manglares, se contaminan lagos, ríos y mares, se perfora la capa de ozono como consecuencia de la emanación de gases y sustancias corrosivas, lo que provoca a su vez, el atroz efecto invernadero.
¿Llegara el momento del éxodo humano hacia otros mundos? ¿Habremos de repetir aquel épico viaje de atávicos seres que alguna vez posaron sus plantas sobre este planeta y modificaron los códigos genéticos de unos espantajos piojosos que aullaban en los bosques y que a la sazón son nuestros antepasados más conspicuos? Para Watson, los seres humanos somos una verdadera rareza en el universo.
Desde esta perspectiva terminaríamos con el cuello envarado por escudriñar el cielo en busca de lo ignoto, pero olvidamos que si la vida se abrió paso hasta este sitial desde hirvientes y sulfurosas oquedades, cuando nada hubiera hecho sospechar que de este infernal caldo surgirían los rudimentos de la existencia orgánica, podría repetir tan maravillosa hazaña en otros planetas.
El científico alega que antes de encontrar un lugar donde organismos sofisticados puedan encontrarse con las condiciones óptimas para desarrollarse hasta estados superiores, deberemos descubrir decenas de miles de planetas, con un contexto similar al de la Tierra.
Sospechamos que ni la naturaleza, ni el azar, ni los movimientos aleatorios de la sustancia cósmica, ni los estallidos de las novas, ni los arrebatos de los átomos, ni la oscura materia, ni los agujeros negros con su voraz apetito galáctico, canalizarían energía al establecimiento del vacío absoluto, sin antes haber poblado de infinidades formas de vida este insólito universo.
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¿Existen mundos paralelos? Tal vez esa media naranja que tan afanosamente buscamos y muchos no logran encontrar, esa alma gemela de la que tanto se habla en la era acuariana, se encuentre a la vuelta de la esquina de años luz de nosotros y encontrarnos con ella sólo es cuestión de poseer un vehículo más rápido que la luz...
Ya que los científicos, al parecer, cierran posibilidades, abrámoslas con la imaginación. Miles, millares, infinitas hipótesis podrían plantearse al respecto.
Tal vez nuestro nacimiento fue debido a un error..., alguien intentó "fabricar" algo diferente, un monstruo de Frankenstein y, cuando se vino a dar cuenta había creado la raza humana..., somos quizás la involución resultante de alguna especie superior que ha seguido su curso, con una forma de vida mucho más evolucionada que la nuestra y que nuestra rudimentaria ciencia no es capaz de discernir...
Tal vez hayamos de tener en cuenta que la distancia interplanetaria se mide en años-luz ¿cómo es posible estudiar las partículas, las moléculas, la materia existente más allá de nuestras fronteras terrenales si cuando llegan a nuestras manos deben de haber sufrido todo un proceso degenerativo?...
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Roderick Guzmán Meza








