¿Solución eclesial para casos de abusos sexuales dentro de la Iglesia?
17.04.08 @ 21:44:34. Archivado en Cultura
Durante su visita a los Estados Unidos, el Papa Benedicto XVI ha criticado a “duramente” a los obispos de ese país, por haber manejado de muy mala manera los escándalos de abuso sexual de menores a manos de sacerdotes.
La iglesia católica ha salido con manchas y desconchaduras de este corral. Detrás de las sotanas no se encuentra un hombre etéreo, de magnitudes cósmicas ni de espíritu refulgente. Está solo un sujeto acosado por los alaridos de la carne, por el escozor de la libido encadenada a preceptos tan desfasados como rigurosos.
El Papa Ratzinger dijo ante la alta jerarquía eclesiástica que el asunto de los abusos ha sido manejado de forma pésima. Más que una posición contundente ante estos delitos, la iglesia católica estadounidense optó por realizar traslados de las unidades contaminadas por la depravación para adormecer el escándalo, para después enfrentar desembolsos de hasta dos mil millones de dólares a los afectados o a sus familiares.
Ante su clerical auditorio el pontífice dijo que debieron denunciarlos a la policía o expulsarlos del seno de la congregación. Los religiosos que cometieron estos actos contra la moral, tan solo han sido enviados a otras diócesis para proteger el honor de la iglesia.
Pero no quiso comprometer a la iglesia bajo su responsabilidad y enfiló sus dardos contra la moral estadounidense, a la sazón una sociedad comprometida con los credos protestantes derivados de luteranismos. Graciosa reacción cuando son los sacerdotes los embarrados en lodo hasta la nariz.
Según el vicario de Cristo, la culpa de que estos turbios pasajes se hayan desarrollado debe recaer en los valores de Estados Unidos. No dejan de ser sospechosas estas afirmaciones del prelado, insistimos, porque es el catolicismo el que se encuentra bajo la mirada escrutadora de todos.
Si deploró que no se le haya dado un trato policial a los transgresores, él por su parte, tampoco ha recomendado, al menos no en público, expulsión o encarcelamiento. Ha solicitado a cambio enfrentar el problema en el contexto eclesial, casi justificándolos al afirmar que estos vicios también ocurren en cada sector de la sociedad.
¿Acaso el quebrantamiento de la fe, de la confianza de los abusados puede ser devuelto con buena voluntad? El mal ha sido consumado, la turbulencia de los espíritus acribillados por la lascivia no ha de sosegarse al “acercarse con afectuosa preocupación a cuántos han sido tan seriamente dañados”.
Hizo un llamado el Papa a desarrollar en los niños una sana comprensión de la sexualidad para que ocupen su justo papel en las relaciones humanas. La apelación a un acto de redención por parte de la casta sacerdotal, no ha de resultar tan accesible porque los traumas derivados de los abusos no podrán ser superados por la presencia de otro sacerdote o por un cambio de discurso de la institución.
Estamos ante la presencia de una disonancia espiritual. No es precisamente de un sacerdote de quien se hubiera esperado un asalto a la dignidad y la confianza de los jóvenes, tan agredidos ya por el mundo, por lo secular, por los peligros del consumismo narcisista, por la violencia, las drogas, el pandillerismo y otros vicios.
Si el mundo es un lugar amenazante, la iglesia ha sido precisamente un refugio o una barrera defensiva contra las insolencias de la sociedad. No habrán de variar las inclinaciones de los sátiros vestidos de monjes, con un discurso o unas palabras que podrán reconfortar a los políticos y la parte de la sociedad que no ha sido vulnerada.
También, Benedicto pidió a los jóvenes y adultos, de dentro y fuera de la iglesia a buscar una sólida formación moral. Pero, ¿no es acaso del interior mismo de la iglesia de donde han surgido estas excrecencias?
Rimbombantes palabras para torcer la percepción de un problema de proporciones inimaginables, para esconder tras un manto de buena voluntad lo que requiere de un verdadero saneamiento de los recovecos de la iglesia. La voz de Ratzinger surge por los altoparlantes para empañar el cristal desde donde se observa el panorama de desolación que llega se inicia en el mismo portón de los templos. Aquellos jóvenes abusados, nunca volverán a ver a la iglesia ni a sus representantes como faros en la oscuridad.
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Me da la impresión que para algunos cualquier gesto de la iglesia católica es criticable por el simple hecho de donde proviene.
En cuanto a lo de que hipócritamente haya culpado al ambiente de la sociedad estadounidense no he sido capaz de encontrar esas palabras del Papa, pero mucho me temo que han sido sacadas de contexto y lo que haya podido ser una simple referencia a los peligros del ambiente, se haya convertido en una acusación.
No entiendo por qué razón mirar un acto de desagravio, un acto cuya iniciativa ha sido del actual jefe de la iglesia católica con la intención de reparar o resarcir en alguna medida un mal hecho por sacerdotes de la Iglesia en momentos anteriores a su legislatura, por un lado, ofreciendo su apoyo y consuelo a las víctimas y por el otro, proponiendo la erradicación de este mal en el seno de la Iglesia, como un acto de hipocresía.
Se trata de delitos o actos contra la moral cometidos por sacerdotes desde hace más de cinco décadas y él ahora se siente responsable y viene a tratar de subsanarlos en nombre de toda la Iglesia. Tal vez poco ayude con su gesto o tal vez mucho, pero ese poco o mucho es algo, mientras que si hubiera hecho oídos sordos o hubiera cerrado sus ojos a ese asunto, lo más probable...
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Roderick Guzmán Meza








