Nabokov y la Pedofilia
16.04.08 @ 21:28:42. Archivado en Cultura, Literatura
Vladimir Nabokov nació San Petersburgo, Rusia el 23 de abril de 1899. Se convirtió en ciudadano de los Estados Unidos y llevó a cabo una obra literaria considerada como una de las mayores demostraciones del arte de escribir del siglo veinte.
Pertenecía a la aristocracia rusa, pero debió escapar de la revolución bolchevique. Mientras el imperio de los zares se desmoronaba convertido en escombros y se levantaba la catedral de la hoz y el martillo, Nabokov se solaza en plácidas caminatas, sin miedo a perderse en una atroz y eterna bifurcación de pabellones burocráticos. De haber sido alcanzado por los implacables rebeldes hubiésemos sido privados de una visión del mundo muy próxima a lo trágico y lo desventurado, pero también a un nivel de sutileza y lírica pocas veces alcanzada.
Saltó a la fama al escribir su novela sobre los intrincados mecanismos del ajedrez, La Defensa de Luzin. Otras aportaciones trascendentes del autor fueron Desesperación e Invitado a una Decapitación.
Su primera novela en inglés fue Barra Siniestra, publicada en 1947. Pero su fama todavía no trascendía barreras, aún no había logrado ceñirse los laureles de la gloria hasta que en 1955 apareció su clásica Lolita.
Esta novela es intensa y relata la obsesiva relación de un hombre maduro con una precoz adolescente. Nos conduce por un laberinto de emociones, en ocasiones difusas, en otras complejas como un laberinto y en algunas ocasiones atormentada.
El hombre que percibe ya los declives de la vejez en su cuerpo, incapaz de superar la maléfica atracción de la adolescente, se somete a ser manejado como una marioneta, sucumbe a las veleidades de la chica y no deja de mantener una fijación sobre su imagen, apenas madura para enfrentar las pulsiones biológicas.
El hombre ha sido fascinado por la juventud, por la suave expresión y la belleza sutil de un rostro sin sombras. Lolita es un absorbente de tiempo y energía. La noche con ella se convierte en una suerte de amenaza de no volver a ver la luz, de derrochar el último movimiento de una molécula en pos de la fantasía de vivir, cuando ya todos los cartuchos han sido quemados.
Los sentimientos entre los protagonistas de este drama se deslizan con una especie de malevolencia desconocida. La fuerza de la atracción podría llevar al colapso a las leyes de la inercia. Desde el caos más abrumador, desde el desorden más impactante, el orden se asoma pero rompe su relación con el universo aplastado por el deseo y la fijación.
Humbert Humbert imagina que controla este escenario, pero su idea se encuentra obnubilada por la necesidad de poseer valores que hace tiempo ha visto pasar. Busca la satisfacción en el objeto de su deseo, pero su razón comienza a volverse humo.
Atraer la atención de Lolita produce en Humbert una visión revertida. No logra darse cuenta de que es objeto de manipulación, de que en vez de conquistar ha sido conquistado. Su enseña flota en el ámbito de la posesión, pero no refleja su imagen.
Esta metáfora de seducción y dominación nos impulsa por los caminos oscuros del deseo. La sociedad se estremece ante cierto tipo de conductas, antes algunas poses herejes de sus integrantes y Humbert se solaza en la sonrisa de Lolita como si rindiera un culto al sol, como si los elementos se hubiesen conjugados en uno solo ante el cual caer de hinojos vencido ya por la resignación.
Utiliza una máscara. Detrás de ella, Humbert, ha logrado esconder al fauno que había sido atado por una cadena temporal que le ata a ninfas cuyo beso es venenoso, cuya mirada petrifica y cuyas caricias corroen.
Ha sido un hombre íntegro que encuentra en su posición de burgués todas sus cuentas saldadas. Nada le debe a la vida, la vida tampoco le ha sido mezquina, pero al conocer a Lolita, los engranajes que conducían la maquinaria hacia un destino de consumación, se trancan, sometidos al óxido de la lascivia que había sido consagrada a otra función vital.
Lolita funde los circuitos de Humbert. Desde lo más profundo de su espíritu, allá donde se ha adormecido el instinto, donde las armas se encuentran depuestas deformadas por la herrumbre, surge entonces una fuerza, leve al principio, pero avasalladora en su avance hacia la superficie.
El pobre hombre se comienza a deshacer en tanto Lolita se transforma en una colosal fantasmagoría, en proverbial espectro que todo lo consume. Es una esfinge fatal cuya mirada mata como la del basilisco. Las fogatas comienzan a apagarse, el frío se expande e impide el flujo de energía de un pensamiento contaminado por la pasión.
Para los lectores de esta joven generación, Lolita podría ser nada más que la historia de un viejo desubicado, de un pedófilo, de un abusador; pero hay elementos mucho más complejos, fichas escondidas en grietas muy profundas, hasta donde la luz no llega con facilidad.
Antes, la moral no se había abalanzado con tanta ferocidad sobre este tipo de transgresores. Alguien torcerá el gesto al imaginarse la tersa y fresca piel de Lolita, manoseada por la rústica mano llena de arrugas del casi viejo Humbert; sin embargo, la carga de angustia existencia que conlleva su lectura, sobrecogería al ánimo más vertical, tan pronto se avizoren las falencias de un aparato psicológico ya manoseado por la vida, cincelado por las manos del tiempo.
Un contubernio maligno entre la juventud y la madurez que es reprendido por la colectividad que no imagina más nada que el abuso del que se considera seductor. El hombre que lanza sus redes al océano de la imprudencia y de la desatención y en lugar de capturar una presa, al asomarse ante los esplendores de lo que imagina una pieza de exhibición, cae en la reticulada tela y es arrastrado hacia el abismo, mientras la sirena canta sobre su roca mojada por la espuma y acariciada por el sol.
Comentarios:
Lolita es la historia del cazador cazado, pero también es mucho más. ¿Pederastia? Como bien dice Roderick, tal vez para los lectores neófitos, en efecto, Humbert sólo sea un asqueroso pedófilo. Pero hemos de reconocer en Humbert a la víctima de su propia depravación (¿o chochez?). Lolita tiene la excusa de su corta edad, de su inexperiencia, de ¿su ingenuidad?, a pesar de que ya ha sido iniciada en los placeres carnales, (hoy día a todas luces sería defendida de las garras de ese viejo verde), pero no cabe duda de que es ella la que seduce, la que fagocita y la que atormenta al pobre Humbert que cae en sus redes "enamorado".
Creo que este tema daría para mucho más, puede ser verdaderamente controvertido y sería interesante la afluencia de comentarios. Pero es de agradecer a Roderick su particular enfoque sobre la no...
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Roderick Guzmán Meza


